• Alejandro Deustua

El Clima Económico en América Latina

No parece necesario argumentar demasiado para concluir que los factores externos han sido determinantes para generar el alto crecimiento reciente de las economías latinoamericanas. Tal ha sido el rol de esos factores durante el “boom” de commodities en el período 2001-2011.


Como ésa es una evidencia incontrovertible, la caída de esos precios ha sido también determinante para explicar la desaceleración de las economías de la región. Y si esa caída ha tenido un alto índice de causalidad en la definición de un fin de ciclo, lo ha tenido también para iniciar, en algunos países como el Perú, el camino hacia alguna diversificación económica.


Este cambio ha generado un nuevo clima económico. Éste está asociado a la incertidumbre de la desaceleración y a las expectativas de la recuperación del crecimiento.


Y también a la necesidad de afrontar lo que CEPAL considera el principal riesgo regional: la eventual reducción de la perfomance china en medio de la transición de esa economía a un patrón de crecimiento sustentado en el consumo antes que en la mera inversión (y también la reversión del estímulo monetario norteamericano que impulsará un incremento de las tasas de interés con importantes consecuencias financieras para la región).


Sin embargo, la prestigiosa evaluadora de clima de económico IFO (Alemania) asociada a la Fundación Getulio Vargas (Brasil) no tiene en cuenta estos factores para definir el clima de negocios en la región. Es más, IFO/FGV considera que el factor determinante del clima de negocios en la región es interno mientras que el externo es irrelevante.


En lo primero puede llevar algo de razón. Pero no en lo segundo. Y menos cuando la razón esgrimida implica que el factor de riesgo que IFO considera relevante es el energético generado por la crisis ucraniana (que tendría que hacer sitio a sus desarrollos de sanciones y retaliaciones).


Como la incidencia de ese específico factor de riesgo externo no afecta a América Latina según IFO/FGV (en realidad, la región ya está involucrada por la dimensión sistémica del conflicto y por su evolución a través del desvío de comercio que Rusia intenta en América Latina y que puede causar fricciones con socios tradicionales como los Estados Unidos y la UE en el sector agropecuario), esta evaluadora confirma que el factor determinante del clima económico de la región es el interno.


Tal afirmación sería sólo un error sin consecuencias si no fuera porque la evaluación correspondiente sirve de referencia para decisiones de negocios que realizan empresarios internacionales (especialmente europeos y más precisamente, alemanes) que pudieran estar interesados en América Latina.


Si la información que llega a esos agentes económicos es que la región afronta el peor clima de negocios desde julio de 2009 y que ello se debe sólo a factores internos es claro que los empresarios que confíen en ese estudio estarán sofisticadamente desinformados.


En efecto, el IFO elabora un índice de clima económico (ECI por sus siglas en inglés) que es resultado de la incorporación de la participación en el comercio total de los países observados, de factores de percepción (el EI o Expectation Index) y situacionales (el PSI o Present Situation Index).


En ese marco el IFO/FGV obvia el impacto en el clima de negocios del área ya no sólo de China como principal importador de commodities de Suramérica (contribuyendo a su escaso crecimiento de 1.8% en el 2014), sino que no toma nota del rol que tiene la recuperación norteamericana en el crecimiento de México y Centro América (4.4% para el año) en un marco de crecimiento regional de 2.2% ya revisado a la baja por la CEPAL.


Implicar que la región y Suramérica crecen menos este año que el conjunto de las economías emergentes (4.8%) y que México (2.4%) según cifras del FMI (un país que exporta a Estados Unidos entre 80% y 90% de sus colocaciones) sólo por razones internas es un despropósito.


Por lo demás, es verdad que para ajustarse a niveles de crecimiento menos dependiente, algunos países deberán adoptar medidas fundamentalmente internas que fortalezcan su competitividad a la vez que incrementan su productividad (quizás gestando pactos sociales para mejorar la tributación, el gasto público, la gestión de los recursos naturales, la inversión, la política industrial y de financiamiento, como plantea la CEPAL). Efectivamente eso es un asunto interno.

Pero ello pertenece al ámbito de las políticas públicas, no al de la realidad de la vulnerabilidad externa que es estructural y cuya gestión no depende sólo de decisiones internas. Esa vulnerabilidad, que se ha incrementado en la región, ciertamente constituye un riesgo externo y su control no depende sólo de factores internos (salvo que se opte por la autarquía o la cancelación de una fuente de riqueza como son los recursos naturales).


Por lo demás, aunque países chicos como Paraguay, Panamá o Bolivia puedan mostrar hoy altos niveles de crecimiento, sostener, como hace el IFO/FGV, que el clima económico de un país cuyo principal instrumento de política económica es la nacionalización de recursos naturales y de activos extranjeros (Bolivia) es equivalente a otro que tiene como fundamento la disciplina macroeconómica y el respeto de la inversión extranjera (Perú, a pesar de los problemas que han generado los conflictos sociales y la “permisología”) no parece sensato.


Teniendo en cuenta la implicancia económica de evaluaciones contextuales generadas por entidades prestigiosas (calificadores de riesgo, evaluadoras de riesgo político o de clima de negocios) parece urgente que se produzca, en algún foro apropiado, una cierto cotejo de criterios entre ellas (quizás, hasta una homologación de los mismos) para evitar distorsiones como las que comentamos.



Fuentes: IFO/FGV Economic Climate for Latin America August 13, 2014 CEPAL: Estudio Económico de América Latina y el Caribe: Desafíos de la sostenibilidad del crecimiento en un nuevo contexto externo Agosto, 2014


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