• Alejandro Deustua

Perú-Chile: Diplomacia Estratégica

Aunque la diferencia entre una visita oficial y una de Estado es muchas veces arbitraria, la que acaba de realizar el Presidente del Perú a Chile no deja dudas sobre su status: la historia no registraba, hasta hoy, una visita de los presidentes de los tres poderes del Estado peruano al vecino.


Tal es la dimensión diplomática de ese encuentro que correspondió a un objetivo estratégico compartido: asegurar que la solución de la controversia marítima sea respetada, reiterar que la agenda gruesa de intereses convergentes no revierta y adelantar algunas grandes iniciativas.


Al respecto la Declaración Conjunta requirió de la reiteración de principios que organizan la relación peruano-chilena y de la identificación de los intereses en nueve capítulos.


El enunciado de principios sirvió para otorgar consistencia a esa política vecinal. Entre aquéllos sobresale la mención al principio de solución pacífica de controversias. Si es claro que éste es aplicable específicamente al diferendo marítimo, su observancia pretende ser también una garantía de seguridad.


Para que ésta ganase en eficiencia quizás se debió enfatizar la disposición de las partes a someterse a lo dispuesto por la Carta de la ONU: quien incumpla puede ser denunciado ante el Consejo de Seguridad de la ONU.


Por lo demás, pudo incluirse alguna referencia a la reciprocidad en la apertura económica y a la convergencia (la disminución de asimetrías estratégicas no debe ser motivo de fricción).


En el ámbito sectorial el capítulo de generación de confianza es fundamental. Al respecto debe separarse lo viejo de lo nuevo. Y lo viejo indica urgencia de realización de lo ya comprometido (homologación de la medición del gasto militar, desminado fronterizo y diálogo institucional).


Lo nuevo, sin embargo estuvo ausente salvo por una propuesta regional de paz y seguridad. Si ésta va ser admisible, ésta no puede dejar de lado los requisitos del balance ni la solidaridad colectiva contra la acción narcoterrorista.


Y si, en el campo de la integración, lograr una mejor inserción en el Asia-Pacífico de Perú, Chile, Colombia y México es central, el consecuente mercado de escala debe orientarse también a competir mejor con Asia y a mejorar el status global de la ribera latinoamericana de la cuenca.


En el campo de la integración física la Declaración puntualizó bien la necesidad de de interconexión eléctrica. Pero un programa de cooperación en energías renovables, incluyendo la nuclear, hubiera atendido mejor las necesidades del sector.


En lo demás hubo importantes compromisos puntuales (migración, cooperación judicial y policial antinarcóticos, protección de recursos) que ilustran una gama de intereses convergentes cuyos campos pueden ser ampliados.


A la luz de su propósito estratégico y práctico, la visita de Estado a Chile ha sido un paso adelante en la política vecinal bajo circunstancias que, sin olvidar las necesidades de equilibrio, obligan a la prevención pactada, al adecuado cumplimiento de una sentencia de delimitación y a incrementar la interdependencia con el vecino para mejorar la inserción externa del Perú y de la región.


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