• Alejandro Deustua

Riesgo Político en Occidente

La incapacidad de la lidereza más importante de Europa, Angela Merkel, para formar gobierno desde su triunfo en setiembre debiera matizar la opinión de Bloomberg que singulariza el riesgo político en los mercados emergentes a propósito de complicados procesos electorales en el 2018.


Luego de la incertidumbre generada por el Brexit (cuyos responsables parecen haber convenido, al fin, un boceto de lo que quieren), de la crisis del separatismo (que, en Cataluña, espera un veredicto electoral prenavideño), del populismo floreciente en Europa del Este y de las remanentes rencillas ligadas a la ola migratoria, la transitoria ingobernabilidad alemana puede estar llenando el vaso del riesgo político en la Unión Europea.


Es verdad que la economía germana consolidará este año el mayor crecimiento desde el 2011 (2.4%, ING). Pero la Eurozona crecerá en el 2018 (2.1%) menos que en el 2017 (OECD). Lo menos que se puede decir sobre el riesgo político en la Unión Europea es que será un lastre para un mejor desempeño.


Más aún cuando uno de sus dos pilares, no puede decidir aún entre convocar a nuevas elecciones para mejorar el sustento de la Canciller Merkel (improbable), buscar una alianza con los socialdemócratas (el SPD no lo desea) o resignarse a un gobierno en minoría (con verdes pero quizás sin liberales) luego del fracaso de las negociaciones de la coalición Jamaica.


La dimensión de la incertidumbre política en Alemania, hace tiempo desprovista de la solidez bipartidista de la Democracia Cristiana y la Social Democracia, innovada luego por verdes y liberales y hoy por la ultraderecha, tendrá un impacto en el conjunto europeo aunque tarde en afectar la economía.


Afectada Europa, no es improbable que a finales del 2018 un eventual retorno de la mayoría demócrata al Senado norteamericano en las elecciones que renuevan un tercio de esa Cámara, aumente la inestabilidad del ya “impredecible” señor Trump.

Frente a tal complicación política en el núcleo de Occidente, el riesgo que añadirá las elecciones de Brasil, México o Colombia podrá parecer algo menor al inversionista que hoy compra bonos de estos países.


Ello incluye a Chile, cuyo próximo gobernante parece depender de electores que no votaron en la primera vuelta (más del 50%), de las irresponsabilidades juveniles del Frente Amplio (20%) y, en menor dimensión, del pinochetismo renovado (8%).


Que este escenario provenga de nuevas e insatisfechas expectativas y de liderazgos precarios ciertamente no es un alivio. Menos en el caso de nuestro vecino que luego de perder el sólido sustento de la Concertación salió a la búsqueda fujimorizada del partido instrumental (Nueva Mayoría) y que, a pesar de la experiencia de sus líderes, hoy desea atajar el populismo emergente con el partido-acicate (p.e. Chile Vamos).


Bloomberg se equivoca: el incremental riesgo político ligado a procesos electorales ciertamente involucra a América Latina (y al resto de emergentes) pero como complemento del conjunto de Occidente.


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