• Alejandro Deustua

Una Nueva Etapa de Inserción Internacional

El Perú está en vías de concluir, en el corto plazo, una etapa principalísima de su nueva inserción económica. En efecto, cuando culmine la negociación del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, esté vigente el TLC con China, concluya la negociación con Japón y se elimine las dificultades de implementación del acuerdo con Estados Unidos, el país habrá consolidado su vinculación contractual con las cuatro primeras potencias comerciales del mundo.


Con el acceso pactado a un mercado responsable de 34% de las importaciones y 38% de las exportaciones globales el Perú ya no dependerá de la concesión unilateral de esquemas generosos pero arbitrarios (los SGP) ni de negociaciones multilaterales que no controla (la ronda Doha) en su relación con las grandes economías. Ello implica que la inserción formal adquirirá una nueva dimensión estructural, la apertura económica devendrá en jurídicamente irreversible, el interés nacional emergente minimizará las complicaciones de la política interna y los agentes económicos tendrán un derrotero normativo seguro y de largo plazo.


Si a ese empeño se agrega la red de acuerdos de complementación económica latinoamericana y los que se desarrollarán en el marco APEC, los agentes económicos habrán adquirido, a través del Estado, bastantes más que 3 mil millones de clientes potenciales mientras que la inversión correspondiente debería poder hacer la diferencia entre una economía ordenada y una plenamente emergente.


Para que ello ocurra, sin embargo, se requerirá algo más que la recuperación de la economía y el comercio mundiales, la mejora inercial de los términos del intercambio o la esperanza de una menor vulnerabilidad que la apertura crea. Para una economía como la nuestra cuya participación en las exportaciones globales es de apenas 0.20% (OMC) y aún dependiente de una oferta exportable de carácter primario, la diversificación está atada al mejoramiento de la productividad y de competitividad locales.


Si bien ello depende del esfuerzo nacional, también requiere de escala. Y si ésta aún descansa en condicionamientos geográficos, la mayor integración con economías afines como las del Arco del Pacífico y las complementarias de la cuenca amazónica es indispensable. Ello compensará la fragmentación andina en cuyo escenario la integración física y la cooperación económica es aún posible.


Pero esto puede ser aún insuficiente para la agregación de valor en la relación con las economías mayores. En consecuencia el esfuerzo político para realizar las nuevas oportunidades económicas será siendo necesario.


Éste debería orientarse, primero, a consolidar la relación con Occidente ahora más viable con el mecanismo de diálogo con la Unión Europea y los antecedentes de seguridad que facilitaron el TLC con Estados Unidos. Ello debiera resultar en la promoción política de inversiones estratégicas viables y reclama la protección efectiva de productos sensibles identificados en los acuerdos. En segundo lugar se requerirá que la inversión pública, hoy justificada por la crisis, complemente a la privada en la satisfacción de requerimientos de infraestructura y de masa crítica de oferta exportable.


En el plazo inmediato el país requiere movilizar todos sus recursos para lograr una inserción más favorable.



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