• Alejandro Deustua

De Nuevo Frente a la Volatilidad

Pocas semanas después de que el FMI revisara hacia arriba la proyección del crecimiento mundial (de 4.9% a 5.2%), uno de los riesgos identificados por esa organización, la erosión del mercado hipotecario norteamericano, ha impactado ya el mercado crediticio. El consecuente incremento de la volatilidad financiera y el retorno de la aversión al riesgo ha golpeado los mercados bursátiles globales, restado valor a los mercados emergentes, complicado el acceso al crédito e incrementado los temores de una reversión de la proyección de la perfomance global.


Sin embargo, los principales bancos centrales siguen considerando que las presiones inflacionarias son mayores que las recesivas y que una corrección disciplinaria no viene mal (The Economist). A pesar de las expectativas de un recorte de las tasas de interés las autoridades monetarias (como el FED) no las han movido y otras hasta han indicado posibles alzas (el Banco Central Europeo). Casi inmediatamente, sin embargo, esas mismas autoridades se han visto en la necesidad de incrementar considerablemente la liquidez de los mercados procurando generar confianza y atajar la persistencia de la volatilidad financiera.


Si ésta última se mantiene y se incrementan las posibilidades de una desaceleración mayor el FED y el BCE quizás deberían indicar ya su disposición a bajar las tasas antes que el crecimiento global pierda sustento complicando seriamente la perfomance de las economías menores estimuladas hoy por mayores niveles de inversión (lo que implica fluido acceso al crédito) y no sólo por mayores ingresos por exportaciones.


En un contexto de creciente interdependencia cuya vitalidad es intensamente promovida por las potencias mayores y las instituciones multilaterales es obligación de ellas tomar todas las medidas necesarias para evitar que los grandes avances realizados por las economías menos desarrolladas no se vean afectados. Ese esfuerzo es indispensable para apoyar el que llevarán a cabo las autoridades económicas de nuestros países que, con altos niveles de reservas, menor carga deudora, mayor disciplina fiscal y monetaria y consistentes superávits de cuenta corriente, están preparadas para afrontar un shock externo negativo de corto plazo pero quizás menos uno de largo plazo.


La obligación internacional es doblemente exigible a la luz de los compromisos de previsión de crisis de los organismos multilaterales. Y lo es especialmente para aquellos países que, como el Perú, han realizado denodados esfuerzos para negociar acuerdos que mejoren la calidad de su inserción externa.


Esa obligación incluye además el requerimiento de resguardar la estabilidad económica de regiones, como Latinoamérica, en donde las exportaciones intraregionales (18.5%) crecieron por encima de la tasa global (9.8%) en el primer trimestre a pesar de la fragmentación de los procesos de integración. Esa muestra de vitalidad creadora de riqueza reclamada por las potencias mayores no debe ser contrariada por la inflexibilidad de sus políticas monetarias en momentos difíciles. Para lograrlo quizás sea necesaria una mejor coordinación de esas políticas con participación activa de las autoridades de los países potencialmente afectados.


Esa coordinación es aún más necesaria ahora que el potencial ajuste crediticio va a contrapelo de los requerimientos de inversión y de las proyecciones de crecimiento de nuestros países (en el caso del Perú el Ministerio de Economía ha proyectado un crecimiento de la inversión de 18.3% a 21.6% del PBI para el 2011 mientras que el Presidente ha estimado en US$ 140 mil millones el producto para esa fecha).


Mientras tanto, nuestra economía se debe mantener abierta y propensa a generar confianza en los mercados indicando su disposición a bajar las tasas cuando sea apropiado y eventualmente a incrementar la liquidez. Para ello debe tenerse en cuenta que los niveles de inflación están aún bien encuadrados en el rango del marco macroeconómico multianual y de la carta de intención con el FMI.


Pero la generación de confianza debe venir también del exterior. Los gobiernos pueden actuar mediante un amplio rango de opciones. Éstas van desde una rápida aprobación del TLC por Estados Unidos hasta el estímulo eficiente de la inversión en nuestros países. Mientras nuestras autoridades se empeñan controlar el schock manteniendo la apertura y el equilibrio económico, esperamos una responsable reciprocidad externa.



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