• Alejandro Deustua

Ucrania: Punto de Inflexión en la Guerra y en el Involucramiento de la Comunidad Internacional

25 de setiembre de 2022



A lo largo de la última semana un importante un punto de inflexión ha ocurrido en la guerra en Ucrania: las tropas de ese país han recuperado territorio perdido a manos del agresor y la reacción rusa ha escalado peligrosamente el conflicto.


La contraofensiva ucraniana, que aún no es definitiva, se sustenta en la gran capacidad defensiva mostrada por su fuerza armada desde el día mismo de la invasión rusa. Lo sorprendente de su evolución actual es su potencia, el territorio donde ocurre (Donbás) y la reacción rusa que implica un fuerte escalamiento no previsto por fuentes abiertas.


Antes de la invasión del 24 de febrero último, Ucrania ya poseía importantes pero anacrónicas capacidades de defensa. Éstas consistían de material convencional y tecnológico heredados de la Unión Soviética disuelta en 1991.


Y si bien, a partir de la suscripción del Tratado de No Proliferación de 1994, Ucrania destruyó o devolvió a Rusia la totalidad de las armas nucleares desplegadas en su territorio (éstas representaban una muy buena proporción del potencial nuclear soviético) y en 2014, con la pérdida de Crimea, perdió también control de parte de la armada que reclamaba y toda la base naval de Sebastopol, la división previa de armamento aeronáutico y de tierra entre Rusia y Ucrania ya se había producido.


A partir de esa invasión, condenada por la gran mayoría de la comunidad internacional, Ucrania recibió considerable asistencia militar adicional externa en el marco de convenios establecidos con la OTAN (y, en otros ámbitos, con la UE). La asistencia, sin embargo, seguía siendo limitada al ámbito defensivo (el temor de escalar la guerra con armas ofensivas prevalecía entre los proveedores).


Ésta ayudó a que la potencia agredida pudiera defenderse eficientemente de los ataques rusos de carácter tecnológico (p.e. defensa contra ataques cibernéticos -de los que no ha habido mayor reporte- o ataques misileros) y de aquellos en que sólo se emplearon armas convencionales (la capacidad para destruir blindados rusos y suprimir artillería enemiga fue notable).


La voluntad de lucha de las fuerzas ucranianas y su buen desempeño en el terreno permitió que la asistencia en entrenamiento, inteligencia, operaciones de comando y control y el acceso a nuevos sistemas de defensa se incrementaran. Pero esa disposición externa se excluyó la entrega de material que permitiese una mejor defensa aérea en tanto persistía el temor de escalar el conflicto y de acercar a los socios de la OTAN a una participación más directa era considerable.


La combinación de estos factores y la sorprendente inhabilidad y agotamiento de las fuerzas invasoras han permitido que las fuerzas ucranianas pasaran a la contraofensiva y que lo hicieran, ahora, en los territorios de mayor asentamiento de fuerzas rusas (la periferia de Donbás).


El retiro forzado de las tropas rusas y la reconquista efectiva de aproximadamente 6 mil kms2 (BBC, algo más que la tercera parte de Ica) en esa zona ha llevado al presidente Putin a un escalamiento mayor: éste anunció que Rusia recurrirá a “todos los medios para defender su territorio”, llamaría a una movilización, aún parcial, de 300 mil reservistas y procedería a realizar un referéndum en el área orientado a la anexión de los territorios mencionados.


El presidente ruso ya había advertido al mundo sobre la capacidad nuclear de su fuerza armada cuando anunció la invasión a Ucrania en febrero último pero aclaró que ello no implicaba un uso que saliera de su doctrina disuasiva salvo en el caso de que el Estado ruso fuera amenazado.


Ésta vez, sin embargo, el motivo para el recurso de esas armas es bastante más próximo en tanto que, en la percepción del Sr. Putin, el territorio ruso estaría siendo amenazado por la contraofensiva ucraniana. Es más, ese territorio será efectivamente arriesgado si, como resultado del ilegal referéndum que se está llevando a cabo en el área de Donbás (Donetsk y Luhansk) arroja un resultado favorable a una anexión a Rusia. Y no hay duda de que ése será el resultado de la “consulta”.


Al respecto el Secretario General de la ONU, la OTAN y la Unión Europea han impugnado la legalidad de ese referéndum tanto por las condiciones coactivas y opacas en que se lleva a cabo cuanto porque consiste en el mismo procedimiento que Rusia empleó para la anexión de Crimea (los ciudadanos de Crimea y Sebastopol “votaron” por la independencia y por su incorporación a Rusia). Esas “consultas” fueron rechazadas mediante resoluciones expresas de la Asamblea General de la ONU. Cuando el remedo de referéndum concluya en el Donbás, los territorio ucranianos de Donetsk y Luhansk serán considerado oficialmente rusos y, en consecuencia, podrán ser defendidos según los términos anunciados por el Presidente Putin.


Si bien, Ucrania tiene todo el derecho a recuperar esos territorios, los antecedentes de los acuerdos de Minsk (que consideraron, en 2014-2015, una separación de fuerzas, la aplicación de una ley temporal y de un diálogo político en el área) y el riesgo nuclear real de que éste se materialice incrementando la dimensión global del conflicto, obligan a la comunidad internacional a replantear alguna variante de esos acuerdos incluyendo ahora garantías de seguridad. Las propuestas podrán venir de las mayores potencias implicadas y por organismos como la OSCE y la ONU.


Estamos al tanto de que plantear esa negociación a un país agredido y cuyas fuerzas están en plena dinámica restauradora no será, en principio, aceptable por sus autoridades. Pero la comunidad internacional no puede esperar pasivamente a que las fuerzas ucranianas intenten llegar hasta el territorio ruso, el uso eventual de armas nucleares tácticas, la desafectación de la asistencia occidental a Ucrania o el desmoronamiento del régimen de Putin.


Lo que sí es posible promover es que Rusia acepte un retiro de sus fuerzas dentro de su propio territorio para que el acuerdo empiece a negociarse con alguna posibilidad de éxito y que Ucrania considere, como anteriormente, un régimen especial y transitorio para el Donbás.


Al respecto debe considerarse que Ucrania tiene hoy capacidad de iniciativa sustentada en una asistencia externa que, siendo considerable, no es infinita, que Rusia seguirá siendo una potencia nuclear y la comunidad internacional, habiendo expresado su apoyo a Ucrania, ahora debe expresar sus preocupaciones y alternativas al tiempo que garantiza su defensa.


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