• Alejandro Deustua

Un Cuestionable Cambio Económico Estructural (Esta Vez Sorpresivo)

Mientras los países desarrollados muestran signos de recuperación, los emergentes se desaceleran. Esta inversión de tendencias, cuya duración no es aún estimable, ha dado lugar a la correspondiente alteración de expectativas en el mercado y hasta a cuestionables opiniones sobre un súbito cambio en la estructura de la economía mundial. En este último escenario una contienda de percepciones antes que de certezas ha agregado incertidumbre sobre la implicancia sistémica del cambio en cuestión. Ello puede influir en el comportamiento de los mercados. Por ejemplo, acelerando la fuga de capitales desde las economías emergentes hacia las desarrolladas si la conclusión es que éstas predominan nuevamente en la contribución al crecimiento global como anuncia el Wall Street Journal (WSJ). Veamos. Toda recuperación en los países desarrollados debería tener efectos de arrastre positivo en las economías emergentes. Normalmente ésta es una buena noticia. El fuerte incremento de la interdependencia entre ambas economías debería anunciar buenos resultados para ambas. Pero no ése el comportamiento a la vista: la desaceleración en los emergentes es marcada. Veamos las buenas noticias. En junio el promedio de crecimiento industrial de la Eurozona (el gran agujero negro de la economía de Occidente) subió 0.7% impulsado por la producción de bienes duraderos mientras que la producción industrial alemana se incrementó en 2.5% (Eurostat). Ello ha fortalecido el pronóstico de que la Unión Europea podría salir de la recesión en el segundo semestre de este año y se ha reflejado en el crecimiento del conjunto de la economía europea (0.3% entre abril y junio según Eurostat). Y en Estados Unidos, el consumo (70% de la economía) creció en julio a la mayor tasa de los últimos siete meses teniendo como referencia el incremento de 0.3% en la compras al menudeo (Reuters). Ello y la caída del desempleo en ese mes a 7.4% (el nivel más bajo desde el 2008) confirma que el crecimiento lento pero seguro del conjunto de la economía norteamericana (1.7% entre abril y junio según IIP Digital) es un hecho (pero no plenamente consolidado). A mayor abundamiento, Japón creció por tercer trimestre consecutivo entre abril y junio pasados. Aunque, la tasa de crecimiento del segundo trimestre del año (2.6% anualizada) fue inferior a la del primero (3.8%) debido a la cautela mostrada por las grandes corporaciones sobre las perspectivas japonesas de largo plazo, el crecimiento observado no deja de ser una buena noticia. Menos aún, cuando el menor gasto de capital fue en alguna manera compensado por el consumo privado que creció 0.8% por encima de lo esperado. Ello confirma el optimismo de los consumidores japoneses generado por la expansión fiscal y monetaria impulsada por el Primer Ministro Shinzo Abe. De otro lado, China, la principal economía emergente, creció 7.5% en el segundo trimestre superando la tasa de 7.2% en el primer trimestre. Pero este ritmo de crecimiento está aún por debajo del 7.8% anual proyectado por el FMI. Ello confirmaría que, si China fuera representativa de las economías emergentes (que no lo es), éstas se están desacelerando. Pero existe la otra cara de la medalla: el incremento en julio de las exportaciones chinas en 5.1% (vs 3.1% en junio) mientras que las importaciones crecieron ese mes 10.9% (vs.0.7% en junio) (Administración General de Adunas reportadas por China Daily). Al margen de la necesidad china de crecer al compás de su propia demanda, el resultado más notable de este incremento es que China estaría evitando un aterrizaje duro. Y aunque la demanda de sus exportaciones no sea aún sólida, existe. Como existe la oferta externa de los países desarrollados que se expresa en el incremento de las exportaciones a China. La conclusión de este conjunto de hechos sugeriría que la economía global estaría mejorando con impacto positivo en las economías emergentes. Lo raro es que, hasta hace muy poco la econometría multilateral anunciaba lo contrario y que las economías emergentes se estén desacelerando a pesar de la mejora en los desarrollados. En lugar de explicar esta situación correspondiente a los misterios de la interdependencia, el Wall Street Journal (WSJ) salta a una conclusión estructural. En efecto, en base al progreso puntual de la Unión Europea, Estados Unidos y Japón, (y atendiendo a los cálculos de un empresa privada -Bridgwater Associates-) el WSJ estima que el aporte al crecimiento de los países desarrollados es este año superior al de las economías emergentes quebrando la mayor contribución lograda por los emergentes (50% plus) en una proporción de 2.01 a 1.43 y revirtiendo una tendencia mostrada desde el 2007 (The Economist). Aquí ingresamos en el escenario incierto de los econometristas. No contento con no esclarecer su metodología (The Economist pone en duda la evaluación del WSTJ pero no contesta con cifras), el WSTJ salta a conclusiones estructurales (la recuperación de la primacía de los países desarrollados en el crecimiento de la economía global) sin decir nada sobre el efecto de este cambio en las economías emergentes. Ello genera dudas sobre el efecto de ese cambio, el tipo de participación y la influencia de las economías emergentes mayores en la economía global y, por tanto, sobre el conjunto de ésta. Tan importante es la materia en cuestión que The Economist se ocupa de precisar que, si bien la influencia en el mercado del conjunto de los BRIC se ha debilitado, la participación del conjunto de los emergentes en el crecimiento global sigue siendo superior a la de los desarrollados. Por lo demás, las economías emergentes crecerán 5% este año y 5.4% el próximo, mientras que los países desarrollados crecerán 1.2% este año y 2.1% en el 2014. Pero lo importante es que los emergentes crecerán en esa magnitud en un mercado que duplica al de 1992. Siendo por tanto más difícil influir en él individualmente, el hecho resaltable es que el conjunto de las economías emergentes siguen contribuyendo significativamente al crecimiento del conjunto y los desarrollados (con mucho mayor productividad y menos población) menos (aunque tomados individualmente éstos destaquen, como es normal). Pero el WSJ no sólo no destaca la perfomance de tal o cual potencia desarrollada sino que se interesa en demostrar un muy discutible predominio colectivo de los países con ese nivel de desarrollo en la economía global. El destaque de ese tipo de información de cuestionable sustento fáctico tiende a agudizar la salida de capitales de las economías emergentes en búsqueda de mejor rentabilidad acelerando la inversión de los flujos que empezó a ocurrir que con el anuncio del FED de un próximo retiro de su programa de estímulos a la economía norteamericana. Y al hacerlo, pierde perspectiva sobre el efecto positivo de la mejor perfomance de las economías desarrolladas sobre las emergentes (este es el caso del Perú donde el Ministro de Economía acaba de confirmas que estamos ingresando a una etapa de vacas flacas sin hacer alusión a la mejoría de las economías desarrolladas) agudizando su percepción negativa. Peor aún, como premisa se asume que el efecto de interdependencia es nulo (al respecto cabe recordar que lo mismo ocurrió, cuando autoridades peruanas –y del resto de la región-consideraron que la economía nacional se consideraba “blindada” contra todo shock externo negativo sin percatarse de su dependencia al boom de los commodities y asumiendo la equivocada teoría del desacoplamiento). De otro lado, al apresurarse a sugerir el restablecimiento de un viejo orden económico basado en el predominio de las economías desarrolladas por las razones equivocadas, el WSTJ no toma en cuenta los serios riesgos que aún afrontan esas economías e incrementa expectativas en ellas que pueden aún frustrarse con serias consecuencias. Las primeras decepciones (una perfomance menor a la esperada) ya ocurren en Japón como se ha indicado. Por lo demás, la deuda pública de ese país (alrededor del doble del tamaño de la tercera economía del mundo) es una vulnerabilidad mayor cuando el Japón se ha embarcado en una política de estímulos monetarios y fiscales que no pueden ser indefinida (y que, por tanto, deberá ajustarse). De otro lado, si la Unión Europea ha empezado a crecer lentamente, el desempleo sigue en aumento (12% al alza), la ilegitimidad política del ajuste se ha expandido obligando a la innovación de las agendas oficiales con los temas del empleo y del crecimiento, el rechazo a nuevos rescates (que algunos como Grecia necesitan aún) ya está establecido en las potencias mayores, y el crédito a las pymes (la mayor parte de la economía europea) sigue sin fluir a pesar de los progresos financieros (El-Erian). Los problemas que pueden revertir lo avanzado en Europa están a la vista. Y en Estados Unidos, el anuncio del FED sobre el retiro gradual del estímulo monetario podría empezar a hacerse realidad antes del tiempo previsto si se considera que la economía está creciendo adecuadamente. Pero si el crecimiento fuera eventualmente insuficiente y el retiro se demora, la frustración de expectativas en un mercado donde éstas son más sensibles debido a la influencia del mercado bursátil (cuya brecha con la economía real se ha incrementado notablemente), puede tener aún consecuencias mayores. Como estos riesgos no son tomados en cuenta por el WSTJ, el anuncio de que los países desarrollados están contribuyendo de manera nuevamente predominante sobre bases cuestionables y sin mencionar al resto de la economía suena a canto de victoria en medio de la tormenta que no ha sido superada… y puede generar otra.


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