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  • Alejandro Deustua

Elecciones y Nacionalismo Tricontinental

11 de junio de 2024



Tres procesos electorales acaban de destacar las tendencias nacionalistas en el orden internacional.


En efecto, el nacionalismo de derecha ha irrumpido con fuerza en el Parlamento europeo, el nacionalismo de izquierda ha triunfado apabullantemente en México y el nacionalismo religioso ha perdido posiciones en India. El resultado afectará el posicionamiento y conducta estatales en Europa, Asia y América Latina.


Si bien el ganador en las elecciones parlamentarias de la Unión Europea  ha sido el bloque  centrista (el Partido Popular -que sigue siendo mayoritario-, la Social Democracia y los liberales de Renovación suman 402 de 720 asientos), las ganancias de la extrema derecha han sido sustantivas. Éstas derivan de las pérdidas social-demócratas y liberales, de los Verdes y de la izquierda. Y, especialmente, de  las  ganancias de los bloques Conservadores y Reformistas e Identidad y Democracia (integrado por la Agrupación Nacional asociada a Le Pen en Francia y a la Liga en Italia, vinculada a Mateo Salvini y Georgia Meloni -Hermanos de Italia-).


La nueva correlación de fuerzas en el Parlamento tiene dos efectos principales. Primero reducir el margen re-eleccionsita de la presidenta de la Comisión Europea Úrsula Von der Leyen (el “Ejecutivo” de la UE) que se mantiene como candidata, debilitar el centralismo burocrático de Bruselas y recuperar la soberanía cedida en ciertas políticas (defensa, migraciones, políticas industriales, ambientales y agrícolas).


Y segundo,  ha desestabilizado las coaliciones de gobierno de los dos principales estados europeos: Alemania (el triunfo de la Democracia Cristiana y el segundo  lugar del extremista de derecha AfD ha cuestionado la vigencia de la alianza liderada por la social-democracia del Canciller Scholtz) y Francia (donde el triunfo de la agrupación de Le Pen -Agrupación Nacional- sobre Renacimiento del presidente Macron, ha sido apabullante). Como se sabe, el presidente francés procedió de inmediato a disolver la  Asamblea Nacional convocando, en condiciones de extrema debilidad, a elecciones parlamentarias para fines de mes de cuyos resultados dependerá su  futuro político.  


Estos resultados no sólo fortalecen a la Primer Ministra italiana Georgia Meloni como lidereza en Europa sino  que han producido la renuncia del Primer Ministro belga y fortalecido a la derecha neerlandesa y austriaca. En Europa Central y del Este la división ha continuado con los ajustados triunfos del nacionalista  Víktor Orban (Hungría) y del liberal de Donald Tusk (Polonia).


En consecuencia, los proyectos trasnacionales de “más Europa” probablemente se enlentecerán y las tendencias a buscar un arreglo pacífico a la guerra en Ucrania tenderán a incrementarse.  A la espera de las elecciones norteamericanas de noviembre, un nuevo equilibrio de poder internacional está emergiendo en Europa.


En sentido contrario marcha el nacionalismo religioso del Primer Ministro Modi en la India. Aunque éste ganó su segunda reelección en los prolongadísimos comicios (19 de abril-1 de junio) de la mayor democracia del mundo (1400 millones de habitantes) su partido, el Bharatiya Janata (y los de su Alianza Democrática Nacional) no logró  la amplia mayoría esperada para gobernar en solitario (obtuvo 293 asientos mientras el opositor partido del Congreso logró 234). En consecuencia, el Primer Ministro, que buscaba su tercer triunfo desde 2014, deberá gobernar en coalición con dos partidos regionales.


Y deberá hacerlo atenuando considerablemente el excepcionalismo hindú como factor esencial del estado indio y del autoritarismo gubernamental. Aquél se expresó, principalmente, en una confrontación abierta con la población musulmana (alrededor de 200 millones). La necesidad de establecer consensos podrían reflejarse en una moderación de las altísimas tasas de crecimiento de la economía india (9.7% 2022; 7%  2023%, BM) si la oposición entiende su nuevo poder como confrontación y Modi no limita las grandes desigualdades que caracterizan a la gran potencia emergente: el 10% superior consolida el 77% de la riqueza nacional-Oxfam-) luego de haberse atenuado la pobreza extrema (que alcanzaría sólo al 2% de la población) (TE).  De otro lado, aunque el déficit fiscal para este año se estima en -5.1%, el desempleo es alto y 60% de la población es rural, la construcción, manufactura y los servicios e innovaciones de alto contenido tecnológico conforman una realidad de acelerado progreso. Modi estará dispuesto a hacer concesiones para mantener el curso y replantear el nacionalismo que se orienta a mejorar el status emergente indio.


A la luz de la persistente competencia con China, esta nueva forma de gobierno no debiera complicar la proyección externa india. Al respecto, se mantendrán las alianzas del Indopacífico (el QUAD)  y la relación de alto perfil con Estados Unidos en el marco de una autonomía que no impide la relación con Rusia mientras la relación con el vecindario quizás se torne menos imperativa.


En México, en cambio, la agenda nacionalista de López Obrador debiera lograr continuidad con el nuevo gobierno de Claudia Sheinbaum. La dimensión de su triunfo no se aprecia sólo en el  logro del 60% de los votos. Se manifiesta también en  la jibarización de la oposición expresada en una diferencia de más de 30 puntos sobre la coalición que agrupa a los dos partidos tradicionales (el PRI -70 años en el poder el siglo XX y 6 en el XXI-y el PAN) y el treintañero PRD (del que emergió López Obrador luego de formarse en el PRI). Y también en el triunfo en 7 de las 9 gobernaciones estaduales en disputa (que consolidarían un dominio territorial en 24 de los 32 estados federales mexicanos además de la Ciudad de México). El escenario de la continuidad está a la vista y el nacionalismo de izquierda actuará en él para desarrollar un programa  hiperresumido en los “100 pasos para la Transformación”.


Pero habiendo transitado de la “dictadura perfecta” del PRI a la realidad hegemónica de MORENA, ya se ha producido un inicial signo de desconfianza. Una corrida del peso del 4% lo muestra a pesar de que la presidenta electa afirmó que “velará” por todos los mexicanos, que no habrá autoritarismo, ni corrupción,  ni violación de la autonomía del banco central (el Banco de México) y sí disciplina fiscal, libertad empresarial y promoción de la inversión y coordinación para lograr seguridad pública.


Sin embargo, además del proyectado incremento de la democracia participativa y de la reducción de la representatividad parlamentaria, se seguirá promoviendo la empresa pública (Pémex, CFE -electricidad-, la elección popular de jueces, el control electoral perderá autonomía con el  reemplazo del Instituto Nacional de Elecciones y un “vehículo civil” que asegura la presencia de la Fuerza Armada en tareas de seguridad pública -la Guardia Nacional- se fortalecerá. Al respecto, el plan de los “100 puntos” no subraya los gravísimas amenazas de los carteles del crimen organizado ni la abrumadora cantidad de homicidos en México (23953 en 2016; 30523  en 2023 según el Instituto de Estadísticas Nacionales y Geografía).


De otro lado, es normal que la política exterior mexicana priorice la relación Estados Unidos (“una relación de amistad y respeto”). Pero el hecho de que siga apareciendo como excluyente sí lo es. La relación con América Latina se considera reducida al ámbito de la CELAC mientras la proyección general de los intereses mexicanos se desarrollará apenas mediante mayor “presencia”  internacional. Ni una palabra sobre el entorno contemporáneo, ni sobre la presencia en México de poderosos actores -como China-, ni sobre integración  aparecen en el programa de gobierno de la Sra. Scheinbum.


Ello no obstante, la intensidad del nacionalismo mexicano dependerá fuertemente de la conducción que le imprima la presidenta Scheinbaum, una tecnócrata doctorada, a diferencia de López Obrador.

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