• Alejandro Deustua

Estados Unidos: Mejora en el Déficit Fiscal, No en la Deuda

Frente a un horizonte de lento crecimiento, Estados Unidos se apresta a reducir la incertidumbre minimizando el riesgo de la debilidad de sus fundamentos.


Después de todo, uno de ellos –el déficit fiscal- no parece tan fuera de control según el Congressional Budget Office (CBO) (1).


La deuda, en cambio, es un factor de mayor preocupación aunque el intento de gobernarla está en marcha de una manera sui generis. Frente a la saturación del techo de endeudamiento que genera parálisis en el pago de obligaciones y compromisos de gasto, de un lado, y la incapacidad de un entendimiento entre el Ejecutivo y el Congreso, del otro, el Presidente Obama ha planteado hacerse cargo. Al respecto remitiría un proyecto al Legislativo estableciendo la responsabilidad del Ejecutivo sobre la materia. Si éste no aprobase la iniciativa que cambia una práctica que data de 1917, entonces el Presidente vetaría la decisión parlamentaria y el Congreso requeriría entonces dos tercios para anular ese veto.


Si el Presidente logra su cometido la incertidumbre derivada del control Legislativo de la limitación del endeudamiento se atenuaría….pero el problema de la magnitud de la deuda seguiría siendo un espada de Damocles que pende sobre la primera economía del mundo (por lo pronto, sus costos ya han subido al perder Estados Unidos el status AAA a manos de algunas calificadoras que contribuyeron a crear la crisis de los derivados).


La buena noticia en esta compleja historia se origina en el reporte del CBO que establece que el déficit fiscal ha venido reduciéndose con perspectivas a la baja. En el 2012 el déficit se redujo a -7% y, bajo el marco legislativo vigente, caerá este año a -5.3% hasta llegar a -2.5% en 2015 para repuntar de allí en adelante hasta -3.8% en 2023.


El anuncio, siempre revisable, no da para festejos. Pero si se considera que los márgenes de manejo del déficit están generalmente dentro de los linderos de -3%, el déficit fiscal norteamericano parece estar ingresando a parámetros de menor riesgo. Este panorama no tiene la dimensión griega que había sugerido un consenso hasta hace poco en formación (Krugman).


Ahora falta explicar cómo es que esta reducción de pasivos a US$ 845 miles de millones (que, siendo un monto históricamente alto, es el menor desde 2008) se ha realizado en ausencia de consenso bipartidista. Y si, al respecto, ha habido información inadecuada de cara a la superación en diciembre del “abismo fiscal” (aunque su tratamiento sólo ha sido postergado para marzo). El anuncio de una reducción del gasto del orden US$ 1.4 trillones en los últimos años por el Presidente Obama es sólo parte de la explicación. Especialmente porque el CBO había reportado un incremento del gasto y reducción de ingresos por nada menos que US$ 4 trillones entre 2013 y 2022 como producto del arreglo decembrino (la respuesta eventual es que ese anuncio no ha sido aún contabilizado).


Es más, la noticia sobre la reducción proporcional del déficit (que debiera devolver algo de confianza a la recuperación norteamericana), no está cerca de consolidar esta cualidad. En efecto, el lento crecimiento (2.3% en 2012, 2% en 2013 y 3% % en 2014 según el FMI aunque la recuperación podría remontar a 3.4%-3.6% entre 2014y 2018 según el CBO) está por debajo del potencial y va de la mano, en el corto y mediano plazo, con altos niveles de desempleo (7.8% en 2012, 8% en 2013) aunque un horizonte más promisorio de 5.5% se presenta para el período 2015 -2018.


La consecuencia política de esta estadística es que el ajuste radical no es necesario en Estados Unidos (al confirmarse su punto de vista, Krugman acaba de resaltarlo).


Pero la situación de la deuda de la primera potencia es bien diferente. Según el CBO, el total de la deuda norteamericana a noviembre de 2012 era de US$ 16.279 trillones. En las inmediaciones del techo de US$ 16.394 trillones) ya superaba el 100% del PBI (US$ 15.8 trillones).


Ésta se descompone en deuda retenida por el público (bonos del Tesoro que son transables) equivalente a US$ 11.5 trillones y deuda interna (US$ 4.8 trillones que, representando compromisos de gasto y financiamiento, no es transable). Según el CBO la primera representa 76.3% del PBI (el más alto nivel en las últimas cuatro décadas). Este nivel se mantendrá más o menos estable hasta el 2023 (77% del PBI). Ello demandará pago de intereses crecientes, situación que contrae el stock de capital y tiende a contraer los salarios. Tal situación contribuye a desestimular el consumo y el ahorro relativo a los estándares normales.


Esta situación no se compensa por el privilegio norteamericano de ser emisor de la moneda de reserva predominante ni con el señoreaje correspondiente. Y tampoco por ser un libérrimo emisor de bonos cuando su tenencia resulta también en un instrumento de presión (China) y cuyos rendimientos pueden incrementarse si el riesgo de la economía norteamericana crece por dudas sobre su capacidad de pago, exagerado financiamiento artificial de su economía (la extraordinaria liquidez que crea el estímulo monetario tiene riesgos que demandarán eventual retiro de circulante) u otro motivo financiero.


Por lo demás, si la deuda norteamericana expresada en bonos del Tesoro es un activo de refugio, la exageración de sus efectos puede contribuir a crear un clima propicio a la versión “exuberante” de sobrevaluación de otros activos (como puede estar ocurriendo nuevamente en el mercado bursátil neoyorquino).


En un escenario de lento crecimiento marcado por las debilidades de las economías europeas y norteamericana, la mejora fiscal que registra el CBO no cambia la realidad de que las economías que más contribuyan al crecimiento global seguirán siendo las emergentes hasta que Estados Unidos crezca de acuerdo a su potencial (el factor europeo sigue siendo un imponderable mayor).


De otro lado, es evidente que los países latinoamericanos, como el resto del mundo, se beneficiarán de una mejora, aunque fuera parcial, de los fundamentos económicos norteamericanos. Pero frente a sus desequilibrios persistentes (y la subyacente indisposición bipartidista a mejorarlos sustantivamente) los países latinoamericanos con mejores fundamentos estarán más seguros y mejorarán su participación global si persisten en las políticas responsables que tanto los ha beneficiado hasta hoy.



CBO: The Budget and Economic Outlook: Fiscal Years 2013 to 2023.


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