• Alejandro Deustua

La Desaceleración Norteamericana y la Inversión Extranjera en la Región y en el Perú

Confirmando el decepcionante y último reporte laboral del Departamento de Trabajo norteamericano el FED acaba de reconocer la desaceleración del crecimiento de la primera potencia económica para el segundo semestre. Estas no son buenas noticias para la región.


En efecto, el FED ha diagnosticado que la interacción contractiva de una alta tasa de desempleo, ingresos bajos y de crédito restringido (a la que se suma el incremento del déficit de balanza comercial) conspira contra el crecimiento proyectado de 2.4% anual en el segundo trimestre (3.3% para el año según el FMI).


En función de ello, el banco central norteamericano ha optado por mantener las tasas de referencia de 0% y 0.25% y reinvertir en bonos las ganancias de activos financieros vinculados al salvataje hipotecario. Esta implícita continuidad de la expansión monetaria no va acompañada, sin embargo, de una expansión “explícita” en tiempos de muy baja inflación. Esta actitud es calificada por Krugman de pasiva y dañina. Y puede serlo. Especialmente cuando a la vista tampoco aparece el compromiso del gasto público para mejorar la infraestructura ni ayudar a estados de la Unión en problemas. Complicada esta situación con el requerimiento de disminuir el déficit fiscal en el largo plazo, la desaceleración norteamericana plantea en esa potencia escenarios de una eventual recaída recesiva que interactúan con el enfriamiento de la economía china y con un frágil panorama europeo (a pesar del crecimiento alemán de 2.2% en el segundo trimestre y de su positivo impacto en la zona del euro, éste no parece aún suficiente para incrementar la muy baja perfomance del resto de las economías europeas este año y el próximo).


Esta situación contrasta con el crecimiento de América Latina en el 2010 (5.2% según la CEPAL) y con la evidencia de que economías, como la peruana, podrían superar el 6% este año (6.7% según la CEPAL lo que tiende a confirmarse a la luz del crecimiento de 21.6% del sector industrial en junio). Esta evidencia, sin embargo tiende a matizarse con la corrección hacia debajo de la proyección de la perfomance brasileña, por ejemplo. Si el crecimiento peruano es menos explicado por el incremento exportador que por la ampliación del mercado interno y la gran recuperación de la inversión (27% en el sector privado y 38% en el público en el primer semestre), el crecimiento aquí no estaría necesariamente amenazado por una fuerte desaceleración en Estados Unidos. Pero la perfomance peruana puede ser una excepción en la región. Por lo demás, su alto nivel de inserción externa ha cancelado toda posibilidad de autarquía o de impermeabilidad. Si, en consecuencia, la desvinculación de la economía mundial –y de su marcha- es una fantasía impracticable mientras los volúmenes de la interacción económica con el mundo se contraen (como sucedió el año pasado con el comercio), la perfomance podrá afectarse.


Éste ciertamente será el caso de México y de los centroamericanos cuya proyección de crecimiento (de 4.1% y 3.1%, respectivamente), se reducirá por su estrechísima vinculación con la economía norteamericana. Y será también el de lo suramericanos (5.9% de crecimiento proyectado para este año) que están más vinculados a la economía estadounidense (los casos de Colombia y Venezuela).


Si la desaceleración norteamericana se concreta en el año y a las economías regionales (teniendo en cuenta su disparidad) no les bastará taparse los oídos y los ojos, es indispensable consolidar sus fundamentos (como curre en el Perú donde el fuerte incremento de las reservas y la disposición a prepagar la deuda indican esa disposición) e impedir que el crecimiento se reduzca muy por debajo del potencial. Para ello la inversión deberá asegurarse apurando la maduración de los proyectos existentes (que, en el caso del Perú son mineros en su mayoría).


Y si, además, no se desea desaprovechar la recuperación ya andada para generar desarrollo adicional a la evolución del PBI, la promoción de nueva inversión en los sectores con mediano o alto componente tecnológico es ineludible (hoy esa inversión se concentra en los sectores de mediano o bajo componente tecnológico). Ciertamente ese objetivo se podría realizar mejor si el escenario de recuperación de la inversión extranjera mundial (40%-50% este año vs. una caída de -42% el año pasado según la CEPAL) se mantiene. Pero en un escenario de desaceleración de la economía mundial el emprendimiento se complicará y dependerá crecientemente de cuán atractivos sean los países emergentes y en desarrollo para esa inversión.


Si bien la inversión extranjera se realiza principalmente entre los países desarrollados, la brecha con los países en desarrollo se ha reducido considerablemente en esta materia (los desarrollado concentran hoy el 54% de la FDI vs. alrededor del 80% en los años 80). Sin embargo, a pesar de que la inversión en los países en desarrollo ha crecido a 46% del total, la mayor parte de su origen central se orienta hacia las potencias emergentes (el caso chino) y, regionalmente, al Asia (25%). Hacia América Latina fluye apenas 8% (y, en Suramérica, Brasil se lleva casi el 50% de los flujos correspondientes).


En consecuencia, en un contexto global eventualmente debilitado y en un escenario regional muy fragmentado financieramente, la actitud promotora de la inversión extranjera en países como el Perú debe incrementarse de manera sustancial. Si bien la acumulación interna de capital sigue siendo una prioridad para crecer y desarrollar, la participación de la inversión extranjera no debe perderse en un contexto que podría desfavorecer su flujo.


Es cierto que el Perú depende menos de la inversión extranjera para crecer (y, por tanto, es menos vulnerable frente a una contracción externa). Pero la participación de la misma en el PBI sigue siendo muy baja para la tarea del desarrollo (Chile, con apenas 8% de participación de la inversión extranjera en el PBI es el país suramericano con mejor relación IED/PBI). Esta situación estructural debe empezar a cambiar aún bajo las actuales circunstancias.



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