• Alejandro Deustua

El Perú y el Riesgo del Entorno Económico

El debate electoral no sólo no ha tomado suficientemente en cuenta las disfunciones internas que presentan las candidaturas en contienda (Ipsos encuentra resistencias ciudadanas en el rango del 40%) sino que ha insistido en desatender los problemas que presenta el contexto internacional.


Si bien los factores que normalmente deciden una contienda electoral en países con escasa influencia global suelen ser esencialmente internos, no interesarse, por razones tácticas, en los obstáculos del entorno económico no parece lo más prudente. Y menos cuando, a diferencia de lo que sostiene el G8, el contexto internacional tiende al deterioro. Al respecto debe destacarse que la ONU acaba de revisar hacia abajo el crecimiento global de este año y el próximo (3.1% y 3.5%, respectivamente según el reporte de Situación y Perspectivas de la Economía Mundial en el 2011). Este declive de la perfomance será acompañada este año por una disminución de la tasa de crecimiento del comercio internacional de 10.5% en el 2010 a 6.5% el 2011.


Teniendo en cuenta que la causa principal de esta desaceleración es la debilidad del dinamismo de los países desarrollados, la cuestión principal sigue siendo la de la capacidad de las economías emergentes de seguir desempeñando el rol de locomotoras de la perfomance mundial.


La ONU no responde a ese interrogante pero los hechos recientes sí: la desaceleración en China ya empezó. Aunque la tasa de crecimiento de esa potencia se mantiene alta, las medidas antinflacionarias están cumpliendo allí su cometido y su resultado es la contención de la perfomance. Si hoy ésta se mantiene en el rango del 9% no son escasas las proyecciones que afirman un desempeño de 7% en el largo plazo.


Por lo demás, a la luz de la preocupación de las potencias emergentes por el riesgo inflacionario (que según la ONU, es menor), se puede sostener que los países en desarrollo se acomodarán a menores niveles de crecimiento en los próximos dos años.


Ello retroalimentará la debilidad del crecimiento de los países desarrollados que no necesitan de estímulo externo adicional para ingresar al área de riesgo recesivo (los casos europeo y japonés y del insuficiente desempeño norteamericano).


Las elecciones se desarrollarán en el Perú en ese marco destacado además por la fuerte caída en la creación de empleo en la primera potencia (ésta registró en mayo apenas 54 mil nuevos empleos en contraste con los 232 mil en abril).


La consecuente caída del Dow Jones (en los alrededores del 2%) ha llevado a replantear las posibilidades de mayor flexibilidad monetaria cuando el debate sobre el control del déficit fiscal norteamericano está venenosamente empantanado y el techo del endeudamiento ha volado. El riesgo de default consecuente (que algunos consideran intrascendente) ha motivado, sin embargo, la advertencia de una eventual degradación de la deuda norteamericana por alguna calificadora.


Ello ocurre en un escenario en el que los precios de las viviendas siguen cayendo y el poder de compra de los consumidores ha crecido en términos reales apenas 2.2% según The Economist. Aunque algunos esperan una mejoría, el hecho es que, según esa fuente, la proyección de crecimiento de diciembre para el 2011 (entre 3% y 4%) ha caído a 2.6% acentuando la fragilidad de la recuperación norteamericana que destaca, además, por su extremada prolongación. Ciertamente ello no ayuda a la mejora del ambiente económico global. Y menos si la recuperación japonesa está atrapada por la consecuencia de los desastres naturales, la europea por los riesgos de contagio que implica el problema de la deuda griega, irlandesa y portuguesa a lo que se suma la reciente contracción australiana (-1.2%, cuya dimensión no se registraba desde principios de la década de los 90).


A este escenario de preocupante fragilidad, concurren los riesgos derivados de la rigidez crediticia en los países desarrollados, de la inestabilidad cambiaria entre las monedas que componen las canastas de reservas nacionales y de las tensiones resultantes de las tendencias a la subvaluación que pretende mantener la competitividad de las economías correspondientes.


Por lo demás, la posibilidad de que el ajuste fiscal y monetario en esas economías pueda exceder los requerimientos de una disciplina sensata presenta el riesgo adicional de que del escaso crecimiento se pase a una nueva recesión. Krugman, alerta a este peligro, acaba de anunciar al respecto que, en su opinión, Estados Unidos y sus socios ya cometieron el mismo error de 1937: ajustar antes de tiempo. De allí que la ONU recomiende hoy políticas prudente y coordinadamente expansivas.


El Perú, que acaba de ajustar hacia abajo su proyección de crecimiento para este año a 6%, debe estar atento a esta grave problemática. Si bien el riesgo inflacionario es menor, existen otros provenientes del entorno que el próximo gobierno deberá prevenir. Estos van desde un deterioro de las exportaciones y de la tendencia a la apreciación monetaria por incremento de los flujos financieros de corto plazo que buscan mejores rendimientos, hasta un crecimiento por debajo del potencial que pondrá límites a las necesidades de gasto e inversión social. Si bien es cierto, que la disciplina de la política económica y la fortaleza de la demanda interna peruanas han reducido la vulnerabilidad a la crisis internacional del 2007-2009, ésta no es insensible a las posibilidades de nuevos shocks externos. Quien resulte elegido deberá confrontar este panorama con la máxima responsabilidad si desea que el Perú siga siendo una economía próspera e internacionalmente respetada. Las simples alusiones al optimismo no bastan al respecto.


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