• Alejandro Deustua

Perú, Colombia y la Unión Europea: Una Opción Negociadora Andina

En un foro euroandino el Presidente Alan García acaba de hacer una propuesta necesaria para el interés nacional: el Perú desea que la Unión Europea considere la posibilidad de negociar bilateralmente el acuerdo de libre comercio que ahora procura con la CAN.


Teniendo en cuenta que uno de los objetivos de la política exterior peruana es consolidar una nueva inserción global que brinde alternativas de progreso al Estado y sus ciudadanos, el Perú no puede depender a esos efectos de la voluntad de potencias menores irredentistas. Y menos cuando éstas, como en el caso de Bolivia (y bastante menor medida, en el de Ecuador), "no creen" en los beneficios del libre comercio.


En efecto, desde la fuga de Fujimori, el Perú ha procurado redefinir su inserción regional (revitalizando la prioridad del Brasil), hemisférica (promoviendo un mejor relación con Estados Unidos que pasa por la negociación de un acuerdo de libre comercio), occidental (que complementa esa vinculación, con un acuerdo de asociación y de libre comercio con la Unión Europea) y con la cuenca del Pacífico (incrementando la vinculación política y comercial especialmente en el marco de la APEC).


Condicionar la satisfacción de esos intereses primarios al poder de bloqueo que ejercen Estados que procuran redefinir su orden interno a costa de la fragmentación nacional (el caso de Bolivia), de su alianza con Venezuela y Cuba y de su oposición a Occidente, sería, efectivamente, una imprudencia mayor.


Por lo demás, debe tenerse en cuenta que en mayo del próximo año el Perú será sede de la Cumbre América Latina y El Caribe-Unión Europea. En ese marco, el anfitrión debe estar preparado para presentar un avance real en negociaciones que den sentido local a los compromisos generales que se lograrán en materia de lucha contra la pobreza y a favor del medio ambiente.


De allí que el presidente García haya hecho bien en hacer un balance público de la situación contextual andina en relación a la negociación con la Unión Europea y que haya planteado al respecto la propuesta de negociación bilateral. Quizás pudo articularla dentro de formalidades que la hicieran más viable, (la coordinación con Colombia) pero la decisión está bien encaminada.


Ella llamará la atención del socio colombiano que también desea una negociación eficiente con la UE, obligará a Bolivia y a Ecuador a clarificar sus intenciones y estimulará a la Unión Europea a plantearse en serio algo que ya viene considerando hace tiempo: negociar con los andinos un acuerdo de asociación política con un acuerdo comercial de dos velocidades. Así, los que necesitan negociar un acuerdo de libre comercio en las catorce mesas establecidas de acuerdo a intereses comunes ("like-minded countries") podrán progresar más completa y rápidamente, mientras que los que pretenden un acuerdo minimalista que les asegure cierta cooperación y algún acceso comercial (o la prolongación de uno concesional) mientras postergan inversiones, propiedad intelectual y servicios, podrán hacerlo recibiendo a cambio menos beneficios.


A ese esquema , se ha mostrado receptivo el ex -Presidente del Gobierno español, Felipe González, recordando que tal modalidad de negociación existe siempre que los que negocian acuerdos más amplios dejen abierta la posibilidad de adhesión de aquellos que desean acuerdos minimalistas (o simplemente no desean, en realidad, negociar).

Esta situación ciertamente no es la mejor ni para la CAN ni para la Unión Europea. No lo es para la primera porque fortalecerá su división hasta que los que queden por afuera reconsideren su posición cuando constaten los beneficios incrementales del vecino o hasta que la división se convierta en fractura. En este último caso, Bolivia y Ecuador deberán evaluar bien si sus crecientes pérdidas relativas "valen la pena" o son compensables por Venezuela. En cambio en el ámbito regional, el Perú podrá compensar el costo de una "mayor flexibilización andina" (o el de una no deseada ruptura andina) persistiendo en la iniciativa de los países latinoamericanos de la cuenca del Pacífico y la relación con el MERCOSUR.


La situación tampoco es óptima para la Unión Europea que se ha planteado la negociación con la racionalidad del "interregionalismo" ("de bloque a bloque"). La UE desearía capitalizar una ganancia política negociando con un esquema de integración andino que alguna vez quiso seguir su ejemplo minimizando, por tanto, la escasa significación económica de la CAN. Pero la UE no puede forzar los hechos. Por ello, la opción que presenta el Presidente García, redefinida por la eventual coordinación con Colombia, es una alternativa seria que resguarda formalmente la interlocución nominal de la CAN.

Por lo demás no sólo el antecedente de la negociación de la Unión Europea con Chile (basada en el reconocimiento a su esfuerzo por consolidar la democracia y el progreso) es bueno. También está el de la negociación de la UE con México (fundado quizás en lograr una alternativa al NAFTA) y el trato especial que la UE ha otorgado al Brasil (al que se la ha reconocido como potencia regional indispensable en el MERCOSUR y Suramérica merecedora de reuniones cumbres ad hoc al margen de las incompletas negociaciones entre la UE y el MERCOSUR).


Un resultado inmediato de la alternativa de la negociación bilateral con la Unión Europea es el anuncio del coordinador colombiano de la CAN para el trato con la UE del "acuerdo andino" para levar a cabo una segunda ronda negociadora a realizarse en Bruselas en diciembre próximo. De cómo se lleve a cabo esa ronda (especialmente, del cambio de la oposición sistemática y paralizante del representante boliviano) dependerá que el Perú active la opción de la doble vía y que la Unión Europea la considere con mayor seriedad.



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