• Alejandro Deustua

Contracción Exportadora y Oferta Exportable Deficiente

A pesar de las señas de recuperación de la economía global desde el segundo semestre del año (pronósticos de 3.6% y 3.4% para el 2014 según el FMI y buena parte de la banca de inversión vs. 2.9% y 3% hoy), las exportaciones de América Latina se estancaron el 2013 según el BID (1).


Es más, con una tasa de apenas 1% (que aparece como 0% en el desagregado que publica esa institución) esa perfomance exportadora está por debajo de la tasa de crecimiento de los intercambios de este año estimada por el FMI en 2.9%.


Ello indica que la menor demanda generada por la desaceleración no ha sido compensada por la recuperación del segundo semestre. Y muestra que la realidad inmediata y la incertidumbre remanente mandan en el sector comercial sobre los buenos pronósticos.


Esta situación se ha reflejado en la caída de los precios de los commodities para el año: -7.7% en el caso del cobre, –l3.1% en el del oro, -3,1% en el caso del café,-18.2% en el de la soya mientras que el precio del petróleo apenas creció 1.3% (2). Este nivel de precios ha afectado nuestras balanzas comercial y de pagos (y por ende a la perfomance económica) evidenciado, nuevamente, una conocida vulnerabilidad estructural en la región.


En efecto, al margen de consideraciones sobre los déficits de industrialización y la necesidad de evolucionar hacia una mayor producción de servicios (como sugiere el Banco Mundial), el hecho es que la intensidad de la especialización primaria y la insuficiente diversificación de la oferta exportable forman parte del problema en la región. Esta situación no es señalada por la publicación del BID. Ésta muestra sólo un resultado estadístico que es explicado en base a la deficiencia de la demanda externa al margen de la calidad de la oferta local.


Este problema es particularmente grave para el Perú: sus exportaciones cayeron -11% en el 2013 según el BID quizás por el peso de las colocaciones de cobre y oro. En efecto, el doble impacto de la caída de esos precios en la balanza comercial peruana fue mucho menor en el caso de Chile que, siendo un principal exportador de cobre, tuvo una balanza positiva de 1% quizás porque no es un exportador de oro. Esta diferencia de oferta explica los diferentes resultados de balanza comercial, de términos de intercambio y de inserción peruana y chilena a pesar de ambos son países mineros.


Lo mismo puede decirse de los países suramericanos cuyas exportaciones agropecuarios dominan su oferta: a pesar de la caída de los precios de la soya, las colocaciones totales de Argentina, Uruguay y Paraguay crecieron 4%, 4% y 32%, respectivamente. Si bien el extraordinario resultado paraguayo se explica por un punto de partida muy bajo y una gran expansión del volumen de exportaciones soyeras, ello no ocurrió ni de cerca en el crecimiento exportador de Argentina y Uruguay. Estos países probablemente tienen una oferta agropecuaria más diversificada que la paraguaya.


La poca diversificación de la oferta exportadora parece afectar también a las colocaciones no tradicionales y, en consecuencia, los procesos de integración suramericanos. En efecto, si la Comunidad Andina se precia de su contribución a la integración subregional por su capacidad de absorción de exportaciones no tradicionales con escaso aporte tecnológico, el resultado negativo de las exportaciones intra -subregionales de este año llama la atención sobre la consistencia de esa premisa: las exportaciones correspondientes decrecieron -2%.


El hecho de que sólo Bolivia (que tiene la oferta exportadora menos diversificada entre los países andinos) consiguiera crecer en ese mercado 10% no modifica la debilidad de la oferta no tradicional en el área en tanto los demás países andinos cayeron en la subregión (-4% Colombia, - --2% Perú y -5% Ecuador).


Tampoco el mercado latinoamericano salvó el desempeño exportador andino: las exportaciones a la región cayeron -3% (-7% Colombia, -10% Ecuador y -3% Perú) salvo, nuevamente, en el caso boliviano (11%, mostrando que una perfomance excepcional no se debe a su diversidad exportadora sino a la inelasticidad de la demanda brasileña del gas boliviano). Acá, la menor demanda brasileña de otros productos primarios debe haber influido de manera significativa.


Lo contrario ocurrió con los miembros del MERCOSUR (si se excluye a Venezuela): las ventas a su mercado subregional aumentaron 6% y las exportaciones a la región crecieron 3%. Las cifras son positivas para todos los países en ambos escenarios (salvo en el caso de Uruguay cuyas colocaciones en América Latina cayeron -3%).


Ese resultado confirma que el nivel de integración y de riqueza en ese mercado es mayor que el andino debido a que los miembros del MERCOSUR –especialmente Brasil y Argentina- han desarrollado un intercambio más diversificado (realidad de la que debe excluirse Venezuela cuyas exportaciones al MERCOSUR y a América Latina cayeron -20% y -24% nada menos).


De otro lado, si el crecimiento de Asia se contrajo fuertemente influido por la perfomance china (de 10% a 8%), ello no varió la naturaleza estructural de su demanda de bienes latinoamericanos. El Asia -y China más intensamente- siguió comprando productos tradicionales del área consolidándose como receptor de ese tipo de bienes.


En efecto, en un contexto de deterioro exportador no hay país suramericano cuyas colocaciones en Asia no hayan crecido este año. Más allá de que la perfomance exportadora de MERCOSUR (11%) vuelva a destacar sobre la de la Comunidad Andina (8%), el hecho es que Asia sigue demandando commodities regionales porque las necesita y quizás porque el menor precio de las mismas las hace más atractivas.


La vulnerabilidad regional no deriva acá de las consecuencias de la contracción de un mercado asiático sino del estímulo de ese mercado en la mayor especialización primaria en nuestros países (especialmente en el Perú que acaba de anunciar la duplicación de las exportaciones de minerales hacia el 2016 como resultado de mayor inversión en el sector).


En efecto, si buena parte de las proyecciones de incremento de las exportaciones peruanas del próximo año (que el Instituto Peruano de Economía estima en 6.8% (3)) derivarán de ese estímulo y del mayor crecimiento global y si el mayor impulso al crecimiento nacional proyectado (6% del 2014) se basa en el incremento de la inversión en minería y las exportaciones consecuentes, el mercado asiático, asistido por los demás, contribuirá sustantivamente a esa perfomance. Y, por tanto, se confirma como un determinante de la especialización primaria peruana en el lado de la oferta.


Si ese crecimiento tiene un natural efecto en el optimismo de los empresarios nacionales, el incremento sustantivo de las exportaciones mineras, siendo positivo, debe ser evaluado con mayor atención. Políticas que favorezcan un spillover efectivo al resto de la actividad productiva y una promoción de exportaciones hacia los mercados que se recuperan deben ser procuradas intensamente.


Especialmente cuando la débil recuperación norteamericana (y la más atenuada europea) no han logrado revertir la realidad deficitaria de las exportaciones suramericanas a esos mercado occidentales.


En efecto en el año que termina las exportaciones de la CAN a la Unión Europea cayeron -3% y las del MERCOSUR -5%. Si bien es cierto que buena parte de la explicación del primer resultado se debe a la gran contracción de las exportaciones peruanas a la UE (-18%), el hecho es que las exportaciones colombianas permanecieron casi estancadas (registraron apenas un aumento de sólo 1%).


Y el hecho extraordinario de que las colocaciones de Ecuador y de Bolivia hayan crecido 19% y 31%, respectivamente no desmerece la realidad de que el grueso del resultado agregado sea negativo por el peso de las colocaciones peruanas y colombianas. Esta situación se explica por la retroalimentación perversa entre una menor demanda europea de productos primarios y un espectro de oferta andina bien estrecho.


Lo mismo ocurre con Estados Unidos en donde las ventas de la CAN y las del MERCOSUR descendieron -4% y -13%, respetivamente, a pesar de la recuperación norteamericana. El hecho de que esos resultados se expliquen esencialmente por el descenso de las exportaciones de los países económicamente más fuertes de ambas subregiones (las exportaciones colombianas a ese destino cayeron -12% y las brasileñas -8%) no desmerece el hecho de que la oferta regional siga concentrada, de manera generalizada, en bienes primarios que han sido menos demandados.


Ello puede cambiar en términos de valor el próximo año cuando Estados Unidos y la UE mejoren su perfomance económica. A esos efectos por lo menos los exportadores regionales que hayan suscrito acuerdo de libre comercio con esas contrapartes deberán aprovechar mejor las ventajas que estos ofrecen para diversificar sus exportaciones a esos mercados. Si esos acuerdos que debieran favorecer las exportaciones no tradicionales no logran aún aún oferta exportable suficiente para cubrir parte sustantiva del universo de partidas desgravadas, las desventajas de la especialización primaria se dejarán sentir en nuestras economías desfavoreciendo una mejor distribución de los beneficios.


La necesidad de incrementar ese tipo de oferta tiene un valor estratégico adicional: consolidar la inserción en Occidente para aprovechar mejor la que favorece el Asia incrementalmente.



IDB: Latin American Trade Trends Estimates 2013 December, 2013

Idem


El Comercio 13 de diciembre de 2013


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