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  • Alejandro Deustua

Una Nueva Relación con Bolivia y Chile

25 de enero de 2006



Los cambios de gobierno en Bolivia y Chile innovarán la relación de ambos Estados con el Perú en el contexto de una fuerte pérdida de dinamismo de la vinculación reciente con ambos. La innovación provendrá más desde Bolivia debido a la proyección del cambio estructural ocurrido en ese país y menos desde Chile que refleja más continuidad en sus políticas. Aunque la política exterior chilena prioriza el arraigo suramericano como escenario vital, su dimensión subjetiva sigue traduciendo no poca sensación de aislamiento vecinal. La complicación del suministro de gas argentino, los diferentes planos del problema de la mediterraneidad bolivana y la consolidación de la controversia jurídica de delimitación marítima con el Perú parece incrementar en su opinión pública la percepción de un entorno arisco que, en su perspectiva, debe revertirse antes de progresar. En el marco de la nueva disposición de apertura boliviana hacia Chile y del relanzamiento de un diálogo sin exclusiones que incluye el tema del mar y, eventualmente, el restablecimiento de relaciones diplomáticas, la presidente Bachelet encontrará en ese frente una seria posibilidad de progreso. Éste (si lo hay) será medido también en función de eventual ausencia de iniciativas con Argentina y con Perú. Con nuestro país el estancamiento actual podrá empeorar si el clima generado por el candidato Humala continúa distorsionando el patrón perceptivo del vecino y complicando la realización de nuestros intereses nacionales. En ese marco, la relación peruano chilena debe mejorar sustancialmente con el propósito estratégico de consolidar un ancla de estabilidad en el área. En el ámbito comercial debe culminarse la ampliación del ACE 38 a la brevedad y en el financiero deben corregirse cooperativamente distorsiones ligadas a la asimetría de capacidades económicas y a la orientación imprudente de parte del capital chileno. Y en el ámbito de seguridad deben vigorizarse las medidas de fomento de la confianza en escenarios que ofrezcan resultados concretos como las operaciones conjuntas de mantenimiento de la paz (p.e Haití). Mientras tanto, la búsqueda de equilibro estratégico en el Pacífico sur y la solución controversias limítrofes deben ser asumidos en el espíritu de interdependencia aplicable, p.e., a la solución del problema de la mediterraneidad del vecino altiplánico. Ello permitirá una mejor relación con Bolivia cuya incierta mutación interna incluye la redefinición del Estado y cuya proyección externa introduce importantes cambios contextuales. Ello requiere mayor cooperación con el vecino y un nuevo enfoque inducido por la alteración de la relación con Estados Unidos (que pasa de la aproximación a la vinculación pragmática incluyendo el narcotráfico y el TLC), por la ya referida relación con Chile y, especialmente, por la innovación cubano-venezolana (que afectará la situación estratégica del Perú incrementando, eventualmente, su vulnerabilidad). Teniendo en cuenta la retracción de la relación bilateral debido a la crisis boliviana de los últimos dos años, es necesario que el Perú retome la iniciativa con ese país incrementando sustancialmente la vinculación económica con los departamentos del Oriente y procurando en el altiplano una cooperación más práctica (manejo de cuencas), estabilizadora (programas sociales y de seguridad) y redinamizadora (replanteamiento de cooperación aduanera, portuaria y turística). Aquí será fundamental minimizar el impacto de la carga política del actual gobierno boliviano para poder progresar.

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