• Alejandro Deustua

La Economía Peruana en Tránsito

Con China creciendo por debajo de su potencial (7.7% en el primer trimestre), la perfomance de Estados Unidos desmejorando en relación al 2012 (1.9% este año), proyectado a la baja su crecimiento de largo plazo (2.4%) y parte de la Unión Europea afectada por signos extremos de recesión, el contexto externo de mediano plazo de América Latina no se ve bien.


Aunque esta apreciación deba ser matizada por opiniones alentadoras de carácter institucional sobre la superación de la crisis en Norteamérica o por las que indican que lo peor ya pasó en la Unión Europea, la lenta recuperación y la persistente duda sobre la sostenibilidad del crecimiento chino (que tiende a reducirse fuertemente en el largo plazo) encuadra mejor los términos de la futura inserción de la región.


La incertidumbre que este cuadro de situación produce en América Latina se expresa en la proyección de los flujos de inversión extranjera y de valor del comercio mundial para este año. En relación a lo primero la CEPAL acaba de anunciar que su estimado de recepción de flujos de inversión hacia América Latina y el Caribe oscila entre -3% y 7%. Ese amplio margen de 10 puntos porcentuales señala la magnitud de la incertidumbre.


Es más, ese ancho rango señala el umbral de la impredecibilidad en claro contraste con los flujos del 2012 (un récord de inversión extranjera en la región en torno a los US$ 173361 millones que superó el incremento de 6.7% en el 2011 y cuya realidad fue anticipada).


Y en relación a la proyección del comercio mundial (información esencial para medir la situación de un modelo de crecimiento por exportaciones) la OMC acaba de revisar a la baja su proyección original de este año (4.5%) estableciéndola ahora en un “flojo” 3%. Si bien este nivel es superior al registrado en 2012 (2%) está muy por debajo del 5.5% logrado en 2011 (que, a su vez, fue mucho menor que el gran rebote de 2010 estimado en 13.8%).


Si en este contexto se explican los decepcionantes índices del primer trimestre de la economía peruana es porque sigue existiendo una fuerte correlación entre éstos y el entorno. En efecto, la estadística del primer trimestre del sector externo peruano acaba de quebrar la tendencia de permanente incremento exportador al dar cuenta de una fuerte caída de las ventas al exterior (-16.6%) en relación al mismo período de 2012 según el Banco Central de Reserva.


Es más, teniendo en cuenta el dominio estructural que ejercen las exportaciones tradicionales sobre las no tradicionales en el Perú la caída de las primeras en -19.1% da una clara señal de alerta sobre las condiciones de la demanda externa y los obstáculos que afronta la producción interna.


Por lo demás, de ese declive no escapan las exportaciones no tradicionales (-8%). En tanto más del 40% de éstas se colocan en América del Sur según Ádex obteniendo beneficios que derivan de un valor agregado superior, la reducción de estas colocaciones señala que el deterioro la demanda regional tampoco es indiferente al deterioro general (y que, por tanto, hay el acople interdependiente, cuestionado por algunos, se mantiene).


La vulnerabilidad económica externa que muestra esta estadística resalta aún más el valor compensatorio de la demanda interna que fundamenta hoy la perfomance de la economía peruana. Lamentablemente, ésta no es la gran locomotora que algunos asumen. En efecto, aún considerando que los indicadores de marzo pudieran ser atípicos, el hecho es que el 3.01% de crecimiento registrado por el INEI muestra la debilidad actual de esa demanda (que está asociada al producto) la que, además, califica bien por debajo de las expectativas generales.


De otro lado, ésta puede tener un componente estructuralmente negativo en tanto que el sector líder (la construcción), acostumbrado a incrementos productivos de hasta dos dígitos, ha crecido sólo 3.5% en ese mes, mientras que un sector clave para el desarrollo, como la manufactura, ha confirmado su proceso de deterioro con una contracción de -3.64%.


En este escenario de coincidencias a la baja, la encuesta macroeconómica del sector privado que realiza mensualmente el Banco Central confirma que todos los sectores (el sistema financiero, las empresas no financieras y los analistas) han rebajado sus proyecciones anuales (aunque manteniéndolas en torno del 6% lo que, obviamente, no revela pesimismo).


En esa misma predisposición perceptiva el índice de confianza de Apoyo se ha reducido por cuarto mes consecutivo situándose en 54 puntos (aunque también sin vulnerar el límite bajo del optimismo estadístico).

Por lo demás, en lo que va del año (hasta el 7 de mayo) los índices General y Selectivo de la Bolsa de Valores han bajado -15.6% y -13.9% respectivamente.


En ese marco cabe preguntarse cómo se justifican las reiteradas proyecciones de ciertos bancos, como el BBVA, que insisten en mantener el estimado de crecimiento del conjunto de la economía en 6.5%. Más aún cuando el propio ministro del sector ha reconocido que, de no atender adecuadamente los factores de riesgo interno y externo, la economía podría crecer este año 4% contrariando la proyección inicial de 6.3%.

Pero aún admitiendo la posibilidad de que hacia el segundo semestre pueda lograrse una recuperación exportadora, que se destrabe la inversión atrapada en proyectos aún no realizados y que el crédito no sufra entrampamientos, podrá el Perú crecer a ritmos sostenidos del 6% necesario para el desarrollo y disminuir pobreza?.


En relación al conjunto de la región el FMI responde que el repunte del crecimiento es posible a un ritmo ligeramente superior al 2012 (3.5% vs 3% en 2011) siempre que la demanda externa repunte (probabilidad incierta según lo visto), que los efectos de políticas sensatas (que no todos, pero sí el Perú, han aplicado) rindan su curso, que se fortalezca el sistema financiero en aquellos países fuertemente ligados al sistema financiero internacional y que, en general, se proceda con moderación fiscal (especialmente los que no acceden con facilidad al financiamiento externo).

Pero esta no es una recomendación que parezca haber atendido algunas sucursales de banco extranjeros que sugieren que la inversión pública compensará la pérdida de ingresos por exportaciones.


A luz de estas divergencias perceptivas derivadas de un incremento de la incertidumbre económica, el hecho es que los países exportadores de materias primas, como el Perú, deben prepararse para afrontar la realidad del fin de una era: el crecimiento a caballo del boom de los precios de los commodities que generó la demanda asiática.


Este diagnóstico del Banco Mundial no implica la cancelación de la economía exportadora tradicional sino la implementación de reformas estructurales (cuyos efectos son de largo plazo) para consolidar el crecimiento sustentado en la demanda interna. Para América Latina ello implica, según el BM, organizar mejor la economía de servicios que caracteriza a los mercados latinoamericanos y postergar el modelo asiático basado en el crecimiento industrial y en exportaciones.


Puede que eso no sea lo mejor, pero a este debate debemos dedicarnos con propósito operativo si economías exitosas como la peruana van a mantener el curso en lugar de aguardar las consecuencias de largos cíclicos de contracción que siguen a largos ciclos de crecimiento cuando éstos se producen.


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