• Alejandro Deustua

Chile: La Víspera del Cambio de Época

10 de marzo de 2022


El 11 de marzo Gabriel Boric, un experimentado político de apenas 35 años, asumirá la presidencia de Chile confirmando un cambio generacional en la conducción del Estado y un cambio de era en la orientación política de su país.


La primera característica se origina en la experiencia del Sr. Boric en el movimiento estudiantil del que fue siempre un líder y que sentó las bases del provenir político del nuevo presidente. Esa experiencia se enriqueció en la articulación de movimientos sociales que encontró en las calles, antes que en las jerarquías partidarias, el escenario para la realización de sus planteamiento iniciales. La concreción principal de estos planteamientos fue la negociación del Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución que, en 2019, zanjó el estallido social a cambio del rediseño de la articulación del Estado.


La segunda característica del cambio generacional que presidirá Boric es el “movimientismo” que echó por la borda el “modelo” chileno que tanta jerarquía y éxito trajo a su país y cuya influencia se consideró, eventualmente, como la alternativa al modelo cubano en América Latina . El Sr. Boric formó parte de esos movimientos sin perder nunca jerarquía en ellos desde sus tiempos de dirigente universitario, pasando por su elección como diputado antisistémico en 2013 hasta la presentación de su candidatura presidencial en marzo del 2021.


En ese trayecto el presidente electo contribuyó a construir diversas organizaciones excéntricas que lo llevaron al poder (Convergencia Social o Unidad Constituyente, Chile Digno, Apruebo Dignidad -de la que fue candidato presidencial- y el Frente Amplio). Si la velocidad con que instrumentó o formó parte de esas diversas entidades confirman que el Sr. Boric es, ante todo, un “movimientista”, ella demostra también una gran capacidad para forjar alianzas dúctiles en el ámbito de la izquierda con la flexibilidad que permite el sustento en valores (los derechos humanos, la justicia social) antes que en ideologías de rígida doctrinaria. Ello le permitió adaptarse a muchos moldes dentro de las corrientes “anti-neoliberales” de su país.


Sin embargo, una vez electo, el Sr, Boric ha recurrido a su experiencia parlamentaria para concluir que, además del humanismo, las necesidades del gobierno requieren tecnocracia. Especialmente en ámbitos tan sensibles como el económico. Así, para el cargo de ministro del sector ha escogido a un compañero de luchas estudiantiles y de tendencia ideológica pero también un académico de la más alta titulación: Nicolás Grau. La experiencia en el área, por conocimientos y edad (62), la aportará, sin embargo, el nuevo ministro de Hacienda, Mario Marcel, socialista, proveniente del Banco Central.


En medio de expectativas sociales crecientes potenciadas por la elección de Boric, estos ministros deberán contribuir a superar el muy bajo pronóstico de reactivación económica de este año (1.9% según el FMI) o la presión inflacionaria externa (que empujará hacia arriba la inflación proyectada de 4.4%) o la reducción de la pobreza (11%) y de la desigualdad (una de las causas del “estallido social”). Y también a administrar el impacto en el sector privado de la eventual “nueva gobernanza de salares para la gestión (pública) del litio” y hasta procesos de nacionalización o estatización minera promovidos desde la Convención Constitucional. Esta proclividad puede generar el desperdicio del boom internacional del precio del cobre agravando la situación creada por la fuga de capitales (US$ 50 mil millones aproximadamente- “el último tiempo” a noviembre pasado -LT-).


De otro lado, las concesiones a las alianza y al pragmatismo no implican para el Sr. Boric llamados orgánicos de “ancha base”: su gabinete está organizado esencialmente por militantes de izquierda e independientes.


En ese marco, la política exterior quedará al mando de una independiente con vínculos con el Partido Socialista, la “izquierda humanitaria” y la pragmática de la época de la Concertación. Ése es el perfil de Antonia Urrejola, ex- presidenta de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con experiencia asesora en los gobiernos de los señores Frei y Lagos y cercana al exsecretario General de la OEA, José Miguel Insulza.


La Sra. Urrejola deberá intentar inscribirse en el abstracto marco de una política exterior “feminista”(el programa de gobierno de Apruebo Dignidad indica al respecto que “ningún asunto internacional…se puede resolver sin una perspectiva de género”) y encontrar el punto medio práctico en la cromática aproximación “turquesa” a la política exterior (una referencia a la simbiosis de las prioridades de lucha contra el cambio climático -“el componente verde”- y la protección de los océanos -“el “componente azul”-).


Estos ejes son complementados por la prioridad externa del multilateralismo (un escenario hoy debilitado) sustentado en una perspectiva “latinoamericanista” y del “sur global” y por la prioridad interna del “emprendurismo” que implica una mayor coordinación de estrategias con el desarrollo local.


Al respecto, la futura canciller ha brindado alguna perspectiva concreta a estos planteamientos generales rescatando los activos de la “postdictadura” en relación con los vecinos (una tarea que debiera facilitarse por la afinidad ideológica con los gobiernos de esos Estados) o el liderazgo en las conferencias ambientales (las COP). Aquí, el énfasis estará en el cumplimiento de los mandatos del acuerdo de Escazú (un acuerdo reiterativo sobre protección ambiental regional con serios vacíos en la protección de la propiedad intelectual en el área) y el Pacto Global para una Migración Segura suscrito en Marrakesh (que tendrá en cuenta el descontrol migratorio generado por el arribo multitudinario de ciudadanos venezolanos a Chile).


En lo inmediato, Boric ha expresado solidaridad con el pueblo de Ucrania y ha calificado al régimen venezolano de pertenecer a la “izquierda fracasada” y se ha distanciado de la dictadura de Nicaragua y de sus recientes elecciones (contrariando el apoyo brindado a ortega por el Partido Comunista chileno) como señal de su militancia democrática. Éstas son señas claras de su propio camino. Veremos qué ocurre con sus alineamientos.


De otro lado resalta, entre los problemas que deberá afrontar el presidente electo, la fragmentación parlamentaria. Esta dificultad supera la ventaja de haber logrado una diferencia de 11% sobre el representante de la derecha José Antonio Kast (quien ganó la primera vuelta en noviembre pasado). En efecto, con 17 senadores y 35 diputados Apruebo Dignidad no tiene mayoría en ninguna de las dos Cámaras mientras que la derecha ha equiparando fuerza en Diputados y Senadores. La sensatez debiera obligar a lograr niveles importantes de concertación. Pero en los tiempos que corren ello no será fácil.


De otro lado, los cambios que emergen de la Convención Constitucional serán tan radicales como difíciles de gestionar si son aprobados. Así, por ejemplo, si el territorio es “único e indivisible” según las normas de la nueva Constitución (art. 3), ésta define al Estado, casi contradictoriamente, como “regional, plurinacional e intercultural conformado por entidades territoriales autónomas…” (art 1) y se organiza en “autoridades autónomas, comunas autónomas, autonomías territoriales indígenas y territorios especiales “ (art.2).


Tal definición del Estado y de su base territorial ( que muestra la influencia plurinacional boliviana), no parece convergente con la tradición constitucional chilena. El plebiscito que decidirá sobre la Constitución emergente se limitará a su aprobación o rechazo. No habrá en esa Constitución posibilidad de enmienda. Si es aprobada el Sr. Boric cargará con una mayor responsabilidad al implementarla: ésta es producto de la Convención que él contribuyó a forjar. Cualquiera que sea el resultado del plebiscito, revolucionario o conservador, éste será conmocionante. Y, por tanto, quizás sea el desafío mayor que el presidente electo deberá afrontar como sostienen algunos comentaristas chilenos.


En ese marco, la perspectiva del gobierno del Sr. Boric no parece estable. Algunos de sus vecinos probablemente ya lo han advertido.


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