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  • Alejandro Deustua

¿Solución Integral?

El Embajador del Perú en Bolivia acaba de plantear públicamente -probablemente para efectos de discusión- que la solución del problema de la mediterraneidad de Bolivia y de la delimitación marítima peruano-chilena "debería" ser integral (LR 6/IV/04). Considerando que la situación diplomática y de seguridad del lado occidental del Cono Sur se viene deteriorando por la interacción de intereses convencionales en conflicto (la aspiración marítima boliviana y el reclamo delimitatorio peruano) y no convencionales (problemas chilenos de acceso al gas argentino y de viabilidad nacional boliviana) y que el contexto general de seguridad se ha erosionado considerablemente, éste es un planteamiento constructivo que vale la pena considerar.


Especialmente cuando la propuesta puede fundamentarse en un marco de integración real definido por la aceleración de la convergencia suramericana (los acuerdos de complementación CAN-MERCOSUR que faltan consolidar y los proyectos de infraestructura IIRSA) y de siete años de encuentros académicos tripartitos que han buscado, con muchos tropiezos y algunos avances, crear un clima apropiado para la integración del sur del Perú, el norte de Chile y el occidente boliviano (ya existe un acuerdo peruano-boliviano al respecto sin contar el proyecto de integración profunda entre ambos países que debe estar listo en agosto).

Para que la propuesta de "solución integral" tenga algún asidero es necesario reconocer que cada diferendo tiene su propia especificidad y que es, en consecuencia, de naturaleza bilateral. Si la consideración "integral", de preferencia sucesiva antes que simultánea, no debe cuestionar esa base jurídica, ni predisponer a Chile a la desconfianza, ni sacrificar la relación bilateral que cada país está construyendo, sí puede ayudar a reconocer las vinculaciones entre los problemas y la eventual relación entre sus variables. Por ejemplo, ese enfoque podría ayudar a establecer el común denominador económico de los problemas convencionales (la oferta energética boliviana y peruana y los requerimientos de desarrollo regional chileno y peruano) y las transacciones que pueden realizarse para resolverlos.


Para proceder en ese camino, el Perú debe poder distinguir entre intereses primarios (aquellos que ofrecen escaso rango de transacción) de los secundarios con el objetivo claro de tornar en complementarios intereses antagónicos. En la relación peruano-chilena, la delimitación marítima es un interés primario que no puede sacrificarse por una mala comprensión de la solidaridad con Bolivia. El Perú debe poder delimitar con Chile el mar territorial, la zona económica exclusiva y la plataforma continental. Para ello debe suscribir primero y a la brevedad la Convención del Mar. La concesión posterior de algún derecho a Bolivia en este ámbito no puede perforar este piso.


En segundo lugar, la unidad económica entre Tacna y Arica es una realidad histórica y territorial que debe ser perfeccionada. En ella se asientan las servidumbres y los derechos del tratado de 1929 implementados complementariamente en 1999. Un corredor boliviano entre la Línea de la Concordia y el norte de Arica no puede debilitar esta relación. La soberanía boliviana que pudiera intentar concederse sobre aquél tendría que neutralizarse en esa zona sumándose Bolivia al desarrollo económico de la misma en un marco integrador. Al respecto, Perú podría aportar el muelle en Arica y Bolivia el gas para el desarrollo petroquímico.


En tercer lugar, en cualquier transacción el Perú debe asegurar condiciones para el progreso del sur. Ello implica facilitar el desarrollo portuario (eventualmente, un mecanismo de cooperación entre Arica, Ilo y Matarani para satisfacer los requerimientos de servicios de carga boliviana y brasileña por la zona). Y también restablecer el vínculo económico entre el núcleo de cohesión principal (Arequipa) hoy erosionado y Puno, lo que involucra procurar el desarrollo del altiplano. Un firme compromiso para que el mecanismo de integración peruano-boliviano se extienda a las zonas de aprovisionamiento (Cochabamba, Santa Cruz, el occidente brasileño y el norte argentino) es necesario al respecto. Bolivianos y chilenos pueden enriquecer esta agenda mínima sumando intereses realizables y cambiar la perspectiva de suma 0 que quisiera predominar en el escenario

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