• Alejandro Deustua

Perú- Ecuador: Una Buena Relación y un Acuerdo de Límite Marítimo

La visita oficial que el Presidente Alan García realiza hoy al Ecuador se hace con el propósito de profundizar las relaciones bilaterales. Algo más que ello la justifica, por cierto.


En efecto, el Presidente García se entrevista con el Presidente Correa llevando bajo el brazo el recientemente suscrito acuerdo de límites marítimos adecuadamente aprobado por el Congreso peruano. En consecuencia, a partir de la fecha ni Perú ni Ecuador se verán en la necesidad futura de aclarar que no hay problemas de límites con Ecuador en tanto ello será redundante. Quienes tengan duda, podrán recurrir a la Secretaría General de la ONU donde el acuerdo quedará registrado.


Este acuerdo se ha logrado en torno a un acuerdo de voluntades ad hoc y ha sido complementado por los requerimientos gráficos y técnicos correspondientes. El acuerdo fue concretado mediante un intercambio de notas idénticas y referido a una línea que separa las respectivas soberanías en el mar incluyendo la columna de agua, el suelo y el subsuelo marítimo. Nada de esto existe con Chile.


Por lo demás, en esas notas se establece que el Perú procede de la manera que se indica en atención a las circunstancias especiales que conforman la existencia, en las proximidades de la frontera marítima, de islas ecuatorianas. Es más, Perú y Ecuador se comprometen a realizar acciones para lograr el reconocimiento del Golfo de Guayaquil como bahía histórica. En claro contraste con esta realidad geográfica, en la no delimitada frontera marítima peruano-chilena no existen estas circunstancias especiales ni accidentes geográficos calificables de “históricos”.


De otro lado, el punto de inicio de la línea que se acuerda (la del paralelo correspondiente) es el que corresponde a la frontera terrestre ratificada por el Acta de Brasilia de 26 de octubre de 1998. Este es un punto que se reconoce recién 46 años después de la Declaración de Santiago de 1952. Ello confirma la inexistencia previa de un acuerdo de límite marítimo peruano-ecuatoriano y la novedad del que emerge con el intercambio de notas de 2011.


Lo que preexistía a ese acuerdo era apenas un criterio derivado del punto IV de la Declaración de Santiago que refería un paralelo sólo en relación al Ecuador (es el único país que, en la frontera con el Perú, tiene islas a menos de 200 millas de sus costas y cuya proyección marítima es limitada por éste). Este criterio fue consecuencia de una referencia excepcional en esa Declaración tripartita de carácter general cuyo propósito fue proclamar, como norma de política internacional, la soberanía y jurisdicción hasta las 200 millas de Perú, Ecuador y Chile. Tal propósito, referido a la proyección oceánica, no incluyó la definición de límites marítimos laterales.


Por lo demás, la novedad del acuerdo peruano-ecuatoriano queda reiterada en tanto que en él las partes concuerdan un punto de inicio definido por coordenadas acordadas por las partes con fines de delimitación marítima. Ese punto de inicio es el que marca la orientación del paralelo delimitatorio que las partes identifican con precisión al tiempo que zanjan cualquier cuestión sobre la declinación de la línea que pudiera haber sido diferente con mayor y adecuadamente fundada ganancia para el Perú. Finalmente, es en virtud de ese acuerdo que el Perú se compromete a corregir su correspondiente línea de base de manera que concuerde con la línea ecuatoriana. Como resultado, el Perú define en ese tramo una nueva dimensión de aguas internas y, por tanto, una nueva proyección de las 200 millas como consta en la representación gráfica que acompaña al acuerdo.


A esto y a la excelente relación interestatal lograda con el Ecuador en los últimos años -que va más allá de las orientaciones de los respectivos gobiernos-, obedece la visita del Presidente García al Presidente Correa. La buena relación con un vecino con el que el Perú comparte una historia compleja se ha consolidado.


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