• Alejandro Deustua

Estados Unidos y Venezuela Estrenan la Política Exterior de Castillo y Béjar

11 de agosto de 2021


El canciller Héctor Béjar ha concretado su primer par de acciones de política exterior enrumbándolas por un camino de razonable apariencia.


En efecto, revisar, con la Embajadora de los Estados Unidos, un sumario de la relación bilateral y establecer con ella un mecanismo de coordinación semestral no puede calificarse de insensato.


Como tampoco puede serlo el apoyo brindado por el Perú al Grupo de Contacto que intentará, en México y con patrocinio noruego, una ronda adicional de diálogo entre el gobierno y la oposición venezolanos. Esa ronda negociadora pretende lograr, mediante el diálogo, la convocatoria de elecciones libres, justas y transparentes para salir de la dictadura que hoy desangra a Venezuela. La Cancillería reportó ambas iniciativas el mismo 9 de julio (aunque la Embajada de los Estados Unidos no lo hizo).


La primera acción es consistente con la apresurada aprobación, por el Departamento de Estado, del resultado electoral peruano cuando la oposición local encontraba considerables irregularidades en el proceso.


Que en el Perú no se registrara ningún desborde político que llevara, eventualmente, a mayor inestabilidad que la que hoy existe podría haber sido la razón que fundamentó la ingenua intención norteamericana. Ese pronunciamiento inicial se realizó, además, a pesar de los peligros autoritarios inherentes a Perú Libre y a la naturaleza marxistas-leninista de esa organización que nadie escondía.


Queremos suponer que el Departamento de Estado estaba al tanto de ello y que estaba dispuesto a pagar el precio de lidiar con un gobierno marxista hasta cooptarlo.


La alternativa a ese supuesto (que un funcionario de menor rango y sin mayor experiencia, haya concretado la iniciativa en el marco de un gobierno demócrata con diversas tendencias progresistas y que la haya llevado, sin más, hasta el más alto estrato decisorio) revelaría gran fragilidad institucional en el proceso decisorio de la primera potencia además de sembrar dudas adicionales sobre la orientación de su política hacia la región.


De otro lado, ¿es posible inferir que el acuerdo sobre coordinación entre el Perú y Estados Unidos se expresará complementariamente en alguna forma de prioridad relativa a los demás países miembros de Occidente? Si nos atenemos a la rapidez de reacción de la representación de la Unión Europea que siguió a la felicitación norteamericana, alguna expectativa podría existir al respecto.


Pero esa alternativa no se sostiene a la luz del lenguaje agresivo que empleó el presidente Castillo contra España en la ceremonia de toma de posesión del cargo. Y tampoco se afinca en el escenario protocolar. Si el gesto señalizador vale algo todavía en Torre Tagle, la prioridad que el canciller Béjar ha otorgado, en un nota de prensa, a la celebración del bicentenario de nuestra Embajada en Moscú sin mencionar a las demás que se han esforzado en producir homenajes similares, indica que el foco de atención del Sr. Béjar, antes que en Occidente, se dispersa en la panoplia de relaciones que se pretenden “con todos los países del mundo”.


La segunda iniciativa del canciller relacionada con la renovada prioridad que parece adquirir la transición democrática en Venezuela, sí ha adelantado una variación de curso y se coloca también en línea con la expectativa del Secretario de Estado Blinken (quien ha agradecido al presidente Castillo por el “apoyo” del Perú “en respuesta a la crisis en Venezuela”.


Ese “apoyo” ha sido ratificado por el Sr. Béjar, sin aludir a la expectativa norteamericana, al informar que el Grupo de Contacto para una salida democrática en Venezuela, liderado por Noruega y que conforman, además de Venezuela, España, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Portugal, Suecia, el Reino Unido, Costa Rica, Chile, República Dominicana, Uruguay, Ecuador y Bolivia, congregará el esfuerzo peruano en tanto es la alternativa más eficaz.


La marginación del Grupo de Lima en ese esfuerzo ha llamado la atención a muchos. En lo que hace a la negociación formal con Venezuela esa preocupación debiera ser menor porque buena parte de los miembros que conforman el Grupo de Lima han buscado coordinaciones con el proceso iniciado por el Grupo de Contacto (2019).


Pero la iniciativa de ese Grupo no es garantía de éxito. En efecto, desde las primeras reuniones propiciadas por ese Grupo en 2019 no se registra hoy mayor éxito. Es más, en el transcurso de las dos primeras realizadas en Oslo y Barbados, Maduro se retiró en protesta por las sanciones impuestas por Estados Unidos, y luego el gobierno venezolano declaró persona non grata a la representante de la Unión Europea también como reacción a sanciones de la UE a miembros de ese gobierno.


Sin embargo, ahora que el Grupo se reunirá en México (país que no es un miembro de la organización) quizás Maduro se decida a realizar algunas pequeñas reformas de apertura siguiendo el ejemplo del aliado cubano que parece desear reemprenderlas después de las masivas protestas y de la represión consecuente del mes pasado. Pero no más allá.


Por lo demás, la neutralización del Grupo de Lima (cuya creación se debe, en parte, a la iniciativa peruana) no tiene mayor importancia práctica si se tiene en cuenta que esta entidad no pudo impedir que la Asamblea Constituyente venezolana reemplazara al Congreso de ese país o que se apurara su transición democrática. Más bien, su recurrencia declarativa sin resultados ha resultado bochornosa aunque, al menos, haya contribuido a mantener el reconocimiento de Juan Guaidó como presidente encargado reconocido por 53 gobiernos (Guaidó debiera concurrir a la reunión del Grupo de Contacto).


Sin embargo, la neutralización del Grupo de Lima sí puede tener efectos importantes para la política exterior peruana en tanto el Sr. Béjar la considere un triunfo nacionalista (el canciller calificó a ese grupo como el “Grupo de Washington” antes de asumir el mando de Torre Tagle) y contribuya a reorientar el alineamiento peruano en la región.


Tal reorientación se expresaría, con otros propósitos, en la reconstitución del UNASUR del que se han retirado alrededor de media docena de países incluido el Perú debido a su disfuncionalidad y manejo ideológico (el Estado, sin embargo, no ha concluido los requerimientos legales para tal retiro).


El UNASUR es un foro político de supuesta amplia coordinación suramericana, en el que no predominarán los Estados que favorecen el libre mercado y la democracia representativa, mientras que la racionalidad de esa nueva inserción quedaría fuertemente atada a las convicciones bolivarianas del presidente Castillo y a las castristas y antinorteamericanas del canciller (a propósito de un aniversario de la muerte de Fidel Castro, Béjar ha sostenido, religiosa y televisivamente, que sólo el cuerpo de Fidel ha muerto pero su espíritu pervive y más recientemente Béjar se ha atrevido a confesar su convicción de que la CIA fue la creador de Sendero Luminoso y el artificiero de la división de la izquierda).


Al respecto cabe preguntar si tales convicciones formaron parte de su encuentro con la Embajadora de los Estados Unidos y si, embriagado por ellas, en lugar de propiciar el tránsito democrático en Venezuela, preferirá más bien fortalecer las relaciones con el dictador Maduro en el marco de la reciente visita del canciller venezolano, Jorge Arreaza, procurando que el Grupo de Contacto contribuya a poner término a las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea a miembros de ese gobierno totalitario.


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