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  • Alejandro Deustua

El Perú en la 61ª. Asamblea General de la ONU

27 de Setiembre de 2006



La presentación del Canciller ante la 61ª. Asamblea General de la ONU ha sido, como corresponde a la necesaria redundancia, típicamente multilateral: no ha incluido contenciosos bilaterales o regionales, se ha fundamentado en valores internacionalmente compartidos, ha señalado intereses nacionales complementarios con los comunitarios, ha planteado algunas soluciones de largo plazo para problemas inmediatos y ha señalado algunos de los problemas internacionales fundamental, a juicio del Perú.


Y aunque no ha expuesto el conjunto de la política multilateral (el tiempo debe repartirse con los casi 200 miembros de la ONU) se ha distanciado, en estilo y sustancia de ponencias tan circenses, autodestructivas y perniciosas para Suramérica como la del señor Chávez.


Aunque fuera sólo por esta última cualidad, la presentación del Canciller que, desde una perspectiva liberal, atendió problemas del desarrollo, la seguridad y los desafíos globales, debiera ser bienvenida.


Pero si consideramos cada tema expuesto de manera necesariamente genérica por las circunstancias se debe señalar que su enfoque fue innecesariamente reduccionista en algunos casos (el problema del desarrollo), extremadamente amplio en otros (la dualidad integración-fragmentación como defecto del multilateralismo y de la globalización) y ausente de decisión concreta en otros que la requerían precisión (p.e. la amenaza del narcotráfico). En el campo del desarrollo el Canciller señaló que la prioridad central de la política exterior es el combate de la pobreza, la que deber combatirse con políticas internas en el marco de la integración y de la concertación. En este acápite, el Canciller aceptó que, además de las medidas locales, la aproximación a los lejanos Objetivo del Milenio eran un requerimiento fundamental.


Sobre el particular diremos que no pareció acertado persistir en confundir el problema genérico del desarrollo con el específico de la pobreza aunque ésta merezca atención prioritaria. El hecho que los organismos multilaterales hayan caído en este error hace tiempo no justifica persistir en ese consenso equivocado que nos aleja del trato adecuado del financiamiento indispensable (hoy día mayor), la canalización de flujos de inversión (que no reconocen el esfuerzo latinoamericano en beneficio asiático), la reorientación de las negociaciones económicas multilaterales (secuestradas por el problema de los subsidios agrícolas y ausentes de una mejor aplicación del trato diferenciado en los demás sectores), entre otros. En el campo de la seguridad, diremos que las amenazas globales no son todas las amenazas y que un mejor trato de los conflictos regionales (como el del Medio Oriente) mereció una mejor aproximación (especialmente si el Perú está intensificando su participación en misiones de mantenimiento de paz y reconstrucción post-conflicto). Como atenuante diremos que el Canciller atendió este problema en otro momento. Y si entre las amenazas globales se señaló con corrección el compromiso nacional en la lucha contra el narcotráfico, la indicación resultó frágil porque la realidad local de ese desafío mayor es que ésta ha avanzado, que sus representantes ya tienen voz y voto en el Congreso, que éstos desafían al Estado (la amenaza de presentar “muertos y heridos” de la congresista Obregón), que sus militantes progresan en la búsqueda de una ideología de cobertura (el neoindigenismo “a la” boliviana) y que el Estado ha respondido contribuyendo a las demandas de “despenalización” (extraer a la hoja de coca de la lista I del convenio de Viena de 1961). Frente a este problema la renovada propuesta de una cumbre antidrogas con Estados Unidos y la Unión Europea (San Antonio II) resultó, dentro de su probable necesidad, precaria. Y en lo que compete a la amenaza del terrorismo el anuncio de que el Perú apoya la Estrategia de la ONU para la Lucha contra el Terrorismo (aún un proyecto de Resolución) ciertamente fue necesario. Pero hubiera sido aún más interesante que la comunidad internacional escuchara del Canciller lo que el Perú piensa hacer en la lucha regional y local contra ese flagelo cuyo centro de actividades tiene una frontera con nuestro territorio amazónico y socios dispuestos en algunos vecinos y en potencias occidentales. En el acápite institucional, la necesaria mención a la integración regional como prioridad política sin mencionar la seria crisis que la aqueja no fue un acierto y pudo parecer más un manifiesto ideológico. Por lo demás, el Canciller debió señalar que los problemas económicos que están en la base de los problemas que trata el Consejo de Seguridad merecen el fortalecimiento de las instituciones multilaterales correspondientes (desde la UNCTAD hasta el Banco Mundial). La propuesta de que éstos sean también parte de la atención del Consejo teniendo en cuenta su carácter integral puede haber sido excesiva cuando se pretende reformar la membresía de esa instancia.


Finalmente, la alusión a la problemática dual de la globalización (la díada integración-fragmentación) debió ser aludida como un diagnóstico comunitario antes que nacional a la luz de su antigüedad y de su amplio consenso. La referencia principal en este acápite debió centrase en la necesidad de fortalecer al Estado dado que su erosión, como producto de la denominada globalización, está en su centro. De cualquier manera, frente a la ausencia de una presentación completa de nuestra política exterior por el gobierno aprista, la presentación del canciller ante la Asamblea General de la ONU nos muestra un derrotero multilateral que ciertamente no está despistado y que, felizmente, contrasta con las anacrónica utopías de ciertos vecinos.

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