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  • Alejandro Deustua

El Fortalecimiento Boliviano y la Relación Trilateral

02 de setiembre de 2005



El Estado boliviano, bajo el transitorio mandato del presidente Rodríguez, ha iniciado una etapa de nuevos entendimientos con sus vecinos que debe ser fuertemente respaldada. Luego del tumultuoso período de confrontación interna, extraordinaria fricción con Chile y generación de incertidumbre regional que se inició en octubre del 2003 con la forzada renuncia del presidente Sánchez de Lozada, la Cancillería boliviana ha cambiado el rumbo de su política exterior orientándola hacia la restauración de vínculos de interdependencia en su entorno inmediato.


Probablemente alertada por una fuerte caída de la inversión extranjera en el primer semestre que, como la cooperación internacional, pesa más en el PBI boliviano que en otros Estados suramericanos, y atenta a los riesgos producidos por la confrontación entre “cambas” y “collas”, la ciudadanía de ese país hermano ha restaurado el diálogo interno (una agenda de trabajo ha sido por fin concertada entre Santa Cruz y El Alto incluyendo la oferta de inversión cruceña en el altiplano) a pesar de la remanencia de ciertos movimientos fragmentadores (los cocaleros insisten en cerrar carreteras como medida de injustificada protesta).


Y, aunque las disputas con las empresas de hidrocarburos persisten por la indisposición o incapacidad de éstas de adecuar sus contratos a la nueva ley de hidrocarburos (el plazo vence en noviembre) reservándose el derecho de recurrir a los tribunales o al arbitraje internacionales, el hecho es que no pocas , como Petrobrás, están negociando al respecto con la empresa pública nacional (YPFB).


En ese marco, aún no consolidado, el Canciller Loaiza ha establecido diálogos sucesivos con sus contrapartes de Brasil, Argentina, Perú y Chile. Pero es con Chile donde el avance restaurador es más rotundo y visible en tanto la Cancillería boliviana ha expresado que la fórmula de relación establecida por el gobierno del señor Mesa (“gas por mar”), su estridencia multilateral y su base populista ha sido, por lo menos, suspendida


En efecto, delegaciones multidisciplinarias de los gobiernos boliviano y chileno se han reunido en La Paz el mes pasado para establecer una “agenda técnica” que deba conducir a una “agenda política” que, as uvez, restaure el “diálogo sin exclusiones” (en realidad, el acuerdo de Algarve del 2000 al que tantas veces nos hemos referido). Como es evidente, éste incorporaría, de mutuo acuerdo, la discusión del problema de la mediterraneidad en un futuro.


Aunque de ese tema fundamental se ha hablado en La Paz, éste, sin embargo, aún no parece haber sido formalmente incorporado a lista de ocho o nueve puntos puntos que las partes han convenido en tratar entre los aproximadamente 80 que se mantienen pendientes. La próxima fase de discusión bilateral, a realizarse en Santiago, si no logra incluir ese capítulo en la agenda formal, por lo menos hará un avance reconocible en la materia.


Por lo pronto, bolivianos y chilenos han convenido en negociar aspectos vinculados a la facilitación fronteriza (acceso sin pasaporte), integración física (los proyectos IIRSA), cooperación económica (acceso para azúcar, aceites, cárnicos y otros productos bolivianos), cooperación turística (posible inversión chilena en un ferrocarril al Altiplano), acceso al Pacífico (apertura del puerto de Iquique al comercio exterior boliviano), solución de controversias (reunión entre expertos para examinar conjuntamente el diferendo sobre los recursos hídricos del Silala) y seguridad (generación de medidas de confianza, lucha contra el contrabando y el narcotráfico), entre otros puntos (1)


No es ésta, ni mucho menos, una agenda ligera. Los temas de seguridad son de primera prioridad para ambos países, el trato de un diferendo (el Silala) y de otras reivindicaciones históricas (la aplicación del tratado de 1904 a las facilidades a ser concedidas en el puerto de Iquique) conciernen a la denominada alta política y los temas económicos (la posible negociación de un acuerdo de libre comercio sobre la base de un acuerdo de complementación que hoy permite la liberación de 80% del comercio bilateral) comprometen sustantivamente los términos del comercio exterior boliviano.


Esta reorientación fundamental de la relación boliviano-chilena debe ser bienvenida por el Perú en tanto genera estabilidad en la zona, distiende la vinculación trilateral, destraba canales diplomáticos que nunca debieron obstaculizarse y permite la posibilidad de generar nuevamente oportunidades de integración trilateral en el área. Pero, sobre todo, porque estimula el fortalecimiento del Estado boliviano. Ello implica que la relación bilateral entre las tres partes dejen de ser percibidas, de momento, como inconvenientes por el tercero.


Para que este cambio se consolide, la relación peruano-chilena debe intensificarse partiendo de la premisa establecida: minimizar los impactos desestabilizadores que seguirán emergiendo mientras subsistan diferendos fronterizos (la delimitación marítima), los agentes generadores de interdependencia (especialmente los privados y los políticos no institucionales) se muestren irrespetuosos de las respectivas sensibilidades nacionales y la “relación de futuro” siga lastrada por el peso del pasado.


Sobre cada uno de estos puntos queda pendiente mucho de esmerado trabajo diplomático. Por lo pronto, éste debe reflejarse en el trato adecuado de la “profundizacion” del acuerdo de complementación económica peruano-chileno (ACE 38). Si éste va a devenir en un acuerdo de libre comercio que supere los ámbitos de ese convenio (que, en realidad, ya es un TLC porque cubre sustancialmente todo el comercio), éste debe orientarse a reducir las asimetrías fundamentales que se presentan en campos como el de la inversión extranjera, entre otros.


A ello debe agregarse el requerimiento que autoridades peruanas y chilenas deben hacer a sus contrapartes bolivianas para que la inercia pendular de la política exterior del vecino no vuelva a intensificarse. Para ello, Chile y Perú deben ofrecer a Bolivia estímulos de integración real no competitiva evitando con ello que persista en el vecino la percepción de que están cambiando a cambio de nada.


Si ello se logra, el tránsito de los tres países hacia la estabilidad en el área, la reducción del desequilibrio y el incremento de una muy necesaria interdependencia trilateral podrá devenir en un entendimiento final en que peruanos, bolivianos y chilenos, primero bilaterlamente, logremos superar los escollos históricos que inhiben una aproximación adecuada a los nuevos requerimientos de nuestra inserción externa.

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