• Alejandro Deustua

Momento Difícil para la Política Exterior

Mucho más que el incremento de la multifacética conflictividad externa, la crisis del Estado causada por la corrupción sistémica ha sido el condicionante político principal referido por el Canciller Popolizio al asumir el cargo.

Si el Perú vive momentos de pérdida de confianza, nuestra política exterior, cuyo sustento es vulnerable, padece limitaciones propias de las circunstancias que está obligado a remontar.

Para hacerlo el multilateralismo y las relaciones institucionales con la región y los vecinos, ambos instrumentos procesales de menor riesgo, han sido elegidos como privilegiados mecanismos por el Canciller. Estos instrumentos son propios del momento y se prestan bien a la mano de un diplomático experimentado en el dominio de los mismos.

Las propuestas heroicas, las exaltaciones de grandeza soberana o sorpresivas iniciativas bilaterales habrían estado hoy fuera de lugar.

Y aunque el Canciller no se ha referido a plazos en esta aproximación orientada a generar confianza y estabilidad, está claro que si algunos de los problemas que debe afrontar son estructurales, como la corrupción (el tema central de la próxima Cumbre de las Américas), el largo plazo es el dominante.

Este es el caso de ciertos objetivos: la incorporación a la OCDE, el tratamiento de problemas al medio ambiente, los objetivo de desarrollo 2030 o la lucha contra el narcotráfico.

Sin embargo, demandas de corto plazo surgirán de esos escenarios de largo aliento. Este es el caso de la crisis humanitaria venezolana, ahora que el Perú ejercerá la presidencia mensual del Consejo de Seguridad.

Un mes es muy poco tiempo para solucionar un desafío de esa envergadura. Pero desde la presidencia del Consejo el Perú puede impulsar iniciativas eficientes en el marco del nuevo concepto de “paz sostenible”. En tanto ésta prioriza la protección de civiles y asuntos de desarrollo y ambiente en la prevención de conflictos, la iniciativa peruana sería plenamente funcional con el objetivo circunstancial del Consejo de Seguridad.

Lo mismo debe ocurrir en la Cumbre de las Américas con la crisis democrática venezolana. La amenaza que plantea la dictadura de Maduro a la gobernabilidad hemisférica a través de su vínculo con el narcotráfico, con los servicios de inteligencia cubanos y con otras potencias desestabilizadoras además de la tragedia migratoria que genera (que hoy solventa la región), debe buscar ser revertida por iniciativa peruana en la Cumbre más allá de que el gobernante aludido no participe en el encuentro.

De otro lado, si la Alianza del Pacífico es ya considerada por el Perú como un interés permanente prioritario, la próxima incorporación de países océanicos y del sudeste asiático no satisface adecuadamente ese objetivo. Urgentes alternativas de integración física, como la energética y de transportes, pueden realizarse a la brevedad en el marco del saneamiento pleno de toda cuestión territorial.

Si buscamos estabilidad externa para fortalecer la interna, añadamos valor a ese renovado equilibrio.


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