• Alejandro Deustua

Frente al Empeoramiento de la Crisis

El rol de motor de la economía global atribuido al conjunto de los países en desarrollo acaba de transitar de lo dudoso a lo improbable a la luz del deterioro de las economías desarrolladas en el primer semestre y la corrección a la baja de su perfomance para el segundo semestre de este año.


Si hasta hoy la Cepal atribuía a estas últimas una participación en el crecimiento global de 1.22% frente al 3.18% atribuido a las economías en desarrollo, la participación de los países en desarrollo tendría que ser bastante superior hoy para compensar el fuerte recorte de la proyección de crecimiento de los países de la OECD a menos de 1% en lo que queda del año (y hasta de crecimiento negativo en el último trimestre en algunas de las economías mayores de la eurozona).


A ese desafío, debe agregarse la posibilidad de una caída de los precios de las materias primas, vitales para América Latina, debido a un menor crecimiento en el Asia y a probable pérdida del impulso que la especulación otorga al precio de esos commodities.


Bajo estas consideraciones de corto plazo, el incremento del comercio intra –regional, que ocurre en el mediano y largo plazo, no parece una alternativa razonable para el 2011 en América Latina (aunque es vital en un mayor horizonte) al tiempo que el desafío estructural de mayor crecimiento de las economías asiáticas (que amplía la brecha con nuestra región) se incrementa.


De otro lado, en un contexto de riesgos y presiones económicas que se retroalimentan por los canales de interdependencia global, la alternativa autonómica sería suicida. En efecto, ello haría realidad la probabilidad de una fuga de capitales en busca de seguridad en el oro y bonos del Tesoro americano, desalentaría los procesos de inversión en curso y arruinaría los compromisos de inversión ya pactados.


De otro lado, poner trabas al comercio leal cuando el incremento del comercio sur-sur ha ganado participación sólo agregaría masa crítica a la realidad actual de estancamiento del comercio global. Por lo demás, arruinar nuestro horizonte de largo plazo por las inconveniencias que presenta el corto plazo sólo dañaría a las corrientes de intercambios con Estados Unidos y Europa que hoy siguen siendo sustantivos para al América Latina (y lo seguirán siendo en el futuro).


En consecuencia, mantener los fundamentos económicos, mejorar nuestra competitividad (situación que el World Economic Forum ha reconocido con una mejor calificación) para aprovechar mejor el momento del repunte y estimular el cambio de perspectiva en los países desarrollados que hoy desea orientarse más al ajuste con crecimiento (alternativa negada para nuestra región durante la década perdida) que al ajuste estructural puro constituye la plataforma vital para la mejor confrontación de la crisis.


Sobre la base de este reconocimiento debemos examinar cómo y con quiénes en el área el Perú puede hacer de la región el escenario privilegiado que le toca compartir cuando la crisis pase.


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