• Alejandro Deustua

La CAN, el Señor Morales y el Perú

La Comunidad Andina quisiera ser hoy un espacio de integración primaria en el que se respeten modelos de desarrollo divergentes. Si, además de su opción social y ambiental, aquél es el inusual objetivo de la nueva presidencia pro témpore de la CAN, es evidente que el proceso de integración económica subregional ha sido frustrado y que su dimensión política dependerá ahora de la importancia estratégica que le asigne cada miembro.

En tanto esta situación límite ha sido reconocida oficiosamente, dependerá de la buena relación entre las partes antes que de la normatividad andina encontrar los niveles de cohesión básicos para la sobrevivencia del grupo.

Sin embargo, esas condiciones son también precarias según lo acaba de evidenciar el presidente de Bolivia quien, en nombre de una institucionalidad subregional ficticia, ha preferido deteriorar aún más la relación con el Perú al oponerse a flexibilizar una norma andina que afecta la implementación del TLC con Estados Unidos.

Lo actuado muestra que la agrupación alberga hoy una contienda de intereses nacionales diversos no sólo derivados de la diversidad de los modelos de desarrollo de sus miembros. En efecto, si el interés nacional boliviano sigue esencialmente lo que dispone su presidente, es evidente que el gobierno de ese país no defiende un esquema de integración colapsado sino la oportunidad que éste le presenta para debilitar el vínculo de uno de sus socios con el “imperio”

No de otra manera puede entenderse que el señor Morales haya proclamado formalmente su decisión de obstruir el TLC del Perú con Estados Unidos. Y que lo haga en el contexto del llamado a consultas del Embajador norteamericano en La Paz luego de un ataque “popular” a su sede diplomática, de la destitución del oficial policial que ordenó la protección de esa Embajada y de la solicitud del retiro de USAID de Bolivia. Y que persista en ello en vísperas de un referéndum que decidirá, por enésima vez, el destino de la refundación boliviana

Si la separación entre política interna y política exterior ha desaparecido en Bolivia y ésta refleja los deseos del señor Morales, el señor Morales se dará el gusto de confrontar a su enemigo predilecto sin importar la buena relación con el Perú. El esquema de la frustrada integración andina es el escenario perfecto para potenciar esa disposición disfrazada de interés colectivo porque permite a Morales incrementar su influencia fingiendo la defensa de un régimen subregional que, sin embargo, por “neoliberal”, él mismo recusa.

Si se prefiere obviar la reciente confrontación entre Colombia y Ecuador, el caso boliviano muestra los riesgos de mantener una institucionalidad deteriorada como la andina que hoy depende esencialmente de singulares objetivos estratégicos en un contexto de intereses en conflicto derivados de divergentes modelos políticos y de desarrollo.

Si se desea evitar ese riesgo al tiempo de no renunciar a la CAN, es necesario que sus miembros se dediquen más y mejor a establecer reglas aceptables de cooperación, que incluyen la integración física, en lugar de pretender la defensa de un sistema de integración económica gravemente deteriorado. Ello implica una más enérgica disposición para contener la hostilidad del señor Morales.



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