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  • Alejandro Deustua

MILEI: Recuperación o Fogón

21 de noviembre de 2023



Argentina acaban de otorgarse una oportunidad de recomposición de tendencia liberal. De tener éxito la reconstrucción que ofrece Milei, ese país podría eludir el abismo al que se asoma estableciendo no sólo un nuevo equilibrio económico sino un nuevo de orden nacional liberado del peronismo. Pero las posibilidades de que no se arribe al puerto deseado no son despreciables y las consecuencias de no hacerlo son muy costosas.


Si se descarta el autoritarismo, para producir las reformas estructurales que plantea el presidente electo se requiere de un gran apoyo social e institucional. Hasta hoy ese sustento, que debería expresarse en un amplio consenso, no se ha manifestado suficientemente en las urnas. Si bien Milei ha ganado con claridad, su triunfo por once puntos de diferencia describe una destacada mayoría antes que la convergencia requerida. En relación al congreso bicameral ésta no alcanza para lograr los dos tercios necesarios para lograr reformas constitucionales que permitan, por ejemplo, disolver el Banco Central.


Por lo demás, el triunfo de Milei no ha ocurrido de manera progresiva e incontrastable (el presidente electo ganó las primarias de manera apretada pero perdió la primera vuelta ganando el balotage gracias al decisivo apoyo de Juntos por el Cambio (algunos de cuyos miembros anunciaron que no votaría por él). Y si un buen número de electores votaron, como tantas veces en el Perú, para evitar un mal mayor (el kirchnerismo), esa votación no se convierte automáticamente en apoyo a la extrema reducción del Estado ni de las transferencias sociales (que será resistida por un peronismo activista). Milei tendrá que negociar y, por tanto flexibilizar, posiciones radicales.


Por lo demás, para un presidente electo que ha hecho de la economía el fundamento de su programa, la demora en la designación pública del ministro de Economía señala la vulnerabilidad del mismo (si éste ya hubiese sido seleccionado) o falta de certeza sobre cómo se emprenderá la reforma económica en orden y cumpliendo con los acuerdos internacionales.


Ese vacío es acorde con la confusión sobre la identidad ideológica del candidato que hizo de ella piedra de toque de su campaña. Si el anarco-capitalista (aquél que procura la destrucción del Estado para privilegiar al mercado) ha desaparecido, el libertario (que plantea un Estado mínimo) no se contrasta bien con el liberal (que otorga al Estado un rol importante en cuestiones de orden interno, Estado de derecho, defensa y obras y servicios que no pueden ser generadas por el sector privado).


Y si las prioridades manifestadas en su discurso postelectoral (gobierno limitado, respeto a la propiedad privada y comercio libre) son, en realidad, sólo pilares de la idea central (terminar con el Estado omnipresente, restaurar las ideas de libertad de Alberdi -1853- y proyectar a Argentina como potencia mundial “en 35 años”), al presidente electo le falta precisar aún cómo recorrerá ese camino.


Si Milei afirma que eliminará el gradualismo en ese proceso, los argentinos no conocen aún cómo implementará la dolarización ni por qué requiere entonces de un plazo de dos años (TE), por ejemplo. Si, de otro lado, la devaluación del peso atenúa el costo de su reemplazo por el dólar, Argentina no parece tener hoy las reservas suficientes para sostener el proceso. Y si aún se estudia el problema de las muy abundantes letras de liquidez emitidas por el Banco Central a los bancos -Leliqs-) cuya solución es previa a la dolarización, no existiría aún condición para proceder, restando eficacia y transparencia a un proceso que requiere credibilidad para asentarse. La negociación con los multilaterales para el pago de la deuda presentará otra morosa complejidad.


Por lo demás, proceder a una reforma del Estado que implique no sólo un recorte de 15% del gasto (hoy representa en 37.7% del PBI) sino la reducción de 18 carteras ministeriales a 8 implica un esfuerzo titánico y apoyo legislativo (La Libertad Avanza cuenta sólo con 38 diputados de 257 y 7 de 72 senadores). Descontando el apoyo congresal de Juntos por el Cambio, Milei deberá negociar, también aquí, con otros partidos para para poder avanzar. Ello tomará tiempo y concesiones que el presidente electo no ha anunciado (su presentación pública postelectoral pareció aún maximalista antes que consensual).


Por lo demás, la apertura comercial (otro centro de gravedad del programa) tiene también condiciones enunciadas en él. Así, para eliminar o reducir los impuestos a la importación se requerirá primero la “eliminación del atraso cambiario” (que demorará tanto como la dolarización), un tipo de cambio competitivo (la dolarización no favorece las exportaciones) y consolidar un superávit fiscal que el FMI proyectaba recién para el 2028. A ello no ayuda la reducción de impuestos proyectada desde el 33.8% de hoy. La reducción de impuestos a las exportaciones debiera ser menos compleja.


Y si bien la integración comercial en el MERCOSUR se facilitaría a costa de la unión aduanera (eliminación del arancel externo común), esa pretensión seguramente será observada por Brasil con cuyo gobierno Milei ha atizado discrepancias retroalimentadas por Lula (que favoreció explícitamente a Massa).


Este es un problema mayor porque Brasil es el mayor socio comercial latinoamericano de Argentina y receptor principal de sus exportaciones y, por tanto, un interlocutor con el que se requiere menor fricción. Pero Milei la ha agravado considerando no sólo a Bolsonaro como una referencia sino al gobierno brasileño como obstáculo en tanto Lula es cofundador del Grupo de Puebla (asociación que es, en efecto, una piedra en el zapato).


Y si el trato con el “mundo libre” (Occidente e Israel) será preferencial , no queda claro cómo se podrán mantener relaciones con China (una fuente principal de inversión y de comercio que Milei ha englobado entre las potencias comunistas con las que guardaría distancia) ni con las democracias imperfectas, los regímenes híbridos y los autoritarios (desde Venezuela hasta Rusia) en el mundo.


Si al respecto se considera que la política exterior argentina estará orientada por lineamientos económicos mientras los factores políticos se condicionan fuertemente, la posibilidad argentina de tener buenas relaciones de trabajo no sólo con China sino con el resto de BRICS y del mal denominado “sur global”, disminuye.


Ello no contribuirá a que Argentina proyecte su rol como potencia mundial en el largo plazo como lo plantea Milei, no sólo porque esas potencias destacan su rol político sino porque tienen clara conciencia del poder del Estado para establecer los regímenes del mercado (especialmente en momentos de desglobalización).


Frente a estos problemas es de esperarse que Milei adopte posiciones menos radicales y que su liberalismo presida sobre su “libertarismo”. Los estados latinoamericanos que tienen registro reciente de los beneficios del liberalismo en la región desearán que así ocurra. Especialmente si del éxito argentino depende hoy, en no poca medida, que esta forma política recupere su arraigo en el área.


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