• Alejandro Deustua

Tiempos Difíciles en la Región

La semana pasada América Latina demostró que no es capaz de corregir una decisión colectiva (la elección de Venezuela al Consejo de Seguridad de la ONU) que producirá daños en el próximo bienio mientras que los miembros de la Alianza del Pacífico prefirieron no responder a alusiones hostiles del Presidente Morales, electo por tercera vez.


El próximo domingo, sin embargo, las cosas pueden cambiar si la oposición triunfa en el Brasil y en el Uruguay y extraen al Cono Sur del chantaje sentimental de la Patria Grande y del político que establece que el orden regional es menos republicano que populista. Así de frágil es la identidad latinoamericana en un sistema internacional que cambia rápida y sustancialmente.


De ello no parecen haberse dado cuenta los miembros del GRULAC cuando consideraron apropiado que un Estado en quiebra, polarizado, autoritario, confrontacional y de menguada legitimidad, representara ya no sus propios intereses sino los de la región en el Consejo de Seguridad acompañando a Chile.


Indispuestos a otorgar el debido valor al fuerte alineamiento de Venezuela con Rusia y China (y a su vinculación estructural con Cuba), los latinoamericanos dejaron en manos del gobierno venezolano el voto sobre las cuestiones más graves del siglo en un escenario complejo. Éstas abarcan el incremento del conflicto multidimensional, la crisis de gobernanza global, el incremento de Estados fallidos, el desequilibrio y la desaceleración económica general y la pérdida sustancial de influencia latinoamericana en los mercados.


Lo peor del caso es que esa decisión (que no se puede achacar a los 181 países que votaron por Venezuela sino a la prioridad otorgada a las regiones) se tomó en Latinoamérica quizás menos por razones políticas que por inercia burocrática. El resultado ha sido, además, la percepción de legitimación externa de un gobierno ampliamente cuestionado por sus propios ciudadanos. En efecto, para el Canciller venezolano ese resultado es un reconocimiento a la “revolución” y al gobierno chavista.


En ese marco, el re- reelecto presidente Morales, la emprendió contra los integrantes de la Alianza del Pacífico calificándolos como instrumentos del imperialismo generando un incidente diplomático que no importará mucho a quien hace de la victimización un arma.


Para confrontar esta andanada albista nada mejor que la elección del Sr. Neves en Brasil que promete una mejor relación con los países desarrollados, una mejor inserción antiproteccionista, el saneamiento del opaco e ilegitimado Mercosur, la aproximación a la Alianza del Pacífico y una sensata salida de la recesión.


A esta nueva cohesión regional podrán contribuir mejor en Uruguay los señores Lacalle o Bordaberry que el continuista, aunque respetable, Dr. Vásquez.


En ambos casos, ello dependerá de una segunda vuelta donde todo es posible.


Si el resultado fuera el de la continuidad, las limitaciones económicas globales debieran producir una disciplina económica convergente pero la divergencia política puede ampliarse. La falta de convergencia entonces no podrá ocultarse mucho bajo el manto de la cordialidad.


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