• Alejandro Deustua

La Especulación y el Precio Petrolero

Hace una década los precios del petróleo bordeaban US$ 10 dólares por barril. Luego de una recesión (2001), un extraordinario ciclo expansivo, una interminable guerra (Irak) y el empuje de la demanda de economías emergentes (China, India) ciertamente han contribuido al fuerte aumento del precio. Pero ello no explica su aumento a US$ 100 hoy y probablemente a US$ 140/US$150 en el 2008.


La evidencia más visible al respecto es el hecho de que la economía global no ha crecido seis o siete veces desde el 2000. Ciertamente la demanda global no se ha incrementado en esas proporciones y tampoco la oferta de petróleo ha caído en niveles catastróficamente parecidos. Y si bien la oferta se ha reducido, el acceso a nuevas reservas se ha complicado (es más, éstas podrían estar decayendo) y el déficit de refinanción se ha hecho presente (el caso del huracán Catrina), la oferta es todavía suficiente mientras los stocks o inventarios de los principales consumidores han incrementado razonablemente sus niveles.


Lo que sí ha crecido exponencialmente son los niveles de especulación financiera y monetaria. Y lo han hecho de manera tan descontrolada que han alterado la normal relación entre la oferta y la demanda de bienes y servicios generando graves distorsiones en los mercados. A ese fenómeno se deben las "burbujas" como la que produjo la crisis hipotecaria norteamericana que hoy padece la economía global y otras más (como la informática del 2001 que contrajo el mercado global o la de bienes raíces que acabó con la fuerza expansiva de la economía japonesa en el siglo pasado).


Alan Greenspan, el ex -presidente del FED, definió el proceso de gestación de estos fenómenos como "exuberancia irracional" despertando todo tipo de estudios, publicaciones y alertas pero escasa reacción reguladora.


Hoy es evidente que esa fenomenología está contribuyendo a la explosión de los precios del petróleo (y también de otras materias primas) a través de los mercados de commodities y otros que no los son. Entre ellos están el NYMEX y el OTC (over-the-table) que operan con futuros.


De ello está convencido el Comité de Seguridad Interna y Asuntos de Gobierno del Senado norteamericano según un reporte producido por su staff en junio del 2006. Y también lo están los miembros de la OPEP. Según ese reporte, a las grandes firmas especuladoras se han sumado los fondos de cobertura y los fondos de pensiones que se han volcado con decisión sobre los mercados mencionados. Aunque el reporte admitía que no contaba con la información suficiente para calcular el aporte especulativo al precio del barril de petróleo, sí pudo establecer un rango. Y éste rondaba US$ 20-US$ 25 sólo en Estados Unidos cuando el precio del barril estaba en US$ 70. Si esa proporción se aproximaba al 30%, sin mayores cálculos podría establecerse que alrededor de US$ 30 del precio actual de US$ 100 por barril es inducido por los especuladores.


Ello ocurre aún sin tener en cuenta el notable incremento de la actividad especulativa que ha llevado a la actual crisis financiera norteamericana y a los extraordinarios rendimientos bursátiles de los últimos dos años en un ciclo expansivo de media década.


La OPEP (aunque a manera de defensa) también estimó en años recientes una influencia especulativa similar o mayor en el precio petrolero.


En momentos de desaceleración global que puede evolucionar hacia una recesión (la contracción manufacturera del último mes en Estados Unidos aproxima el escenario) resulta imprescindible regular la actividad especulativa no con el propósito de restar rentabilidad a los mercados bursátiles ni ganancias a los fondos de pensiones sino para minimizar las grandes distorsiones del mercados que esa actividad produce (al respecto el documento del Senado norteamericano recomienda que se fortalezca el rol del Commodity Futures Trading Commission).


Aunque la coordinación financiera global no se ha brillado por su presencia en estos momentos de crisis (salvo por la inyección de liquidez del FED y del Banco Central Europeo) es urgente que los países en desarrollo, cuya menor vulnerabilidad actual puede cambiar mañana, reclamen esa actitud cooperativa al sistema financiero global si es que el sistema va evolucionar ordenadamente.


Ello, sin embargo, no bastará para equilibrar el precio del petróleo en tanto está también vinculado a factores exógenos como la inestabilidad política en países productores (Nigeria o Venezuela) o con conflictos regionales en escenarios estratégicos (el Medio Oriente en general y, hoy, Pakistán). Por ello deberíamos aplicarnos mejor en lograr que el Consejo de Seguridad de la ONU y los Estados miembros cumplan mejor con sus obligaciones.


Aunque esto último puede ser pedir peras al olmo, la iniciativa de regular razonablemente mejor los mercados financieros y bursátiles debiera ser tan factible como el interés de las economías mayores de no acercarse más al despeñadero.



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