• Alejandro Deustua

Rebeldía Chilena

El Perú y Chile acaban de culminar los trabajos técnicos de medición de las coordenadas y puntos de base contribuyentes del límite marítimo resuelto en La Haya.


Cuando se den a conocer los detalles en el ámbito de la reunión de cancilleres y ministros de Defensa (2+2) esperamos, aunque sin mayor entusiasmo, que se haya solucionado el problema creado por Chile al reclamar como suyo el territorio peruano comprendido entre la Línea de la Concordia y el paralelo que, pasando por el Hito 1, intersecta la línea de baja marea para constituir el punto de inicio marítimo.


Al reconocer la Corte que el Tratado de 1929 es el límite terrestre peruano-chileno (párrafo 153 de la sentencia) y que el punto de inicio marítimo puede no coincidir con el punto de inicio de aquel límite (párrafo 175) ha establecido que ese territorio es peruano y, por consiguiente, que la “costa seca” creada por la divergencia de los dos puntos es también peruana. Sin embargo, este último asunto no ha sido planteado explícitamente debido a limitaciones jurisdiccionales impulsadas por Chile.


En consecuencia podemos celebrar el establecimiento de un límite marítimo con el vecino que ordena el dominio correspondiente pero ciertamente no la emergencia del problema territorial en cuestión.


Si se considera que éste, teniendo una dimensión marítima, no puede ser objeto de una aclaración por la Corte, entonces es necesario agotar los medios pacíficos de solución de controversias antes de desatar un “boom” de expectativas de integración (que, por lo demás, será menor porque la política de “cuerdas separadas” ha permitido su normal desenvolvimiento).


En el proceso, la presentación peruana de la documentación correspondiente a los organismos internacionales debe ser acompañada por el mapa del límite terrestre como parte de la costa relevante. Ello contribuirá a establecer la rebeldía chilena y que es bueno actuar para que culmine.


Al hacerlo es prudente recordar que la ausencia de conflictos tiende a consolidar la integración bilateral y el buen funcionamiento de la estratégica Alianza del Pacífico. Si el comercio bilateral ronda los US$ 4 mil millones y las inversiones chilenas en el Perú los US$ 18 mil millones mientras que las peruanas en Chile se acerca a los US$ 8 mil millones (asunto a probar) y la interdependencia social es considerable, es bueno que aquélla descanse en una relación limítrofe satisfecha.


Al respecto es adecuado tener presente algo más que el Tratado de 1929 para destacar la importancia del “triángulo terrestre”. La indefinición de su status puede generar inestabilidad si es explotada por terceros, si la animosidad histórica se regenera a través cualquier incidente o si el Perú muestra debilidad que pueda llevar al vecino a considerar que es fácil orientar su conducta fuera de los órganos jurisdiccionales.


Resolver esta cuestión es urgente en un contexto de mayor conflictividad estratégica y convencional en el que, como en Asia, un roquerío puede ser un factor de desestabilización mayor.


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