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  • Alejandro Deustua

Política Exterior 2001-2005: Una Somera Evaluación

26 de Julio de 2006



La política exterior del gobierno de Alejandro Toledo ha producido un gran avance sistémico (la inserción occidental del Estado), redondeado algunos logros efectivos (la membresía en el Consejo de Seguridad de la ONU) y forjado procesos en marcha (el TLC con Estados Unidos, la relación con Brasil, la fijación de la controversia sobre delimitación marítima en el sur). Pero también ha cosechado algunos reveses notorios (el fracaso de las negociaciones económicas multilaterales, la irrelevancia de la relación hemisférica, el deterioro de la integración regional y la reversión de la relación con Chile y, a pesar suyo, con Bolivia y Venezuela).


Este resultado mediano se ha logrado bajo condiciones inusuales. En el plano interno, la política exterior ha tenido el amparo de un consenso nominal (el Acuerdo Nacional) pero no real (p.e., la no aprobación de la Convención del Mar), de una “conducción profesional” (salvo una excepción, la Cancillería ha sido ejercida por diplomáticos de carrera que, sin embargo, no han logrado fortalecer ni a Torre Tagle ni a la institucionalidad del sector externo) y de una economía que ha crecido por encima del promedio latinoamericano.


En el ámbito global la política exterior ha sido mediatizada por la erosión del contexto de seguridad (la agresión terrorista, el incremento del conflicto y de la competencia de poder) y del multilateralismo (p.e., el fracaso, no definitivo, de la Ronda Doha y de otras formas de regimentar la globalización). Pero también ha tenido el estímulo de la afirmación de la comunidad democrática de naciones y de la expansión económica global.


Para mitigar los problemas el Perú ha ayudado a que América Latina sea, a pesar de sus vulnerabilidades (la pobreza y la exclusión) y graves divisiones (la fragmentación suramericana), la región en desarrollo más segura del mundo (aunque ello sea más evidente en la lucha contra el terrorismo que contra el narcotráfico). Y es claro que su rol en el Consejo de Seguridad viene siendo razonable y el aporte a operaciones de mantenimiento de la paz, creciente. Pero ello no excusa la pérdida de rol en la OMC (el retiro del Grupo de los 20).


Para contribuir al progreso de la comunidad internacional, el Perú patrocinó la suscripción de la Carta Democrática Interamericana (aunque ha mostrado debilidad en la demanda de su aplicación) y ha promovido el rol de la economía de mercado (pero fracasando en el reclamo de “soluciones financieras innovadoras” para el serio problema del déficit de gobernabilidad democrática y contribuyendo insuficientemente a asegurar apoyo para regímenes minimalistas como los Objetivos del Milenio por el desarrollo). El éxito de la “política social” es aquí cuestionable e inverso al avanzado con las comunidades peruanas en el exterior.


Pero quizás la mayor contribución al progreso nacional sea el avance en la inserción occidental del Estado reflejada en la negociación de los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y la opción por la asociación con la Unión Europea sobre la base principios además de mercados.


El proceso negociador con Estados Unidos ha revelado, sin embargo, la autopostergación de Cancillería en negociaciones económicas y serias dificultades de articulación influyente con el Mincetur y otros sectores. Un correlato de ello es la contraproducente yuxtaposición de jurisdicciones en las actividades de promoción económica y comercial


De otro lado, el entorno mejoró sustantivamente con la asociación estratégica con el Brasil como base par la inserción suramericana. Pero el gran potencial de desarrollo y seguridad de esa relación no se ha consolidado con la rapidez ni el sustento necesarios.


De otro lado, errores conceptuales (la definición de la política exterior como “una función de la política interna”) y la pérdida de influencia han contribuido al desmejoramiento notorio de la relación con Chile y a mitigar el alejamiento de Bolivia. En cambio, la relación con vecinos antes distantes -Colombia y Ecuador- ha mejorado sustancialmente atenuando la severa crisis de integración andina.

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