• Alejandro Deustua

El Término de la Gestión del Presidente Bush

El presidente norteamericano con menor aprobación en tres décadas culmina su gobierno con no poco que mostrar: una crisis económica sistémica luego de 52 meses de fuerte crecimiento, un país amenazado pero sin ataques terroristas desde el 2001 y un mundo sin conflictos fundamentales entre grandes potencias a pesar de su creciente desorden.


Durante el ciclo expansivo norteamericano, la economía global creció extraordinariamente facilitando el ascenso de potencias emergentes y una menos precaria, pero muy desigual, inserción del resto al sistema. Durante el primer gobierno de Bush el consenso democrático y de libre mercado se extendió y la cooperación antiterrorista alcanzó inéditos niveles.


Por lo demás, ese gobierno logró con el Perú una aproximación importante en materia política (convergencia y confianza), económica (el TLC) y de seguridad (la lucha contra el narcoterrorismo) aunque ese vínculo fue insuficiente para identificarlo entre los logros de aquel gobierno.


Sin embargo, el 43 presidente norteamericano culmina envuelto en la peor crisis económica de la postguerra, una situación de seguridad global incierta, la erosión del posicionamiento de Estados Unidos en el mundo y el consecuente debilitamiento de su liderazgo.


A este resultado contribuyó, sin duda, la inercia de fuerzas sistémicas que no encuentran un equilibrio desde el fin de la Guerra Fría. A ello contribuyó el exceso de confianza en las capacidades de la administración Bush.


Ese exceso se mostró en la conducción inicial de la segunda guerra de Irak, cuyos prolegómenos no pudieron ser controlados por el sistema de seguridad colectiva de la ONU. Ello puso en cuestión la capacidad de realización del poder norteamericano y de sus aliados.


Aunque la guerra pueda ser ganada con un Irak democrático, el costo ha sido extremo con el agregado de que éste no ha logrado controlar la volatilidad del conflicto regional por excelencia (el palestino-israelí) mientras otros explotan.


Cuando prevaleció la moderación, la aproximación a amenazas de Estados de hostilidad extrema pudo lograr avances parciales (Corea del Norte) o vías de trato (Irán). Con otros tuvo éxito pleno (Libia, India) o complejos modus operandi (China, Rusia). Y aunque la lucha contra el terrorismo midió sus logros por lo que no ocurrió, un socio principal –el Reino Unido- ha roto el consenso básico sobre el concepto de “guerra” contra esa amenaza global. De la misma forma, el convincente esfuerzo en no proliferación nuclear ha generado disputas eurasiáticas por despliegue de armas contra la amenaza nuclear.


En el lado económico, el exceso de confianza gubernamental acompañó a la “exuberancia irracional” privada. Desoyendo las advertencias sobre el riesgo de la burbuja hipotecaria, entre otros, ésta estalló llevándose de encuentro no sólo activos, sino la confianza en los mercados y la capacidad de gestión de la superpotencia. Bush termina su gestión luchando por recuperarla, pero será Obama quien, esperamos, tenga éxito en el empeño.


En América Latina los logros mayores son la red de TLC alcanzados con los países del Pacífico Latinoamericano y los vínculos especiales con México, Colombia y Brasil. Aunque la fragmentación regional no es atribuible a Bush, el deterioro de la credibilidad de la primera potencia ciertamente ha influido. Esa credibilidad tiene que ser recuperada.



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