• Alejandro Deustua

El Gasto Militar Global

A pesar de que en los últimos años la conflictividad internacional se ha incrementado (los casos de Ucrania, del Medio Oriente, del mar de la China son evidencias claras), el gasto militar global ha decrecido el año pasado por tercer año consecutivo según el SIPRI (1). En efecto, según la institución sueca el volumen del gasto cayó en el 2014 -0.4% interanual (representando el realizado 2.3% del PBI global).


Esta disminución no ha sido homogénea en tanto el gasto militar ha seguido disminuyendo en Estados Unidos y Europa Occidental pero ha repuntado en Europa del Este, Asia, Oceanía y África (es decir, en la periferia de Occidente y en casi todas las regiones no occidentales).


Ello indica que la disminución del valor agregado del gasto se debe menos a la voluntad de los implicados en los conflictos que a las consecuencias de la crisis económico-financiera del 2008.


Por lo demás, la estructura del gasto medida por los principales sujetos del mismo y la participación en el total de éstos no se ha alterado. Así los principales quince responsables del gasto en el 2014 son los mismos que en el 2013 aunque se hayan registrado algunas pequeñas variaciones en la jerarquía (India sube del puesto 9 al 7, Italia baja del puesto 11 al 12 y Brasil sube del puesto 12 al 11).


Por lo demás, Estados Unidos sigue siendo el principal responsable del gasto (34%, casi triplicando el gasto chino que representa 12%) dentro de lo que se puede considerar el principal compartimiento de la estructura del gasto militar global. En un segundo escalón se ubicaría Rusia (con 4.8%, está en un distante tercer lugar) seguido de cerca por Arabia Saudita con 4.5%. En una tercera jerarquía se podrían colocar las potencias europeas (Francia y el Reino Unido que representan 3.5% y 3.4% del total, respectivamente). Y en un cuarto y quinto escalón podemos incluir al resto de los primeros quince (India, Alemania y Japón en el rango del 2% y Brasil, Italia, Australia, Emiratos Árabes Unidos y Turquía en el rango del 1% del total).


Si el gasto (flujo y participación) representa una parte de las capacidades militares de los Estados no se puede afirmar que en el último año se haya producido una alteración sustantiva de la estructura del poder militar.


Y sin embargo, la sensación de que esa estructura está cambiando es real sea por los efectos que en ella ejerce la capacidad de desafío (Rusia), la capacidad de generar influencia (China), la simple alteración del orden regional (las potencias del Medio Oriente -especialmente Irán y Arabia Saudita- y las del Este del Asia como China y las que intentan balancearla) o la alteración real de un balance mejor fundamentado (la relación de Rusia con Europa Central, del Este y China).


Ello no parece alterar el sueño presupuestal de la Casa Blanca ni del Departamento de Defensa (que a pesar de ciertas protestas, ha aceptado una reducción de -6.5% en el 2014 para contribuir a reducir el déficit de la balanza fiscal). En cualquier caso, la brecha del gasto norteamericano con el resto de los Estados es tan grande que los contadores pueden trabajar con relativa comodidad a pesar de la molestia militar con el recorte de ciertos programas.


Este no es el caso de China (que en el 2014 ha incrementado su gasto en 9.7% dentro del rango de 2%/2.2% de su PBI), ni de Rusia, que a pesar de su disposición a recuperar poder rápidamente, ha subido el gasto sólo en 8.1% el último año. Entre lo actuado por esa potencias destaca el gran aumento de 17% de Arabia Saudita preocupada por su posición en el Golfo y en el Medio Oriente en relación a Irán.


En una perspectiva de más alcance (2005-2014) el efecto estratégico que producen estos tres Estados es más visible. En efecto, en ese período China y Rusia han incrementado su gasto militar notablemente (167% en el primer caso y 97% en el segundo a pesar de la crisis) mientras que Arabia Saudita lo ha hecho en 112%. Si estos aumentos se contrastan con la reducción real norteamericana en el período señalado (-0.4%) la percepción de que un cambio estructural de poder está en marcha parece más consistente con la realidad.


La situación de América Latina en el rubro es más precaria. A pesar del intento brasileño de incrementar su poder militar, su gasto se ha incrementado sólo 41% entre el 2005 y 2014 con un incremento marginal en el 2014 (1.4%) además del esperado en el 2015 (1.5%) si la crisis lo permite. México y Argentina (los otros países grandes de la región) han aumentado su gasto en el 2014 proporcionalmente más que el Brasil (11% y 8.5%, respectivamente). Aquí el caso mexicano parece más razonable a la luz de los gravísimos desafíos de seguridad interna que la Fuerza Armada debe enfrentar, lo que explica también el incremento centroamericano (9.1%) en fuerte contraste con el retraimiento suramericano (-1.3%) el año pasado.


Esta situación disminuida no es la de la más próspera Asia que sigue incrementando su ventaja en relación América Latina al agregar a la brecha económica, la militar. En efecto, el Asia y Oceanía aumentaron su gasto militar en 64% entre el 2005 y 2014 (mientras que Suramérica lo hizo en 48%) y en el 2014 el Este de Asia lo incrementó en 6.2% (aunque el Sureste asiático lo retrajo en -0.4%) mientras Suramérica se redujo -1.3%.


A la luz de los acontecimientos recientes (el empeoramiento en las relaciones entre la OTAN y Rusia, por ejemplo, que ha advertido que esta última no despliegue armas nuclearse en Crimea) y los desarrollos sino-rusos por incrementar su status, anuncian que el ciclo contractivo del gasto militar (quizás excluyendo a Estados Unidos y Europa Occidental) está culminando salvo que una nueva crisis económica obligue a nuevas disciplinas.



SIPRI: Trends in World Military Expenditure 2014.

April, 2015.


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