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  • Alejandro Deustua

La Prioridad de los Vecinos

29 de Agosto de 2006



Aunque la política exterior del gobierno del Presidente García no ha tenido aún una presentación exhaustiva, la visitas de los cancilleres de Chile y Colombia al Perú y la del Canciller García Belaúnde a Brasil en la última semana ratifica en los hechos la prioridad oficialmente anunciada: la profundización de la relación con los vecinos va en serio. Si bien en esta disposición externa parece haber redundancia (la relación con los vecinos siempre ha encabezado las agendas de política exterior), la falta de dinamismo de una axial relación amazónica (Brasil), la erosión de nuestra proyección sobre el corazón suramericano (Bolivia) y la complicación de nuestra vinculación marítima inmediata (Chile) requieren, efectivamente, de un esfuerzo de recomposición independientemente del marco de política exterior que quiera imponérsele. Dicho esto (y aunque aún falta registrar los resultados de la próxima vista del presidente García a Bolivia y precisar el contacto con el Ecuador), del 28 de julio a esta parte va apareciendo, a través de los hechos antes que de la declaración diplomática, un nuevo patrón de relación vecinal que va más allá del nuevo planteamiento de cooperación entre los Estados latinoamericanos del Pacífico propuesto por el nuevo gobierno.


En efecto, en el acápite geopolítico, es evidente que el privilegio de la relación continental establecida por la definición del Brasil como articulador prioritario de la relación con Suramérica será complementado sustantivamente por la dimensión marítima que aporta la redefinida relación con Chile. Si ello es así, la propuesta de asociación de los países del Pacífico latinoamericano, que también se ha presentado a Colombia, tendrá en este vínculo un fundamento principal. Por lo tanto, la complejidad de esta relación tendrá que ser mejor administrada (un mecanismo de manejo prevención y manejo de crisis sería, por ello de prudente atención). De otro lado, en el ámbito de la interdependencia, la novedad que deja la visita del Canciller Foxley deriva menos del meticuloso listado del conjunto de vínculos institucionales (desde el Cosede hasta la Consejo de Integración Social peruano-chileno), temáticos (todas las áreas) (y regimentales (el ACE 38 ampliado), que en un nuevo marco vinculante: principios rectores de confianza mutua y de complementariedad económica definidos por intereses comunes expresos, inserción conjunta (integración subregional –la CAN-, proyección hacia el Asia-Pacífico) y compromiso operativo con el multilateralismo (posibles operaciones conjuntas de mantenimiento de la paz de la ONU).


Lo interesante de este último compromiso es que se está recurriendo a la relación bilateral para fortalecer la acción multilateral. Aunque esta evolución no constituya aún un patrón de conducta establecido, éste se va mostrando inercialmente. De allí que, más allá de la trascendencia de la visita ministerial al Brasil (la consolidación de un vínculo fundamental para nuestra inserción suramericana que ahora requiere potenciar su extremo económico y no sólo el de infraestructura), surja la reactivación de la membresía del Perú en una entidad fundamental para la negociación económica multilateral: el G-20 en el ámbito de la OMC (el Perú fue invitado por Brasil). La visita de la canciller colombiana, en cambio difiere de ese rumbo pero marca otro: su perfil parece enfatizado por la relación compartida con la primera potencia (los TLC suscrito por ambos países) y por la renovada vocación oceánica colombiana (definida por una futura adscripción a la APEC). En ese contexto de renovada complementariedad vecinal, los elementos “urticantes” debieron ser mejor tratados: la agenda con Chile debió incluir un reconocimiento explícito a la solución de la controversia pendiente, con Colombia debió ampliarse la relación de seguridad y con Brasil faltó destacar ciertos temas, como los hemisféricos, p.e). Al fin de cuentas, una de las ventajas de la complementariedad existente entre democracias representativas consiste en atenuar los costos del debate de sus diferencias.

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