• Alejandro Deustua

¿México Sin Opciones?

Por primera vez en 31 años la organización política de América Latina no ha expresado solidaridad frente a la hostilización externa de un integrante del área.


En efecto, ni la cumbre de la CELAC posterior a la toma de posesión del presidente norteamericano ni agrupaciones subregionales han protestado por la disposición coactiva de Estados Unidos contra México en asuntos migratorios ni por su decisión unilateral de renegociar el NAFTA bajo amenaza de aplicación de medidas coercitivas.


Unos débiles pronunciamientos de Argentina, Brasil, Colombia, Perú y Bolivia no han bastado para compensar esa realidad. Ésta muestra un fuerte cambio en la conducta plurilateral de una región fragmentada varios de cuyos miembros padecen graves crisis morales (la corrupción que carcome instituciones e identidades) y económicas (Venezuela, Brasil).


Al respecto se alega también razones de carácter geopolítico y de eventual indisposición del país afectado a recibir apoyos demasiado explícitos. En el primer caso, se esgrime la diferente relación estructural de México y Centro América con Estados Unidos. Ésta muestra una dependencia extrema frente a la mayor flexibilidad de la relación suramericana con la primera potencia.


En el caso mexicano alrededor del 80% de sus exportaciones se concentran en el mercado norteamericano y el 95% de las remesas del exterior y más del 50% de la inversión extranjera proveniente de ese origen. En el marco de una muy compleja relación migratoria México no dispone de eficientes alternativas diversificadoras de corto o mediano plazo.


De esta realidad estructural emana la indisposición mexicana a confrontar abiertamente al Sr. Trump. Decidido a lograr un nuevo acomodamiento con Estados Unidos, el presidente Peña Nieto no desearía, en apariencia, apoyos regionales desquiciantes ni estridentes.


Es en ese marco que el presidente mexicano buscar algún respiro en el área (esta vez, con Argentina y Brasil) y en otras regiones sabiendo que su margen diversificador es escaso.


Si además, Canadá contiene el ánimo contestario del Primer Ministro Trudeau (NYT), se sostiene el argumento de que una beligerante expresión de solidaridad suramericana no ayudaría mucho al afectado.


Pero al margen de esa apuesta por el acomodo, el hecho es que una contracción mexicana causada por la presión del Sr. Trump expresada en recorte de intercambios comerciales, fuga de capitales, devaluación del peso, déficits de cuenta corriente y deterioro de expectativas tendría un serio impacto hemisférico. Éste se complementaría con mayor inseguridad interna debido a creciente inestabilidad social.


Considerando además el impacto específico que ese escenario tendría en la Alianza del Pacífico, parece claro que la desestabilización mexicana complica el interés nacional peruano, chileno y colombiano. Si estos países no concurren en apoyo de México en defensa de su propio interés tendrán un problema económico y de inserción internacional mayor al que muestra una deficiente expresión de solidaridad.


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