• Alejandro Deustua

La Crisis Alimentaria y la Especulación

Sin mayor alerta preventiva la inseguridad alimentaria ha devenido en un serísimo problema de inestabilidad internacional.


En efecto el incremento de los precios estimado por la FAO en un rango de entre 40% y 130% (o un promedio de 80% según el Banco Mundial) desde el año pasado ha puesto en riesgo inmediato a 100 millones de personas y a 37 países pobres. Y aunque en las últimas semanas los precios se hayan reducido en alguna proporción los organismos multilaterales aseguran que no existe expectativa alguna de que éstos retornen al nivel del 2007.


Aunque la predicción del valor de los alimentos sea difícil de establecer, el hecho es que en los próximos años se espera que el incremento genere algo más que emergencias humanitarias. Éste se expresará en presión inflacionaria, deterioro de los términos del intercambio y en, los países más vulnerables, en aumento de la pobreza o neutralización de los esfuerzos por combatirla.


Entre los factores estructurales del incremento de los precios se incluye, como se sabe, el aumento de la demanda estimada este año en US$ 1035 mil millones (es decir US$ 215 mil millones más que en el 2007) según la FAO. La atribución de esa responsabilidad sólo a China e India es insuficiente si no se considera la mejora global de ciertos estándares de vida.


Por lo demás, el incremento del precio del petróleo ha impactado en el costo del transporte y éste, en el de los sistemas de distribución.


En el lado de la oferta, de otro parte, la sustitución de cultivos de alimentos básicos por producción ligada a la energía (el caso del maíz para producir etanol) y el empleo consecuente de transgénicos constituye un cambio cualitativo en el comportamiento del mercado en perjuicio de quienes dedican la mayor parte de sus ingresos a la alimentación.


Aquél ha sido estimulado también por factores temporales como las malas cosechas derivadas de problemas climáticos (p.e. Australia).


Si sobre ello hay consenso, lo hay menos sobre el rol de la especulación en la generación de la crisis. En este caso, no se trata de negar el rol de los agentes financieros que invierten en el mercado de commodities sino de determinar si hay comportamiento distorsionador.


Ésta es una tarea difícil de cuantificar (en el caso del petróleo algunos lo han estimado en 30% hace un par de años). En el caso de los alimentos, la Commodity Futures Trading Commission de Estados Unidos acaban destacar ante el Senado de ese país que, si bien existe especulación, ésta no es “excesiva” (en el sentido de alterar sustancialmente el mercado en perjuicio del consumidor). Reconociendo que existe una transferencia de recursos del mercado hipotecario en crisis hacia el mercado de commodities, esa Comisión destaca que los inversionistas (como los fondos de cobertura) cumplen también con el rol de disminuir el riesgo y de generar transparencia en las transacciones de esos bienes.

Puede ser, pero en tanto la reorientación de recursos de un mercado a otro es sustantiva y las expectativas de ganancias de corto plazo son muy altas, también es posible concluir que su efecto en el mercado puede ser efectivamente distorsionador.


Si ello ocurre en grandes productores que subsidian la oferta vinculados a inmensos mercados de capitales, la disciplina en esos mercados debiera ser mayor.

Por tanto, si se considera que los organismos multilaterales están destinando cientos de millones de dólares a la asistencia de los que serán afectados por los altos precios, bien podrían los reguladores reducir fuertemente el margen de especulación (que suma miles de millones) en lugar de avalarla.



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