• Alejandro Deustua

El Perú en la OCDE: Un Paso Inicial

La economía peruana será el "caso" que estudiará la OCDE en sus reuniones del primer trimestre del 2008. Ello dice bastante de la expectativa que los fundamentos y perfomance de nuestra economía ha despertado en ese club de países desarrollados. Pero la invitación cursada al Perú para que se integre al Comité de Inversiones de la OCDE agrega mayor status y calidad institucional a ese reconocimiento.


El Comité de Inversiones de la OCDE es uno de los muchos que integran el amplio espectro de preocupaciones temáticas de esa organización, depende del Consejo de sus países miembros y se subordina a su Secretaría. Y como su nombre lo indica, este Comité se ocupa de uno de los contribuyentes principales en la generación del PBI de cualquier economía. Pero lo hace en el marco de uno de los regímenes internacionales principales que contribuyen tanto a la promoción de esos flujos como a la generación de las normas y reglas que los ordenan (el Perú también ha sido invitado a adherirse a la Declaración sobre Inversiones Internacionales y Empresas Multinacional de esa entidad).


Ello supondrá la consolidación del compromiso con la apertura a la inversión extranjera. Este es un lugar común con una diferencia. El Perú se convertirá en uno de los países que patrocinan, en el marco de las economías centrales, la necesidad de esos flujos de inversión y de la presencia de las empresas multinacionales. Esa decisión debería atraer mayor inversión al Perú distinguiéndolo de los miembros de la subregión andina que no favorecen ese ingrediente esencial para la generación de empleo, valor y riqueza.

Ciertamente el Perú está lejos aún de incorporarse plenamente a la OCDE. Pero lo coloca más cerca de Chile (que con Israel, Rusia y Estonia ha sido invitado a participar de esa agrupación) y lo ubica en la estela de las potencias emergentes cuya invitación esta siendo estudiada (Brasil, China, India, Sudáfrica e Indonesia). En consecuencia, hay en esta incorporación parcial también un incremento en la escala de la jerarquía del poder económico.

En tanto ese reconocimiento reclamará mayor cooperación con las economías centrales (hecho que complementa la negociación de acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y la Unión Europea) también importará mayor respaldo económico, incremento de la capacidad de interlocución y, si esa aproximación es bien manejada, mayor influencia desde la perspectiva de los intereses nacionales definidos en el marco global.


Este último punto es vital para distinguir el carácter de nuestra economía (que es la de un país en desarrollo) de las aspiraciones a convertirse en una propia de un país desarrollado. Si bien ésta es una legítima expectativa de todos, algunos países latinoamericanos la han sobrestimado.


Un caso de explotación inmediatista de esa aspiración ha sido el de México. Este país accedió como miembro de pleno de la OCDE luego de suscribir el Nafta. La explotación política de ese hecho colapsó rápidamente luego de la gravísima crisis mexicana de 1994 y del levantamiento de Chiapas que, de la manera más espectacular, llamó la atención sobre las realidades de la pobreza en ese país.


Un caso de manejo más prudente de esa aspiración es el de Chile, vecino que no esconde su legítima ambición de acceder al status de país desarrollado y que trabaja para ello.


Como es evidente, el Perú debe incrementar sus expectativas de status en el marco del trabajo propio antes que del reconocimiento ajeno. Éste vendrá como consecuencia del incremento de las propias capacidades antes que por las vinculaciones establecidas.


Finalmente, lo interesante es menos pertenecer al club de las potencias desarrolladas establecido en 1961 para suceder a la organización que se encargó de coadyuvar al efectivo funcionamiento del Plan Marshall, que lograr efectivamente el desarrollo y promoverlo en nuestra propia región.

Sin embargo, como ocurrirá cuando la economía peruana adquiera el grado de inversión, la aproximación a una de las instancias de la OCDE (el Comité de Inversiones y de Empresas Multinacionales), será un puntal de apoyo a la economía nacional que debiera tener consecuencias estimulantes para el mercado nacional y el regional. Ese reconocimiento impulsará entonces un incremento real de las propias capacidades.



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