• Alejandro Deustua

Una Salida Viable Para la Crisis Siria… Pero Aún en Guardia

Antes que una salida diplomática, la crisis siria ha encontrado un proceso de entendimientos incrementales entre los involucrados que tiende a paralizar –no a cancelar- la acción unilateral o no autorizada contra el gobierno de Assad. Este esfuerzo debe ser apoyado. En medio del episodio marcado por la decisión de emplear, de manera no debidamente acordada, la fuerza punitiva contra ese gobierno por su aparente uso de armas químicas antes de que la ONU hubiera logrado probar el hecho, se llevó a cabo la cumbre del G20 en San Petesburgo.


Si ese foro fue escenario de una hostilidad personal e interestatal pocas veces tan explícita entre los presidentes de Estados Unidos y Rusia, una “coalición de los dispuestos” empezó a formarse en la más occidental metrópoli rusa. Australia, Canadá, Francia, Italia, Japón, República de Corea, Arabia Saudita, España, Turquía, el Reino Unido y los Estados Unidos suscribieron un pronunciamiento condenando el uso de armas químicas en Siria. Estos países llamaron a una respuesta firme a esta violación del derecho y de la “conciencia” internacionales expresando frustración por la parálisis del Consejo de Seguridad al respecto y la insostenibilidad de esa realidad frente al riesgo de la proliferación, el sufrimiento poblacional y la inestabilidad en el Medio Oriente. En consecuencia, se comprometieron a empeñar esfuerzos adicionales –también en la ONU- para confrontar la amenaza de las armas químicas sirias. Este inicio de pronunciamiento plurilateral fue un avance que no excluía ni la acción militar (aunque no se comprometía con ella), ni el abandono de la materia en la ONU (que, más bien se enfatizó), ni la acusación directa al gobierno de Assad con pruebas materiales (al respecto sólo se mencionó una conjetura: la materia probatoria disponible apunta -“points”- al régimen sirio y a un patrón de conducta por éste). Pero especialmente sostuvo que el conflicto sirio no tiene solución militar y que la solución política es la única posible. Al respecto se conminó a la misión de la ONU que, bajo el mandato del Secretario General, busca pruebas en el terreno, a presentar su reporte a la brevedad. Si bien la declaración abarcó al conjunto de aliados norteamericanos concurrentes al G20 no dio señales de los que no concurrieron. Es más, el gobierno británico ya había perdido en la Casa de los Comunes su iniciativa para la acción militar y las consultas del gobierno norteamericano con el Congreso no aseguraban en ese momento un apoyo decisivo a la intervención (encuestas posteriores de Pew y de Gallup indica que 63% y 51% de los ciudadanos estadounidenses, respectivamente, se oponen a la intervención armada en Siria). Este escaso apoyo interno (tramitado además como si se tratara de un asunto doméstico) probablemente mermó la decisión bélica anunciada por el Presidente Obama (la del Primer Ministro Cameron ya había sido desahuciada) y condujo al gobierno francés a comprometerse a someter al Consejo de Seguridad una resolución sobre desarme químico en Siria bajo el Capítulo VII de la Carta de la ONU.


A esa iniciativa se llegó quizás no por propuesta del gobierno francés (al revés de lo que indica hoy The Economist a pesar de que esa publicación ya había sugerido esa alternativa en una edición anterior) sino por la interacción entre el gobierno ruso (al que se le atribuye la propuesta) y el norteamericano (al que se le atribuye la rápida reacción en recogerla). Al respecto quizás el Secretario Kerry no mencionó el tema al paso (como dicen algunos de los más importantes diarios norteamericanos) y quizás ni siquiera fue al gobierno ruso a quien se le ocurrió la idea in extremis. Ésta parece más bien una alternativa diplomática identificada previamente que necesitaba un aparato de presentación pública y que requería de ciertas formalidades al respecto.


De cualquier manera, la alternativa es buena y conjuga intereses en el Consejo de Seguridad (China acaba de expresar su apoyo a la “idea rusa”). Ésta no sólo es viable sino también operativa. En efecto, la ONU dispone de una entidad especializada en monitorear acciones de desarme químico (la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas en el marco de la Convención sobre Armas Químicas de 1992).


El hecho de que Siria sea uno de los poquísimos Estados que no han suscrito la universal Convención (193 miembros hasta el 2011) no impide que se comprometa a cumplir con sus objetivos sea por voluntad propia (situación posible) sea por coacción (situación probable vía una resolución coercitiva del Consejo de Seguridad que cuente con el voto de Rusia y China bajo el Capítulo VII de la Carta).


Ésta debería contener provisiones que permitieran el uso colectivo de la fuerza en caso de incumplimiento sin la necesidad de otra resolución evitando referencia ambiguas (como, por ejemplo, que Siria se verá sometida “a las más graves consecuencias” si no cumple en tanto esa terminología fue usada en la resolución que dividió al Consejo de Seguridad en la intervención en Irak del 2003).


A mayor abundamiento, Siria podría aprovechar la oportunidad para suscribir la Convención sobre Armas Químicas como paso previo a una negociación con la oposición reconocida (la que excluye a Al-Nusra afiliada a Al Qaeda) para encontrar una solución a la guerra civil en ese país.


Ese paso puede constituir, además, el renacimiento de las responsabilidades de la comunidad internacional con el inconcluso régimen de la Responsabilidad de Proteger a poblaciones sometidas a crímenes de lesa humanidad.


El asunto no será fácil porque queda pendiente la determinación de responsabilidades por crímenes de guerra (que debe ser resuelto quizás con la salida de Assad) y de la gobernabilidad posterior de Siria en una región inestable, violenta y poblada de estados anacrónicos o fallidos.


Pero, aún en el marco de esas dificultades, se habrá evitado mayor sufrimiento a la población siria y prevenido una guerra regional, el Consejo de Seguridad habrá probado su utilidad como único foro de seguridad colectiva global –que debe ser reformado-, se habrá desescalado una peligrosísima confrontación entre Estados Unidos y Rusia y la primara potencia podrá atender mejor muy graves emergencias en el Asia que requieren de su intermediación en un contexto de emergencia multipolar.


El Perú debe contribuir a impulsar la resolución referida en el marco de la Asamblea General de la ONU. Y, como toda la comunidad internacional, mantenerse en guardia hasta que el acuerdo se haya logrado e implementado.


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