• Alejandro Deustua

Estados Unidos y Perú: Contactos Insuficientes

A pesar de que los contactos entre autoridades interestatales han perdido, por su frecuencia, carga simbólica siempre destacan los que se realizan entre aliados y adversarios.


Pero no siendo el Perú un adversario ni un aliado de Estados Unidos sino un socio, las recientes visitas del Subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos y del Secretario de Defensa norteamericanos no tienen mayor dimensión que la que expresa la buena relación con la primera potencia. Esas visitas deben evaluarse, por tanto, más por la importancia de sus agendas que por la cordialidad de sus expositores.


En tanto aquéllas han estado dominadas por la toma de contacto y la búsqueda de nuevas oportunidades de cooperación en un contexto de aproximación progresiva, no hay aún mucho que destacar salvo su contenido de “diplomacia pública” que acompaña a la poco innovadora noción de “soft power” de la administración Obama.


Sin embargo, estas visitas podrían estar anunciando un cambio en la aproximación de la primera potencia a nuestro país. Especialmente si un nuevo enfoque subregional estuviera emergiendo en los Departamentos de Estado y de Defensa en la relación con países amigos que comparten problemáticas.


Ello pudo ser más evidente en la visita del Secretario Gates que en la del Subsecretario Valenzuela. El primero pareció buscar mejores aproximaciones al combate del narcotráfico, del terrorismo y del crimen organizado en escenarios vinculados como lo están los de Perú, Colombia y México. Una mayor coordinación estratégica en el área ciertamente sería bienvenida al tiempo siempre que se acorten las grandes diferencias de trato de la primera potencia con esos interlocutores.


Si ello va producir resultados superiores a los insuficientes del enfoque bilateral (Colombia aparte), sería hora de complementar ese enfoque con el incremento las capacidades de los Estados involucrados. Y como ello no puede obviar a las relaciones militares convencionales, es bueno incrementar también acá la cooperación en entrenamiento, aprovisionamiento y desarrollo tecnológico siguiendo la pauta del reciente acuerdo militar brasileño-norteamericano en la materia. Ello implica obviar asistencias monetarias minimalistas al tiempo que se replantea la cooperación de seguridad en escenarios mayores como el hemisférico. La visita del Subsecretario Valenzuela, de otro lado, pareció más marcada por el proceso burocrático norteamericano que por una nueva iniciativa del Departamento de Estado. Postergada por un año debido a la indisposición del Congreso a aprobar el nombramiento del señor Valenzuela y realizada luego de la que éste llevó a cabo por el Cono Sur, esta visita no parece haber superado la toma de contacto con los países andinos.


Si bien la política norteamericana hacia la región consiste en mantener la mejor relación con cada uno de sus miembros, la visita, concentrada en Perú, Colombia y Ecuador, destaca una visión más selectiva de la subregión andina. Pero para sustanciarla con algo más que los temas de siempre o de la menor problemática que éstos plantean parece necesario evaluar sus contenidos en un encuentro de más alto nivel. Quizás allí podríamos examinar las oportunidades como las del “arco del Pacífico” o del “acuerdo estratégico transpacífico” como impulso de la menguada agenda hemisférica entre otros.



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