• Alejandro Deustua

Esfuerzo de Media Montaña

La 8ª cumbre de las Américas ha iniciado un cambio cultural en la lucha contra la corrupción, reiterado preocupaciones sobre Venezuela de menos del 50% de los asistentes y expresado singulares intereses nacionales en su desarrollo.


El Secretario General de la OEA subrayó lo primero indicando que el Compromiso de Lima muestra un cambio psicológico y de comportamiento frente a la corrupción equivalente al proceso de arraigo de los derechos humanos en la dirigencia política americana.


No le faltó razón al Sr. Almagro. Menos cuando el shock que vive el continente luego de la mafiosa ofensiva de empresas brasileñas sobre empresas y políticos del área predispuestos a alquilarse y a disfrutar de utilidades de pandilla, despertara el rechazo colectivo.


Sin embargo debe recordarse la Cumbre ofertó medidas concretas de respuesta y lo que ha producido son pautas normativas. Éstas no son necesariamente originales (algunas están referidas a convenios multilaterales vigentes) y son dependientes de cada Estado. Mucho está librado, por tanto, a la voluntad de cooperar (lo que está bien) pero sin la presencia de un instrumento coercitivo más o menos comunitario (lo que está mal).


Por lo demás, nada se dice de las condiciones del mercado regional (sea el informal para lo pequeño, sea el oligopólico para lo grande) ni su vínculo con el crimen organizado.


Ello no obstante el “compromiso” (no un régimen ad hoc) es un buen avance.


En cambio, la “declaración” sobre Venezuela es un paso atrás. Luego de la inicial Declaración de Lima en agosto pasado y de otras reuniones, el documento emitido en el ámbito de la Cumbre sólo refleja llamados de atención (elecciones libres), exhortaciones (a la ONU, OEA y la comunidad internacional sobre asistencia humanitaria y democracia), preocupaciones (por el éxodo venezolano) y apoyos (a la Asamblea Nacional).


No sólo los suscriptores no se han ampliado lo suficiente (de los 12 originales a los 16 de hoy entre 35 Estados) sino que éstos no han dispuesto medidas eficaces, ni sanciones económicas ni políticas, quizás rendidos al “temor intervencionista”, a la falta de consenso regional o eventualmente esperanzados en el cambio de actitud del próximo gobierno cubano o que la hiperinflación juegue su rol tumbador en Venezuela. Así, la “declaración” parece más bien un retroceso que no puede esconderse en el veto a la presencia de Maduro en la Cumbre.


Finalmente, ésta dejó ver que los intereses nacionales primarios siguen estando por encima de las formalidades de la reunión (como debe ser). Así, el Presidente del Perú valoró la plena concurrencia como reconocimiento y legitimación internacional de su gobierno. El Presidente Moreno regresó al Ecuador a atender las repercusiones del asesinato de periodistas de su país por las FARC. Y el Presidente Trump se quedó en la Casa Blanca en la víspera de la represalia misilera a Siria.


En lo multilateral, el sistema interamericano se ha tonificado con un “compromiso” sobre una materia que ingresó a su agenda en 1996.


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