• Alejandro Deustua

Venezuela: La Consagración del “Chavismo”

Luego del fracaso del golpe de 1992, Chávez abandonó esa vía para implantar su particular agenda socialista y optó por la aproximación electoral. Acorde con el sustento militar de su “Movimiento” ésta se entendió como mera superioridad numérica antes que como ejercicio balanceado de la democracia liberal.


Así, si en 1998 Chávez sacó del camino a los partidos políticos, en 1999 recurrió a un referéndum para aprobar una Constitución que eliminó la democracia representativa como forma de gobierno. Y aunque en el 2007 fracasó en lograr el apoyo ciudadano para la organización de un Estado cuasitotalitario cuyos ciudadanos debían reelegirlo indefinidamente, hoy acaba de lograr su objetivo: Chávez conducirá, sin término, a Venezuela mediante un apoyo popular estratégicamente cultivado. De esta forma confirma su personal “destino político” y el de un Estado que él entiende como indesligable de su particular patrocinio bolivariano.


Como es obvio, esa tarea ya está fuertemente adelantada. De otra manera, el gobernante venezolano no habría logrado controlar todos los recursos públicos para hacer frente a una oposición aún desestructurada. Y tampoco habría conseguido ampliar el control estatal de los medios de comunicación, ni producir amedrentamientos selectivos en gran escala, ni subordinar a la fuerza armada y hacer alarde de ello, ni patrocinar el control social a través de la inteligencia cubana, ni confrontar a la Iglesia Católica como autoridad moral y poder fáctico.


Por lo demás, en una región donde, pese a quien le pese, la disciplina económica determina la calidad del interlocutor, el poder personal de Chávez permite la extracción de US$ 12 mil millones de las reservas para hacer frente al gasto público subordinando al Banco Central. Y la empresa pública no se queda atrás: aún con precios hiper- reducidos, PDVSA debe facilitar el flujo de petróleo subsidiado a los países del ALBA y a los que integran Petrocaribe.


Por lo demás, a falta de seguridad jurídica, es el poder de Chávez, antes que el estatal, el que instiga buena parte del sector privado a no presentar demasiadas aristas. Más allá del empleo amenazante de las nacionalizaciones, el vínculo empresarial con el gobernante esboza una peculiar aproximación corporativista a la economía.


En este marco personalista, la predisposición antioccidental de Chávez agrega dimensión subjetiva a la alianza estratégica con Cuba y con Bolivia: con las consecuencias del caso, la filiación particular es allí tan estrecha como la estatal. Ella matiza la centralidad geopolítica venezolana: Chávez no se ha afiliado a China, Rusia e Irán sólo por razones geopolíticas sino “ideológicas” marginando a la Unión Europea. Según su particular punto de vista, ésta sólo es un aliado más del “imperio” como lo son, en su percepción, Estados como el peruano o el colombiano.


El personalismo que fundamenta la reelección indefinida agravará la vocación hegemónica del chavismo agregando conflicto en la región. La crisis económica le viene de perillas.




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