• Alejandro Deustua

Una Reunión Minimalista del "Arco del Pacífico Latinoamericano"

En un marco regional de fragmentación manifiesta un nuevo foro de cooperación latinoamericana entre Estados afines va cuajando en América Latina. Aunque su propósito declarado sea por el momento económico, ese foro, a la luz del escenario convocante (el hemisferio americano y la cuenca del Pacífico), tiene evidentes connotaciones estratégicas y geopolíticas que no serán aprovechadas adecuadamente si, como ocurre hasta hoy, el foro se limita a congregar a los ministros de Comercio Exterior de la costa oriental latinoamericana.


En efecto, la Iniciativa de la Cuenca del Pacífico Latinoamericana reclama el mejor trato de su dimensión política y de seguridad para mejorar el arraigo hemisférico y la proyección marítima de sus miembros. Sin embargo, la segunda reunión del "arco del Pacífico latinoamericano" que se inaugura hoy en Lima parece tener aún la impronta meramente tecnocrática que le impuso la primera reunión celebrada en Colombia en enero pasado.


En aquella oportunidad, los ministros de Comercio Exterior de Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y México definieron el foro como uno que debía promover la cooperación entre sus miembros y con el Asia Pacífico en materias de promoción de comercio, de inversiones y de mejora de la infraestructura y de la innovación tecnológica. El incremento de los intercambios de bienes y de flujos financieros y el aumento de la competitividad regional debía iniciarse sobre la base de una mejora de la convergencia a partir de la compatibilidad de, por ejemplo, las normas de origen, de la estandarización de los regímenes promoción y protección de inversiones (se encargaron un par de estudios al respecto) y de la búsqueda de sinergias infraestructurales.

Sobre esa base minimalista los representantes ministeriales debieran avanzar en la identificación de complementariedades a partir de hoy en Lima. Sin embargo, si la agenda de la reunión no supera esos antecedentes, la iniciativa del "arco" puede perder potencial.


Y si éste deriva del común denominador que brinda el escenario geográfico, el compromiso con el libre mercado a través de acuerdos, en general, bilaterales, la vocación democrática-representativa de los Estado concurrentes y la vinculación comercialmente negociada o por negociarse de todos los miembros con Estados Unidos y la Unión Europea se calará mejor la capacidad de inserción externa y de equilibrio geopolítico del "arco". Su peso en el contexto latinoamericano y en relación a Estados Unidos, la Unión Europea, y el Asia-Pacífico puede incrementarse en proporción mayor a la de su masa crítica.


Para empezar el foro del arco del Pacífico incorpora una dimensión marítima y liberal en América Latina que contrasta con la continental y autárquica que patrocina el régimen venezolano y su influencia en el corazón suramericano (especialmente Bolivia) y el Cono Sur.


Ese contrapeso a esa influencia beligerante y corporativista es ahora más necesaria para Latinoamérica y para el hemisferio americano dado que el régimen venezolano, que lidera esa influencia regresiva, está progresando hacia el "autoritarismo democrático" y eventualmente hacia la dictadura mientras sus asociaciones extra -regionales (especialmente con Cuba e Irán) son cada vez más contenciosas para sus vecinos.


La importancia de ese contrapeso incluye al Brasil al brindar a esa potencia emergente una plataforma de recomposición de sus capacidades políticas tan mermadas por su indisposición a contener al régimen chavista (el Canciller Celso Amorim ha sido invitado a la reunión de Lima). Ello podrá templar también la voluntad de los socios del MERCOSUR cuya cohesión como grupo se ha diluido para acomodar una membresía plena de Venezuela.

De otro lado, los vínculos contractuales y asociativos de los miembros del "arco" con Estados Unidos (que, en el caso de los andinos, deben aún confirmarse) y los que se negocian con la Unión Europea (salvo en el caso de México y Chile que ya están formalizados) otorgan a la región un arraigo occidental de carácter económico y político suficientemente sólido como para afrontar la relación con los países del Asia Pacífico de manera más fluida.


Y en tanto la relación entre los miembros del "arco" supera a la que éstos sostienen en relación a la APEC (sólo Perú, Chile y México son miembros de esa organización) cuya próxima cumbre se realizará en Lima el 2008, la posibilidad de que el resto de los Estados miembros obtengan los beneficios que se derivan de la acción conjunta se incrementa notablemente para todos. Entre ellos podrían estar los de una eventual membresía que podría incluir los objetivos mayores de la APEC: el establecimiento de una zona de libre comercio entre los países en desarrollo de la cuenca hacia el 2020 (el plazo para los países desarrollados vence, a estos efectos, el 2010). A la luz de la pérdida de competitividad de América Latina con el Asia, esa relación debería contribuir a disminuir considerablemente el desequilibrio interregional.


Por lo demás, la articulación del "arco" generará también oportunidades para Estados miembros que han incrementado sus niveles de fricción (por ejemplo Perú y Chile) si sus autoridades aprovechan las ventajas que provienen del acceso conjunto a los mercados asiáticos, del transporte compartido o, digamos, de una mejor negociación de fletes y seguros para productos de gran demanda como las materias primas.


Todo ello requiere de una capacidad negociadora que los ministros de Comercio Exterior no poseen. Para esos propósitos la participación de los Estados miembros en el foro del "arco" debe ampliarse a los ministros de Relaciones Exteriores. Y si la organización estratégica de ese foro cuaja como debiera, uno de sus escenarios emergentes será el de la seguridad lo que requerirá más adelante la participación de los ministros de Defensa. En un contexto que tiene a nuevos equilibrios, esa evolución sería fundamental para la región y el hemisferio.



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