• Alejandro Deustua

Orden Liberal en el Pacífico

Si el TPP es el mayor acuerdo de libre comercio suscrito desde la creación de la OMC en 1993 (alrededor del 40% del PBI global y algo más del 30% del comercio internacional) cuyos intercambios se realizan en un escenario geográfico vital para el Perú, es claro que éste es de interés nacional.


La prioridad de ese interés es principalísima si en ese acuerdo convergen los intereses de proyección en el Pacífico de las principales economías americanas (salvo Colombia). Más aún cuando el TPP pretende establecer las normas que comanden la integración económica en esa cuenca, impulsar el gran acuerdo de libre comercio de APEC (que debería lograrse hacia el 2020) y reanimar, sobre esa base regional, las moribundas negociaciones comerciales multilaterales (la Ronda Doha).


Por lo demás, la superior dimensión estratégica del acuerdo no puede soslayar la consolidación de un orden liberal en el Pacífico. Menos aún cuando éste es convergente con los principios de nuestra economía y de nuestra política exterior, con la naturaleza de la Alianza del Pacífico y con los principios que sustentan las políticas exteriores de potencias mayores amigas en el área.


Si hubiera al respecto reclamos por asimetría de capacidades, estos debieron discutirse desde el 2008 cuando los Estados Unidos innovaron las negociaciones que habían iniciado en el 2003 Chile, Nueva Zelanda, Brunei y Singapur (el P4). En ese momento la perspectiva de un acuerdo de libre comercio entre economías que no sumaban el 1% del PBI global recibió el aporte norteamericano de 17% del PBI global (PPP) y últimamente del 5% correspondiente al Japón. Ello probablemente se expresó en el dominio de la agenda por la primera potencia y en la instrumentación de su objetivo de rebalanceo hacia el Asia.


¿Debería esto preocuparnos si no se excluyó a ningún eventual negociador –que siempre podrá adherirse- y si no se vulneraron líneas rojas correspondientes a los acuerdos de libre comercio ya suscritos con Estados Unidos, Japón, Singapur, Chile, México y Canadá? Ello lo sabremos cuando se levante la reserva con que se ha rodeado el acuerdo.


Conocer esa evaluación en el Perú es importante porque el TPP se focaliza menos en liberación de aranceles (el promedio del arancel efectivo nacional es de apenas 1.2%) que en algo más difícil de medir: eliminación de barreras no arancelarias (en un marco de subsidios remanentes), disciplinas sectoriales e institucionales e integración profunda.


En principio los beneficios del acuerdo y la supresión de la discriminación no se explican sólo por la incorporación de socios con los que no hemos suscrito acuerdos bilaterales (Australia, Nueza Zelanda, Viet Nam, Brunei y Malasia). El adecuado aprovechamiento de la acumulación de origen, la diversificación de la oferta exportable y la participación de pymes son indispensables para agregar valor a la liberación preexistente para el más del 90% de nuestras exportaciones.


Pero, además de los beneficios microeconómicos, lo importante es consolidar la inserción liberal del Perú en el Pacífico.


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