2008: Aceleración del Cambio
- Alejandro Deustua
- 2 ene 2009
- 2 Min. de lectura
El 2008 ha constituido un punto de inflexión en el incierto proceso de construcción de un nuevo sistema internacional.
Desde la conclusión del anterior (1989-1991), sólo el ataque terrorista contra Estados Unidos (2001) y la secuencia de la segunda guerra del Golfo ( 2003) mostraron tan abiertamente la precariedad del actual āmomento unipolarā. La gravĆsima crisis económica que afrontamos debilita mĆ”s las condiciones de este perĆodo de transición.
Sin embargo, es posible pronosticar que cuando el ciclo recesivo termine, la estructura del sistema contarÔ con una mÔs plural distribución del poder, la cooperación interestatal convivirÔ con mayor fricción y la gobernabilidad de la interdependencia global mejorarÔ quizÔs sólo en relación a sus agentes económicos.
Cuando ello ocurra, Estados Unidos confirmarÔ que no sólo no es una potencia imperial sino tampoco un hegemón capaz de regular unilateralmente el contexto externo. Sin embargo, aún no habrÔ reemplazante para el disminuido, pero real, predominio de esa superpotencia.
En efecto, la incapacidad europea o japonesa de asumir el liderazgo en el control de la crisis, compite hoy con la incapacidad de arrastre que se otorgaba, hasta hace poco, a potencias emergentes como China e India. La desaceleración del crecimiento de estas últimas disminuye su influencia externa y replantea sus prioridades internas.
AsĆ, aunque el rumbo hacia la multipolaridad se incrementarĆ” con la crisis, su configuración parece aĆŗn lejana. AdemĆ”s, esa aceleración serĆ” acompaƱada por mayor competencia estratĆ©gica y por una renovada conflictividad regional.
Económicamente hoy esta tendencia es minimizada por el alto grado de convergencia mostrada por el G-20 y la APEC en la lucha contra la crisis. Pero el 80% del PBI mundial allĆ representados debe medirse tambiĆ©n por el mayor peso de los intereses nacionales en juego. Para evitar que la interacción consecuente agregue todavĆa mĆ”s fragmentación económica se requerirĆa mayores dosis de cooperación entre los Estados liberales.
Ćstas podrĆan provenir de un renovado multilateralismo financiero. Para ello se requiere recursos y la materialización de denominada ānueva arquitecturaā. Pero la disposición reactivadora de los primeros estĆ” hoy mĆ”s en manos estatales que globales y la segunda se restringirĆ” a una mayor participación no paritaria de las potencias emergentes en instituciones cuyos roles debieron actualizarse la dĆ©cada pasada.
A ello debe agregarse la dificultad de reanudar la ronda Doha y el menor protagonismo del resto del sistema de la ONU por la concentración multilateral en el sector financiero.
Ello tiende a desviar recursos de la atención de otros problemas globales (el medio ambiente, la pobreza, el terrorismo). Las interacciones consecuentes tenderÔn a complicarse si no se logra una gobernabilidad internacional adecuada.
Si Ć©sta no emerge, podremos observar un perĆodo de mayor fragmentación en el Ć”mbito global. En consecuencia, una mayor cooperación entre Estados liberales serĆ” definitoria para la orientación adecuada de estas tendencias.



