• Alejandro Deustua

FMI: Más Desaceleración con Riesgo Inflacionario

La economía global sigue en problemas y su superación no está al alcance de la mano. Este no es un anuncio generado por expectativas o percepciones pesimistas o que traicionen el optimismo que algunos gobernantes reclaman como condición ciudadana.

La desaceleración global, la presión inflacionaria y el traslado de recursos de los países consumidores a los productores de materias primas (fenómeno que, además de expresar una nueva realidad de poder, es también generador de inflación sin que estos países tengan aún suficiente capacidad para incrementar sustantivamente la perfomance global) se mantendrá o incrementará en el segundo semestre con posibilidades de estabilización hacia abajo el 2009.

Así lo reporta el FMI (1) que, si bien no es extraordinariamente preciso en sus proyecciones, continúa siendo un productor principal de referencias sobre la marcha de la economía mundial. Y aquéllas indican que el PBI global revisado caerá de 5% a 4.1% este año y a 3.9% el próximo. Ese desempeño podría estar acompañado de una desaceleración mayor en los países desarrollados en el segundo semestre mientras que el promedio de los países en desarrollo y emergentes descenderá de 8% el año pasado a 7% en el 2008.

Aunque la magnitud de la desaceleración en estos últimos está lejos de ser catastrófica (China, un caso excepcional, pasará de crecer 12% a 10%) la presión inflacionaria puede incrementarse (a 9.1% este año y 7.4% el próximo) mientras que la transferencia de más recursos puede ser compensada por el decrecimiento de la demanda en los economías centrales incrementando la inflación.

De lo primero ya da cuenta en el Perú la caída de los Estados Unidos como primer destino de nuestras exportaciones en los meses pasados, cediendo el sitio a la Unión Europea y a un interesante repunte en las exportaciones hacia la subregión andina según Promperú. De lo segundo ha dado testimonio el Presidente García quien, en el mensaje de 28 de julio, anunció un crecimiento que no desatienda el incremento de la inflación local.

Según el FMI, la presión del aumento de los precios será más intensa en los países en desarrollo que en los desarrollados. Ello se deduce del hecho de que, mientras en los primeros se reduce la demanda (factores que reduce el crecimiento de los precios, en los segundo se sigue incrementando el ingreso de divisas como consecuencia del alto precio del petróleo y de los alimentos sin que la producción de bienes acompañe adecuadamente ese fenómeno al tiempo que la importación de bienes de consumo se incrementa.

En tanto el riesgo inflacionario sigue considerándose el mayor desafío de la crisis, ésta será más difícil de controlar en aquellas economías en que, como las nuestras, la expansión continúa. En la perspectiva ortodoxa del FMI, ello requerirá mayor disciplina en las políticas fiscales y monetarias y mayor flexibilidad en las políticas cambiarias. Especialmente si se produce una segunda ola de “efectos” del incremento de los precios del petróleo y de los alimentos.

Como ocurre con este tipo de generalizaciones, su exacta aplicación no siempre es posible o plenamente recomendable. Pero los tiempos ciertamente reclaman disciplina y cooperación en la gestión económica internacionales.

Aunque el Perú y ciertos países de la región practican lo primero, quizás no puedan colocar demasiadas esperanzas en lo segundo. Esta realidad abarca tanto la relación con los países desarrollados como la que mantenemos con los países en desarrollo.

En efecto, en el primer caso los miembros del G8 no se han mostrado de capaces de coordinar políticas globales para el control de la crisis que no sean las recomendaciones sobre principios generales (entre ellos, el control de la inflación). En el segundo, la posibilidad de cooperación se reduce a los países que implementan políticas económicas afines y que han merecido, al respecto, el reconocimiento internacional.

En América Latina ello ocurre principalmente con Perú, Chile, Brasil, Colombia y México. Si ello es bueno, no es suficiente y lo es mucho menos cuando algunos medios reportan que los ingresos extraordinarios por incremento de los precios de los commodities no sólo no se han ahorrado responsablemente sino que se han gastado hasta en 80%.

Por lo demás, las posibilidades de cooperación con Asia no son tan esperanzadoras como la APEC sugiere. Y no podrían serlo porque la acumulación en esos países es mucho mayor y el privilegio con que los desarrollados siguen aproximándose a ese continente continúa abriendo la brecha de poder, desarrollo y de competitividad en relación a la América Latina.

De allí que el Perú deba redoblar sus propios esfuerzos en mantener la disciplina económica sin sacrificar el crecimiento sostenible y que deba coordinar mejor con aquellos vecinos regionales que perciben los mismos problemas y proponen soluciones similares. Ese esfuerzo de coordinación debería poder extenderse a algunas potencias emergentes y países desarrollados. Lo que no debe ocurrir es procurar solventar la crisis por cuenta propia asumiendo que la economía esta perfectamente “blindada” cuando los riesgos y las vulnerabilidades son y quizás serán mayores.




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