• Alejandro Deustua

Cooperación Internacional y el Rol del Asia en la Crisis Económica Global

Mientras los países desarrollados realizan esfuerzos cada vez más concertados para que el tránsito por el grave ciclo recesivo sea lo menos destructor y breve posible, los países en desarrollo intentan que el efecto de arrastre de más del 70% del PBI mundial deje a salvo un crecimiento razonable que garantizar, acá, estándares de vida elementales.


En ese empeño, Estados Unidos y la Unión Europea se han comprometido con políticas monetarias expansivas sin precedentes, intervenciones heterodoxas y masivas en el sistema financiero y rebajas de tasa de interés que van dejando poco margen de maniobra adicional. Ello ocurre mientras apuran planes de mayor estímulo fiscal que probablemente se multiplicarán bajo la nueva presidencia norteamericana.

En el ámbito global, los resultados de una coordinación internacional más consistente se esperan para la próxima reunión del G7 y del G20 que se realizará en Washington a mediados de noviembre.


En efecto, esa reunión debe generar un incremento de la cooperación en la discusión de políticas reactivadoras y de promoción crediticia. Éstas, a pesar de que seguirán siendo implementadas bajo soberanía nacional, ya incluyen acuerdos swap entre algunos bancos centrales asiáticos y el FED como la línea US$ 30 mil millones establecida entre los bancos centrales de Corea del Sur y Estados Unidos. Pero además, la reunión debería producir medidas de redefinición sistémica que otorguen más eficiencia a los organismos multilaterales concernidos (lo que incluye una más plural participación en sus decisiones) y el prospecto de disposiciones reguladoras necesarias para reducir vulnerabilidades en los mercados financieros.


Mientras ello ocurre, los países latinoamericanos de economía abierta ya han decidido que realizarán todos los esfuerzos para mantener la actividad económica. En el Perú, ello implica el incremento de la inversión pública (a una tasa real de 46% el próximo año) que espera el complemento de la inversión privada. La misma disposición muestra, entre otros, la principal potencia económica regional: el Brasil continuará con su plan de inversiones de US$ 250 mil millones hasta el 2010.

En el marco de un ordenado manejo macroeconómico, éstas corresponden a sustantivas decisiones de reducción de vulnerabilidad (y estarían dispuestas a incorporar, en última instancia, un déficit manejable en el caso de que el ataque recesivo fuera más intenso y extenso de lo esperado).


El objetivo general es no dejar de crecer (y en el caso del Perú, hacerlo al 7% si es posible o al 6% en el peor de las circunstancias). Ese propósito tiene en cuenta las proyecciones de crecimiento global del FMI para el próximo año: 3% (cayendo de 3.9% el 2008) con los países desarrollados creciendo muy por debajo del promedio. Es más, cierta banca privada no elude proyecciones de crecimiento negativo para algunas de las economías más avanzadas, situación que reduciría la perfomance global considerablemente.


En este marco, buena parte de la expectativa de empuje locomotriz global está colocada en Asia. Finalmente, Japón es la segunda economía nacional del mundo y China la cuarta (y, ciertamente, la más dinámica). Pero salvo por la reciente (y marginal) reducción de la tasa de interés de referencia japonesa de 0.5% a 0.3% y alguna muestra equivalente china, no ha ocurrido en ese continente nada parecido al gran incentivo monetario occidental y, mucho menos, la generación de expectativas de impulso fiscal.


En efecto, China, que tiene la mayor acumulación de reservas del mundo (US$ 1.9 millones de millones) no se ha comprometido a impulsar sustantivamente su demanda interna y tampoco a revaluar el yuan. Ello a pesar de poseer un extraordinario superávit externo de US$ 400 mil millones derivado del intensísimo aprovechamiento de la demanda externa.

Sin embargo, frente al declive de esta variable fundamental, China no ha dispuesto el empleo internacionalmente responsable de esos recursos. Además de constituir muy poderosos fondos de inversión, China no parece dispuesta aún a ampliar su demanda interna que, finalmente, favorecería a sus ciudadanos y estimularía las exportaciones ajenas. Al respecto no le faltan buenas razones: el crecimiento rápido del consumo generaría inflación que ya le preocupa. Por lo demás, el mercado chino ya absorbe, bajo las actuales condiciones, buena parte de las exportaciones de sus vecinos asiáticos, incluido Japón.


En este momento grave la actitud china anuncia algo más que su tradicional aversión al riesgo: a pesar de constituir el 6% del PBI mundial China no está preparada para desempeñar un rol de liderazgo en el orden económico mundial. Ello implica que su capacidad de promover el cambio de las reglas de juego a costa de Estados Unidos y de Europa puede ser menor de lo que parece.


En todo caso, frente a la oportunidad que presenta una crisis sistémica, es evidente que China no está dispuesta a complicar su desarrollo interno a cambio de un rol global mayor (que quizás se reflejará en el requerimiento menor de solicitar una rebaja de la discrecionalidad norteamericana en el marco de la posición de otras potencias emergentes).


Pero tampoco el Asia como región ha marcado una presencia reordenadora mayor en la crisis actual. Finalmente los fondos regionales para financiar liquidez en el área no superan los US$ 80 mil millones (lo que, como sostiene la prensa que reporta el hecho, es una cantidad minúscula frente a la cantidad de divisas en poder de esas economías).


Esta situación deberá discutirse en la próxima cumbre de la APEC a realizarse en Lima y también prevenir expectativas sobre el rol que las potencias asiáticas puedan desempeñar como actores predominantes en un eventual nuevo orden económico mundial.



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