• Alejandro Deustua

El Perú Frente al Deterioro del Entorno Económico

El Marco Macroeconómico Multianual 2008-2010, que señala el derrotero económico del gobierno, señala un tipo de cambio de 3.16 nuevos soles por dólar y una inflación de 2% para el próximo año. Sin embargo, el tipo de cambio se proyecta hoy a 3 soles y la inflación acumulada ya superaría el límite superior de 3% establecida por el MMM 2007-2009 (que señala también un límite inferior de 1%). Por tanto, el estimado de 2% podría estar en cuestión de no mediar políticas correctivas de mayor envergadura.


A pesar de la disciplina con que se conduce la política monetaria y fiscal del país, he allí impactos concretos en la economía real de la volatilidad externa que empezó afectando los precios del mercado bursátil y elevó considerablemente el riesgo país y el riesgo región.


Esa anomalía traduce un dilema central de política económica en las potencias mayores. De un lado, a la luz de la crisis hipotecaria y la contracción de crédito, éstas deberían inclinarse claramente por la rebaja de las tasas de interés referencial. De otro lado, sin embargo, las presiones inflacionarias inducidas, en parte, por el alto precio del petróleo y de los alimentos (y por la devaluación del dólar en Estados Unidos) complica esa rebaja. Ello explica la divergencia de política entre Estados Unidos y la Unión Europea: mientras el FED ya rebajó las tasas de referencia, el Banco Central Europeo las mantuvo. Ahora resta ver qué harán frente a las presiones por mayor flexibilidad.


Ese mismo dilema afecta hoy al Banco Central de Reserva del Perú. Por ejemplo, frente a la devaluación del dólar y la apreciación del sol, el Banco ha intervenido en el mercado cambiario comprando la divisa americana en cantidades superiores a las de todo el año pasado. Sin embargo, según analistas locales, el Banco no está intentando contener la apreciación sino graduarla teniendo en cuenta que ésta es una forma de contener la inflación sin tener que incrementar las tasas de interés y restringir fuertemente la oferta monetaria.


En efecto, la lógica indica que al apreciarse el sol, las importaciones se incrementan generando mayor competencia y, por lo tanto, se contiene el aumento de precios sin recurrir a movimientos políticos de la tasa de interés. Pero ello tiene un costo: genera problemas de competitividad para las exportaciones y reclamos de los gremios del sector quienes reportan pérdidas millonarias por menores ingresos por la colocación de sus productos (Sin embargo, a ello el gobierno responde aduciendo correctamente que los exportadores han ganado competitividad en otros mercados, como el europeo cuya moneda se ha apreciado fuertemente. Y quizás faltó decir que la apreciación del sol ocurre en el marco de la devaluación del dólar cuyo ámbito de incidencia es en la región prevaleciente).


Por lo demás, un fuerte factor inflacionario, como el precio del petróleo, no se abate. Es más, los miembros de la OPEP consideran que en tantos su precios se establecen en dólares y éstos continúan devaluándose, sus márgenes se empequeñecen reimpulsando los precios hacia arriba (al respecto, el Presidente Chávez ya ha hecho público su deseo de un baril de US$ 100).


A ello debe agregarse la disposición de los grandes acumuladores de dólares petroleros a desprenderse de la divisa norteamericana para adquirir otras. Ello soltará al mercado aún más dólares que, frente a un crecimiento menor, alimentará la inflación global. En esa misma dirección apuntan los fondos de inversión creados por China que ha separado US$ 200 mil millones de sus US$ 1400 billones de reservas para, a través de un fondo (China Investment Corporation), adquirir otros activos. Al respecto hay que recordar que China ya ha esgrimido una posible venta de bonos del Tesoro norteamericano como arma económica frente a la presión norteamericana para que revalúe su moneda e incremente el consumo interno.


Si esas inversiones no son bien colocadas, estimularán la inflación después de abrir el camino a que otros países procedan en consecuencia. Y China no está precisamente ausente del riesgo inflacionario. Según The Economist, en agosto la inflación subió a 6.35% cuando a principios de año se mantenía en 1.3% debido, entre otros factores, al incremento del precio de los alimentos. Aunque, como reacción, China haya congelado los precios de ciertos servicios básicos, es claro que el impacto de la inflación en ese gran mercado no sólo señala la dimensión global del problema sino que éste puede erosionar los fundamentos de uno de los motores alternativos de crecimiento mundial.


Por lo demás, aunque The Economist sostenga que el impacto inflacionario de los alimentos en China no se debe a un incremento de la demanda de ese mercado sino de los precios mundiales, el hecho es que ese crecimiento no se explica sin un efectivo crecimiento de la demanda o de los costos globales. En efecto, según el Wall Street Journal, existe un fuerte crecimiento de la demanda global registrada por la bolsa de Chicago desde hace un año. En tanto ésta será sostenida porque proviene de consumidores ya establecidos que han incrementado su poder de compra, el alza probablemente no se revertirá. Al respecto, algunos analistas estiman el crecimiento del precio de los alimentos en Estados Unidos para este año en el orden de 4.5% y 5%.


Ello puede beneficiar a nuestros agroexportadores, pero ciertamente no a moderar la inflación en un país que, como el Perú, importa alimentos básicos (trigo, maíz, etc.).


Aunque el Perú sea aún un país económicamente disciplinado ello no lo margina de un nuevo posible shock que ya muestra una nueva vulnerabilidad. Como tampoco sucede con Chile donde la inflación acumula este año 6.2% según el Miami Herald.


Y si esto ocurre con las economías disciplinadas en Suramérica, el impacto inflacionario en las que no lo son debe ser evidente mayor. Así, en Argentina la oposición pronostica para el próximo año una inflación superior al 20% y en Venezuela, país donde el gasto público no parece tener los controles de los que no se benefician de la bonanza petrolera, la inflación se aproximaba a 17% en julio (el Presidente Chávez dispuso al respecto una reforma monetaria que elimine tres ceros a la moneda local).


A pesar de que la proyección de crecimiento de la economía nacional es alta (en torno al 6% el próximo año y al 7% el subsiguiente), el Perú debe prepararse para una evolución no demasiado positiva del escenario global. Éste ya no está afectado sólo por la volatilidad del mercado financiero sino por distorsiones de la economía real. Nuestra respuesta de política económica, aún sustentada en buenos fundamentos, ya no podrá ser unidimensional sino compleja.



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