• Alejandro Deustua

La Inversión Extranjera en el Mundo Crece a Pesar de la Incertidumbre

La Inversión Extranjera en el Mundo Crece a Pesar de la Incertidumbre (Y Confirma Ciertas Tendencias del Orden Emergente).


Como sucede en las plazas bursátiles norteamericanas, la incertidumbre generada por la lenta recuperación en los países desarrollados y por las advertencias sobre una mayor desaceleración china no se ha expresado en el primer semestre del año en el comportamiento de la inversión extranjera directa en el mundo: según la UNCTAD (1) el monto global de esa inversión se ha incrementado en 4% alcanzando US$745 mil millones en ese período (vs los US$ 718 mil millones del período equivalente de 2012).


Este incremento, sin embargo, sigue mostrando algunas recurrencias estructurales y ciertos resultados circunstanciales en los países de origen y de destino.


Entre las primeras destaca la persistencia del mayor flujo de inversión a los países en desarrollo (60% del total) a pesar de que la pequeña recuperación económica de los desarrollados mostró ya una renovada y superior participación de éstos en el PBI global según FMI.


En ese marco, el poder de captación del Asia siguió predominando en el semestre (US$ 192 mil millones vs US$ 165 mil millones en América Latina). Aunque la diferencia parece menor, es importante porque mientras el monto captado por América Latina es 35% superior al logrado en el primer semestre del año pasado, el obtenido por Asia declinó en -5%.


Ese 40% de flujo mayor hacia Latinoamérica en momentos de declive asiático muestra, sin embargo, un flujo superior asiático de US$ 27 mil millones. El hecho reitera la realidad estructural de que Asia obtiene cada vez más ventajas económicas sobre América Latina y que la predilección de los inversionistas extranjeros no desea cambiar esa tendencia.


Así, si bien la relación Sur-Sur (una denominación que debería cambiar como ha cambiado la Norte-Sur) sigue siendo determinante para la salud económica global, el hecho es que dentro de ella se sigue consolidando, año a año, una relación vertical que coloca a la región en un estamento inferior. Esta consideración es fundamental para evaluar la arquitectura del orden global emergente.


Por lo demás, otro fenómeno estructural se consolida dentro de América Latina: la capacidad de atracción financiera del Brasil aún cuando su economía haya perdido parte de los fundamentos que la sostuvieron hasta hace un par de años. En efecto, ese país no sólo es el único latinoamericano que aparece entre los diez primeros receptores del semestre (cuestión que puede ser circunstancial) sino que los inversionistas sigue prefiriéndolo como destino (US$ 30 mil millones esta vez) mediante préstamos intra-empresas cuando uno de las fuerzas motrices de la inversión (las fusiones y adquisiciones) ha caído fuertemente.


De otro lado, entre los hechos circunstanciales relevantes puede mencionarse que el incremento de la inversión en América Latina ocurre esta vez gracias a Centroamérica (donde aquélla creció 107%) en lugar de Suramérica (donde decreció -8%). La precariedad de esa circunstancia se muestra en el hecho de que ese incremento se ha debido esencialmente a una sola operación (la adquisición del 44.4% del grupo Modelo mexicano por Anhauser Busch de Bélgica por US$ 18 mil millones).


En América del Sur, mientras tanto, se ha producido una alteración de la jerarquía de receptores que puede anunciar que la condición de ese orden puede estar dejando de ser circunstancial: el retroceso de alrededor de -50% de la inversión extranjera en Chile en contraste con el fuerte incremento de 27% en el Perú logrado esencialmente en el sector minero. Eso coloca al Perú, de momento, como tercer receptor en la región desplazando a Chile. Al respecto es pertinente una indagación: si el retroceso chileno se produce por desinversión en el sector minero y menor inversión en otros sectores atribuida a la caída de los precios de los commodities, por qué en el Perú, que presenta la misma vulnerabilidad externa, la inversión extranjera avanza.


De otro lado, como elemento circunstancial referente al crecimiento de 35% en el flujo hacia América Latina debe destacarse su rezago frente al incremento de 104% de la inversión en las economías en transición (Rusia y algunos miembros del CIS, algunas de cuyas sedes financieras radicadas en el Caribe, han elevado la participación en el mercado de, por el ejemplo las Islas Vírgenes y de la cuenca en su conjunto).


Luego están los declives de los demás: -5% en el Asia en desarrollo, -5% en África, -8% en Norteamérica y -15%/-20% en la Unión Europea.


En relación al Asia (que a pesar del retroceso de -5% encabeza el flujo global con US$ 192 mil millones) llama la atención la recuperación del flujo hacia China especialmente en el sector servicios. Ello confirma la fortaleza estructural de ese mercado donde la inversión cayó en todas las subregiones (menos en el Sur del Asia gracias a la India).


Cuando la economía global cumpla con el pronóstico de una mayor recuperación en el 2014 y la inversión extranjera fluya adicionalmente (evidenciando, de paso, que la liquidez sigue atrapada hoy no sólo en los bancos sino en las empresas), Asia obtendrá todavía más ventajas estratégicas en la materia.


Por ello es necesario que la recuperación del flujo se realice también entre los países desarrollados donde el incremento de la inversión sustentaría un incremento de la demanda norteamericana y europea que beneficiaría a la inversión extranjera en América Latina vinculada a las exportaciones de productor no tradicionales.


La región requiere esa recuperación por razones de balance estratégico y por razones microeconómicas: la nueva inversión debe ser atraída a esta parte del mundo hacia nuevas fuentes, proyectos y sectores en lugar de mantenerse, como hasta hoy, en los sectores tradicionales (cuyas fuentes son, además, empresas subsidiarias que reinvierten utilidades en un escenario sin mayores fusiones ni adquisiciones).



  1. UNCTAD: Global Investment Trends Monitor October, 31, 2013


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