• Alejandro Deustua

El Petróleo y el Gas se Incorporan a la Guerra

8 de marzo de 2022


La invasión rusa de Ucrania continúa su escalada y su impacto global se acentúa. De cara a las brutales tácticas rusas de asedio a ciudades, el indiscriminado ataque contra civiles, el éxodo de alrededor de 2 millones de ciudadanos en un par de semanas y el recurso ruso a la amenaza nuclear y petrolera, Estados Unidos y los miembros de la Unión Europea han coordinado el incremento de sanciones económicas contra esa potencia.


En efecto, la prohibición de importaciones de petróleo, gas natural y carbón rusos anunciada por el presidente Biden y la presentación de un plan de radical reducción de esas importaciones por la Comisión Europea, se suma a las medidas económicas coercitivas ya adoptadas contra los sectores monetario, financiero, tecnológico y de comercio exterior (y que ya están en efecto).


La diferencia de la prohibición de exportaciones de energía rusa en relación a las sanciones anteriores va más allá de penalizar a un sector sustancial de la economía de ese país (y de erosionar, aún más, las capacidades económicas rusas de largo plazo). Esta vez, las medidas afectarán también a los consumidores globales y a las economías de los países no productoras o exportadores de petróleo y gas.


Los consumidores se verán afectados por el radical incremento de precios de los combustibles y los problemas de estabilidad social que ese fenómeno implica. Y las economías confrontarán problemas superiores a los efectos inflacionarios vinculados a la expansión de la política monetaria durante la pandemia, al incremento posterior de la demanda y al bloqueo de las cadenas de suministro.


Si con anterioridad a las medidas el precio del petróleo Brent y WTI ya habían alcanzado su mayor niveles desde 2008, ahora esa referencia se incrementará todavía más (en Estados Unidos el precio del petróleo subió 7% inmediatamente después del anuncio). Súbitamente, los recuerdos de la crisis energética de los 70 del siglo pasado reaparecen.


El presidente Biden ha explicado a los norteamericanos que, si las medidas afectarán su bienestar, ése es el precio a pagar por la defensa de la libertad en Ucrania que debe ser protegida de la satisfacción de los objetivos de Putin (el reconocimiento de la independencia de Crimea y Donbás, la recuperación de una zona de influencia y de status y la redefinición de la arquitectura de seguridad europea). Estados Unidos no puede ayudar al adversario financiando la guerra dijo el Sr. Biden.


Al respecto, sin embargo, el presidente norteamericano no ha aclarado cuál será el impacto de sus decisiones en la economía rusa.


Es evidente que tratándose de las principales exportaciones de esa potencia (aproximadamente 60% del total, 40% de su presupuesto y fuerte impacto en su PBI) ) el efecto debería ser extraordinario. Pero, si se considerara sólo las medidas norteamericanas el impacto será menor debido a que la primera potencia importa de Rusia sólo el 3% de sus compras energéticas (Canadá representa el 60% y México el 5%).


En cambio, el plan presentado por la Comisión Europea para reducir su dependencia de un productor que amenaza a sus miembros, tendrá un impacto correspondiente a la supresión de compras de gas equivalentes a 2/3 del total importado que, además, implica al 27% del petróleo y 46% del carbón) este año y terminar con la dependencia antes de 2030.


Nuevas fuentes de aprovisionamiento se definen con urgencia en Europa (gas licuado de Estados Unidos, Qatar, Japón, Corea del Sur, China e India y luego biometano, hidrógeno y energías renovables).


Estas nuevas matrices energéticas han sido anunciadas en Estados Unidos y la Unión Europea como los beneficios que compensarán los sacrificios de hoy.


A la luz del impacto extraordinario de estas medidas se puede esperar una reacción rusa eventualmente mayor. Y si no es posible anticipar hoy que el escalamiento del conflicto en Eurasia haya terminado, sí es posible advertir que la inestabilidad del sistema internacional continúa incrementándose.


El Perú, que va encontrando su lugar con los socios occidentales, no debe flaquear en la recuperación de su posicionamiento.



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