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  • Alejandro Deustua

Democracia y Terrorismo en España

El triunfo del PSOE en las recientes elecciones españolas habría sido extraordinariamente bienvenido si no hubiera sido influenciado por la catastrófica acción terrorista. Menos aún cuando el atentado fue abiertamente orientado a alterar el curso electoral y a producir la excepcional pérdida de confianza entre el partido de gobierno y la ciudadanía. En pleno siglo XXI una organización terrorista (asumimos que Al Qaeda) ha cambiado la conducta de los españoles correspondiendo, de la manera más bárbara, a una definición clásica del ejercicio del poder.


Pero éste no ha sido el único impacto del rayo que cayó sobre Madrid el 11 de marzo. Los españoles han sido divididos entre los que sienten que la justicia está de su lado (los socialistas) y los que se sienten traicionados (los partidarios del PP) por una conducta ciudadana que hasta antes de las 7 de la mañana de ese día de marzo, en Atocha, apuntaba a otro rumbo.


En efecto, no sólo la totalidad de las encuestas daba como ganador al partido de Aznar sino que las elecciones inmediatamente anteriores -las regionales y locales que no perdió el PP, especialmente en Madrid- realizadas después del involucramiento español en Irak confirmaban esa tendencia más allá del margen de error. En circunstancias dramáticas, la población no militante y los partidos chicos hicieron la diferencia. Por ello el señor Rodríguez Zapatero ha prometido un gobierno de reconciliación.


Pero las disposición unitaria del PSOE no aparece todavía dispuesta a enmendar el segundo gran impacto del atentado terrorista: el debilitamiento de las fuerzas de la Coalición en Irak y un aparente fraccionamiento de la tendencia a la recomposición de la unidad europea erosionada por la guerra. Es verdad que el señor Rodríguez Zapatero está cumpliendo con lo dicho y prometido en este punto durante la campaña: el retiro de las fuerza española del escenario iraquí por considerar que la guerra ha sido un error y un fracaso. Pero en ello el futuro Presidente de Gobierno español no sólo no tiene en cuenta la circunstancia terrible que permitió su elección sino tampoco las nuevas tendencias europeas (el proceso de reconciliación alemán y francés con Estados Unidos además de la reconciliación intraeuropea en pos de una Constitución) ni la positiva innovación del escenario iraquí (en medio de la ola terrorista, la vigencia de una Constitución que permitirá el traspaso de la soberanía a una autoridad iraquí el 30 de junio). Este proceso sí tiene el apoyo de la ONU aunque no está bajo su mando y la expectativa ciudadana iraquí no tiende al pesimismo al respecto.


El señor Rodríguez Zapatero está en su derecho cuando pide un mandato explícito para que el proceso de reconstrucción iraquí se lleve bajo el liderazgo de la ONU. Su derecho iría acompañado de la razón si la dinámica de la fragilidad geopolítica y de la violencia terrorista iraquí no hiciera ese proceso bastante farragoso mientras que los acontecimientos en el terreno requieren acción y cooperación inmediata. Si el señor Rodríguez Zapatero piensa emplear el capital político que le otorga el retiro de apenas 1300 soldados españoles de un total de 140 mil de 34 países (Estados Unidos aporta 120 mil) que no hacen una diferencia estratégica estaría actuando irresponsablemente. Crear el desasosiego entre los miembros de la Coalición mientras éstos intentan estabilizar una zona hirviente mientras no halla consenso en el Consejo de Seguridad de la ONU-el que es necesario- es simplemente imprudente además de incrementar la debilidad del sistema internacional de seguridad en plena emergencia terrorista. Es de esperar que el futuro presidente de gobierno español reconsidere su posición.


Por lo demás el nuevo gobernante tendrá que saldar la brecha de confianza con la ciudadanía a propósito del manejo inicial de la información sobre el atentado por el señor Aznar que no ha hecho sino incrementar la suspicacia ciudadana sobre el manejo de inteligencia que los coaligados principales hicieron en las inmediaciones de la guerra. Ello no se va lograr poniendo en riesgo la información clasificada necesaria para investigar el atentado de Atocha ni debilitando las fuerzas de inteligencia frente a la agresión terrorista que en estos días se incrementará. El señor Rodríguez Zapatero lo sabe y estamos seguros de que no cometerá ese gravísimo error.


Por primer vez desde 1975, una elección española ha sido alterada gravemente por un factor exógeno. El electo Presidente de Gobierno español no podrá ejercer adecuadamente el cargo olvidando el origen de su triunfo.

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