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  • Alejandro Deustua

Petróleo: Si hay un problema de oferta

5 de octubre de 2005



Petroperú acaba de hacer pública su necesidad de mejorar la refinería de Talara para, entre otros propósitos, ampliar la planta y eliminar del combustible los residuos de plomo. El requerimiento va en línea con el problema que plantea el sector petrolero global: el de incrementar la capacidad de refinación para bajar los precios de las gasolinas. Aunque esa dimensión del problema es real en un contexto de fuerte demanda de petróleo y de pleno empleo de la capacidad de la producción, insistimos en que el mercado internacional tiene también un problema de oferta que es necesario atacar.


Primer veamos el problema de la insuficiencia de capacidad de refinación. La crisis generada por el impacto de dos huracanes en el Golfo de México terminó siendo uno de aprovisionamiento de gasolina antes que de oferta petrolera. En efecto, a pesar de que de la producción del Golfo depende el 25% del aprovisionamiento de crudo de Estados Unidos, el daño principal fue causado por el cierre de refinerías y quiebre de ductos para el acarreo de combustible.


En Estados Unidos el precio se disparó hasta llegar a US$ 5 dólares por galón en algunos Estados para luego bajar. Mientras tanto el precio internacional del barril, que llegó a superar los US$ 70, encontró un piso de US$ 65 (ayer el barril se comercializaba en torno a US$ 64 dólares ). La oferta no sólo se sostuvo sino que se amplió gracias a la colocación en el mercado de una importante dotación de la Reserva Estratégica norteamericana, al aporte de los países miembros de la Agencia Internacional de Energía y al incremento marginal de la producción de la OPEP.


Para mostrar que el problema energético proviene hoy más del precio de la gasolina que de la producción de petróleo, agentes del mercado de energía norteamericano sostienen que no es necesario más aprovisionamiento en tanto las refinerías están procesando apena un tercio de la oferta adicional de crudo. Al argumento se añade el reclamo del Presidente Bush al Congreso de su país de una ley para facilitar la instalación y ampliación de nuevas refinerías de petróleo (CNN).


Más aún, según el Washington Post, el malestar por los altos precios de las gasolinas es mundial e indiscriminado. En efecto, los precios son tan altos en Nigeria, Rusia e Indonesia (países productores de petróleo) que los consumidores han expresado su protesta de manera violenta (Nigeria) o retirando parte del apoyo político al régimen (el caso de Rusia). Mientras tanto, en los países importadores, los Estados se ven apremiados por la dimensión de los subsidios nacionales (el caso de los países más pobres como Namibia) o por el malestar que genera el retiro parcial o progresivo de los mismos (los casos de China e India) (WP). En estos países el costo de mantener el precio local por debajo del precio internacional genera tensiones fiscales debido a que se deben reducir impuestos indirectos que forman parte sustantiva de los ingresos tributarios (el caso del Perú). Ante esta situación de abundancia petrolera y de altos precios, algunos operadores han bajado sus expectativas sobre el precio del crudo considerando que hoy no se justifica un precio superior a US$ 60 por barril (CNN). Creemos que esos operadores están esencialmente en lo cierto pero equivocados en la prognosis porque el mercado petrolero ya encontró un piso (US$ 65 por barril) que será difícil de erosionar y porque el precio del crudo, siendo volátil, tiene un fuerte impacto estacional: ahora que el invierno se acerca en el hemisferio norte, la demanda de petróleo para calefacción tenderá a aumentar los precios de manera mucho más intensa que los ahorros que hoy puedan realizar los automovilistas. Y mientras la demanda global se mantenga alta (el pronóstico de crecimiento global del FMI es de 4.3% para el 2005 y el 2006 a pesar del recorte de 0.5% en Estados Unidos por efectos del huracán), los altos niveles de precio se mantendrán, salvo que la prevista desaceleración del mercado se incremente fuertemente o se incorporen energías alternativas de maner influyente y rápida. A ello deben añadirse los problemas que el mercado especulativo agrega al oficialmente inexistente problema de oferta. En efecto, a la formación del precio del petróleo concurre un alto premio al riesgo (estimado en US$15 según el expresidente de Petroperú en La República) en un actividad que en la que el riesgo es norma. Además, el tramo que agregan los mercados bursátiles (las bolsas de valores) y los mercados de transacción de futuros es también sustancial. Aunque la proporción específica no es conocida, los importadores (el caso del Japón) la han estimado en no menos de US$ 15. Nostros creemos que es más. La suma de ambos factores intangibles explicaría entonces casi el 50% del precio actual. A esa altísma magnitud de la distorsión del mercado real de la oferta y la demanda debe añadirse un factor adicional: si la demanda, como se dice, ha bajado ahora en Estados Unidos (para volver a subir mañana) su impacto en la reducción marginal del precio debería ser mucho mayor que el actual en tanto la oferta sigue siendo máxima y el productor no desea quedarse con petróleo sin vender cuando las reserevas disponibles son inmensas. Esta distorsión del mercado es, por cierto, sólo complementaria a la manipulación de la oferta por el sindicato de exportadores: la OPEP.


Dado que países importadores netos, como el Perú, no pueden controlar los precios recurriendo sólo a la reducción de impuestos indirectos o a frágiles fondos de estabilización, la adopción de medidas colectivas de seguridad energética es urgente. En el ámbito global ello debiera suponer el establecimiento de un régimen de bandas de precios en casos de crisis teniendo como referencia los niveles preexistentes a la emergencia. En el ámbito andino y suramericano ello debiera apurar la integración energética, la diversificación de la oferta y la constitución de una reserva estratégica de petróleo que los principales aportantes (p.e. Venezuela) no debieran manipular (1). Lamentablemente las autoridades regionales siguen perdiendo oportunidades para resolver ese problema y para permitir, por ejemplo, que Petroperú pueda ampliar sus plantas sin necesidad de suplicar por financiamiento el que, dados los altos precios, debiera poder obtener con facilidad.

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