• Alejandro Deustua

Estados Unidos: Sólo Ganar Tiempo

Ganar tiempo es importante frente a un problema de apariencia insoluble. Y si se trata de una controversia, más aún: las partes enfrían sus posiciones, reevalúan el horizonte, miden los costos de la confrontación.


Pero el problema fiscal y de deuda norteamericano no es insoluble, su persistencia pende sobre las cabezas de sus ciudadanos y, en buena medida, sobre la estabilidad global.


Por ello haber ganado tres meses para que el gobierno siga operando sin resolver absolutamente nada de su problema fiscal (el déficit es de sólo 3.7% hoy pero en el largo plazo la relación gasto-ingreso requerirán un recorte de 11.7% del PBI según el FMI -The Economist-) y cuatro meses para el nuevo vencimiento del techo de la deuda (que si bien no es abrumadora en relación con el PBI, ciertamente los es en términos absolutos -US$ 16.7 trillones-), sólo prolonga e incrementa el riesgo que pende sobre la primera potencia y el sistema económico internacional.


Ello ocurre con varios agravantes: el partido Republicano derrotado querrá cobrar concesiones que no recibió ahora en los términos de una revancha costosa de cara a las próximas elecciones legislativas. El Tea Party seguirá exclamando que ésta una “batalla” de principios y volverá a la carga en enero y febrero con las mimas posiciones. Y el aparente triunfador, el partido Demócrata se verá quizás en la necesidad de creciente de buscar él una salida cuando sus militantes claman victoria en medio del desgaste.


Y si a ese arreglo se ha llegado sólo con el propósito de vencer un plazo y postergarlo para enero (el presupuesto) y febrero (el techo de la deuda), ninguna metodología de pasos sucesivos o de aproximación integral a un problema complejo ha sido seguida en apariencia.


En lugar de ello la crisis se ha introducido como forma de gobierno (realidad denunciada por el Presidente Obama) en un sistema bipartidista quebrado y desacreditado frente a un número importante de ciudadanos.


Sin embargo, en el ritmo de esa inercia autodestructiva, los mercados bursátiles seguirán no bajarán sustantivamente (todos subieron con la postergación y el DOW no bajó de los 15 mil puntos). Pero la incertidumbre corroerá la paciencia de los acreedores (como China y Japón).


Los únicos ganadores quizás sean los especuladores monetarios y bursátiles que ganarán buen dinero en el interim y algunos inversionistas que, como dice EIU, saldrán en búsqueda de oportunidades en la expectativa (esperanza o fe) de que el problema se arregle y la economía global se recupere en el 2014.


Entre ello no estará el liderazgo norteamericano. Si Estados Unidos difícilmente puede liderar hoy en el campo (la última versión de esta disposición fue liderar “desde atrás”) hoy está cancelando las posibilidades de liderar mediante el ejemplo.


Y frente a la falta de liderazgo económico, la incertidumbre reina, la anarquía se arraiga y el conflicto busca un espacio para estallar. Si esa dinámica se traslada al campo político, el dinamismo diplomático que hoy vemos en escenario calientes (Irán, Siria, etc) bien puede revertirse.


En cualquier caso, las previsiones que los demás tomen para cubrir el vacío norteamericano en estos meses agregará capacidades en ellos dinamizando el tránsito desordenado hacia la multipolaridad que, además, seguirá fraccionada entre lo económico y lo político-militar.


Así, la presunción kissingeriana de recuperar en ese proceso la unidad del poder político y económico en los sujetos relevantes será postergrada: los agentes económicos que padecen la crisis pueden seguir debilitándose erosionando la red de interdependencia global y los políticos emergentes adquiriendo más poder. El sistema internacional que se está formando no será sólido si sigue este paso.


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